guerrilla
de Hezbolá aceptara un repliegue (o
la orden emanada del Consejo de Seguridad), situación que sus dirigentes y voceros ya han descartado de plano.
Algo de eso habla la halcona negra
del lobby norteamericano, Condoleezza Rice, cuando anuncia una "próxima
solución" (un plan C) en el Consejo de Seguridad donde la dupla judeo-norteamericana,
junto con su aliado Blair, impondrían el plan, después de haber vetado y boicoteado todas las condenas y
denuncias que se presentaron contra Israel por su masacre en Líbano.
Hoy en Israel se cuenta con una
certeza: es imposible una salida que tenga como centro la destrucción y la
derrota militar y política de Hezbolá, lo que demuestra a su vez que el
Estado judeo-sionista ya tiene perdida la batalla por los objetivos de máxima
que guiaron la operación de invasión militar.
|
 |
|
Un soldado israelí en la frontera
israelí con el Líbano. (Foto:AFP) |
Como ya dijimos, hoy la aspiración
de los jefes sionistas (tanto halcones como moderados) pasa por conseguir un
"repliegue" honroso de sus tropas y tanques para exhibir su huída
de la
ratonera libanesa, peligrosamente parecida al Irak y al Vietnam de EEUU, como si
fuera un triunfo.
Los efectos del fracaso y de la
extensión en el tiempo de los bombardeos y de la invasión terrestre, detonaron
una explosiva situación de rechazo a la "guerra" en Israel, situación que
precipitó una crisis política en el establishment gobernante de Tel Aviv
expresado en una guerra interna por el control de las decisiones miltares entre
los halcones y los moderados.
Para los expertos queda claro que,
ante la derrota militar inocultable, los militares y políticos sionistas
necesitan una victoria mediática, táctica y coyuntural, sobre Hezbolá,
como base para negociar en la ONU, donde Europa y Rusia endurecieron sus
posiciones respecto de Israel.
En esa línea, el miércoles, se
lanzó una operación militar relámpago con comandos de elite judíos cuya misión
se orientaba a dar un golpe espectacular matando y capturando a la mayor cantidad de
jefes y combatientes de la guerrilla.
La operación resultó un fracaso,
ya que por la tarde las agencias internacionales y la TV árabe informaban que
después de los feroces combates durante la madrugada y el día, los comandos sólo
habían conseguido la captura de cinco combatientes de menor jerarquía, sufriendo un
duro revés militar con seis soldados muertos y decenas de heridos.
A eso se agregaron, a modo de
efecto psicológico, las decenas de cohetes que la resistencia guerrillera
lanzó sobre varias ciudades del norte de Israel atizando la psicosis de miedo en
la población de todo Israel.
El miércoles, en una entrevista concedida al diario Clarín, Walid Sukariye, ex vicecomandante del
estado mayor libanés hasta el 2002 y entrenado en Estados Unidos y Siria,
dijo que "Israel
necesita mostrar algún logro para negociar".
"Los israelíes deben conseguir una
victoria militarmente mediática para poder negociar cuando el Consejo de
Seguridad se reúna y ordene el alto al fuego, si quieren que la ONU envíe una fuerza
internacional al sur del Líbano para desarmar a la milicia de Hezbolá. Por eso
realizaron las operaciones en Baalbeck y los feroces combates en el sur, para
construir una provisoria "zona de seguridad", precisó el militar libanés.
Según Walid Sukariye, cuando la
"guerra" (notar que dice guerra y no invasión) comenzó, Israel no quería hacer
una operación terrestre. Querían usar su superioridad aérea para destruir las
plataformas de misiles de Hezbolá y hacerle perder su capacidad de atacar
Israel.
En informes anteriores,
IAR
Noticias había señalado que en el Plan A militar solo se contemplaba, en su
primera fase, una destrucción sistemática de los búnkeres, logística y centros
operacionales de Hezbolá, para debilitar al máximo a la guerrilla en el centro, norte y sur, antes
de lanzar una operación terrestre relámpago con tanques, infantería y
comandos especiales con el objetivo de terminar de aniquilar la infraestructura y
capacidad operativa de Hezbolá en el sur.
Sin que los bombardeos
consiguiesen su objetivo de destruir blancos de Hezbolá en el centro y en el
norte, la operación terrestre se lanzó hace doce días, pero no
fue relámpago ni exitosa.
Israel ya lleva 22 días de
bombardeo consecutivo, los muertos civiles, según acaba de informar el gobierno
de Líbano, ya ascienden a más de 850, un 30 por ciento niños, y sus
tropas en el sur de Líbano permanecen estancadas y no han conseguido conquistar
ninguna posición que les permita a los halcones de Tel Aviv un triunfo
mediático-militar.
A Israel la presión internacional
y la revulsión social mundial que genera su masacre de civiles en Medio Oriente,
a pesar de ser manipulada, deformada y reducida en su comprensión por las
grandes cadenas mediáticas, le está produciendo una erosión acelerada de susmitos construidos
alrededor del Holocausto y del "antisemitismo".
Les va ser muy difícil a las
organizaciones y colectividades judías diseminadas por el planeta, después de
ignorar, silenciar y consentir el genocidio del pueblo libanés, levantar su
dedo acusador de "antisemitismo" contra las voces criticas que
surgen para cuestionar el ahora holocausto de los pueblos palestino y libanés
producido por los aviones y misiless israelíes.
Como ya están señalando algunos
expertos intuitivos: el antes y el después de Israel en Líbano, no anuncia
nada bueno para el proyecto sionista que guía a los militares y dirigentes
del Estado judío que creció a la sombra del Holocausto y del mito de la raza
perseguida.
Y en este escenario de derrota
militar y moral, y como dijimos en anteriores informes, la variable tiempo
para Israel y Hezbolá, es directamente proporcional.
Más horas pasan sin que la
maquinaria militar judía consiga un resultado para mostrar, más aumentan las
posibilidades de una victoria general de la guerrilla libanesa, tanto en el
plano militar como político. En Líbano se está dando la leyenda de David y
Goliat, pero invertida en Hezbolá como David.
A los halcones militares que
impusieron la impronta de la segunda operación terrestre para golpear a
Hezbolá y conseguir una victoria parcial con pasaporte a un retiro honroso
del campo de batalla, con cada latir del minutero del reloj se le achican los
espacios.
La muerte y la destrucción, como
parte esencial y compulsiva de la victoria militar, es como la publicidad
comercial: hay un momento que "satura" y comienza a jugar en contra de sus
autores.
Para los halcones judíos, obligados a matar más cada día para conseguir sus objetivos, comenzó a correr el tiempo del desgaste y de los vientos en contra, en un escenario internacional y social donde asoma como nunca la hostilidad abierta hacia el mito
"Israel potencia".
Y los aviones, misiles, tanques y
armamentos de última generación, pensados para grandes espacios abiertos,
pierden relevancia, y poco a poco se convierten en inútiles en los espacios
reducidos de una ratonera. Justo donde se encuentran ahora los invasores
sionistas.