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Las áreas más afectadas por los
ataques se sitúan en el sur del país, en especial en la ciudad costera de Tiro,
unos 80 kilómetros al sur de Beirut.
Los observadores, corresponsales y
testigos citados por agencias dan cuenta de que el país está destruido, sin luz,
sin agua, con carreteras cortadas, con puentes destruidos, medio ambiente
afectado por los explosivos, la gente huyendo desesperada, en tanto que Beirut,
la capital, se encuentra aislada, con sectores demolidos, a oscuras, y con
decenas de cadáveres sepultados bajo los escombros.
Sobre este país fantasma, testigo
elocuente de la complicidad internacional con el genocidio de una potencia
demente y asesina, los aviones israelíes aumentaron su nivel de poder
destructivo a niveles que asombran a los analistas y organizaciones
internacionales que se encuentran sobre el terreno.
Las interpretaciones y análisis son
coincidentes: el alto mando israelí, incapaz de derrotar por vía terrestre y
neutralizar los cohetes de Hezbolá (y el alto impacto psicológico de terror que
producen en todo Israel), ha decidido lanzar una masiva operación de "terror
aéreo" orientada a quebrar el apoyo social a Hezbolá y a producir una fisura
entre el gobierno de Líbano y esta organización que ha tomado la defensa activa
de su país invadido y masacrado por las fuerzas judías.
Israel, su gobierno, sus fuerzas
armadas, están cometiendo un crimen de lesa humanidad, un genocidio
masivo en grados de impunidad como nunca se ha visto, desde el aire, a la luz
del día, sin que nadie levante un dedo para detenerlo.
La mayoría de los observadores
-incluidos árabes y occidentales- coinciiden en que la infantería y los tanques
israelíes no han podido, en dos semanas de ataque, sobrepasar las líneas
defensivas de la guerrilla libanesa dotada de un sistema de túneles
interconectados, refugios subterráneos, que le permite eludir los misiles
israelíes y atacar y emboscar por sorpresa a las formaciones de comandos y
blindados dotados de un inmenso poder de fuego.
Las estimaciones coinciden -a pesar
de que el mando israelí no informa de sus muertos- en que las tropas judías ya
han perdido más de 50 soldados y sus heridos suman decenas, sin conseguir
su objetivo de máxima: destruir la capacidad operativa de Hezbolá.
Para huir de esa ratonera, y para
poner fin al terror de los Katiusha golpeando sus ciudades, y para imponer un
alto el fuego "honroso" en el Consejo de Seguridad, el alto mando israelí, con
la complicidad manifiesta de EEUU, ha puesto en marcha un mecanismo de "huir
atacando".
Lo que quiere decir, en la
imposibilidad de conseguir una victoria militar terrestre sobre Hezbolá,
ejecutar desde el aire (donde es impune) una destrucción masiva para presionar
un alto el fuego en términos que favorezcan a un repliegue honroso de sus
tropas, sin reconocer su derrota en el campo terrestre.
Esta, en síntesis, es la explicación
de porqué, este sábado, Israel decidió demoler Líbano.
Y lo está haciendo, sin que nadie lo
detenga,