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(IAR-Noticias) 10-May-06
Por
Manuel Freytas (*) - manuelfreytas@iarnoticias.com
¿Andan
la CIA y el Mossad armando una guerra civil entre las facciones armadas de Hamás
y Al Fatah enfrentadas por el poder en el seno del gobierno palestino?
La posibilidad -para los expertos- siempre estuvo latente desde que
Hamás ganó las elecciones en enero pasado.
Una guerra civil en Palestina sería
el argumento ideal para una intervención militar justificada como una salida
para para evitar la anarquía y el caos.
La cuestión Palestina, tanto como
Siria, el Libano e Irán son cuestiones estratégicas centrales para el lobby
judío que controla la Casa Blanca, tanto con republicanos como con demócratas.
El triunfo electoral de Hamas produjo
un flanco de debilidad en la estrategia remodelación del Medio Oriente de
los halcones ultraderechistas de Washington y el Pentágono.
Imprevistamente, el demoledor
triunfo electoral de Hamás modificó el tablero y las relaciones de fuerza: Hamás, por imperio de su victoria en las urnas, pasó de ser minoría
"extremista" a "mayoría democrática" en el territorio palestino conquistado
por los tanques israelíes.
En Washington y en Tel Aviv saltaron
todos los tapones: la situación quebraba las reglas establecidas y creaba un
nuevo escenario donde los "malos" (el "terrorismo" de Hamás) pasaban a
ocupar el lugar de los "buenos" (el gobierno de la ANP controlado por Al
Fatah, alumno aplicado y maleable de la estrategia judeo-norteamericana.)
Para muchos medios y analistas
árabes, el abrumante resultado electoral resultó claramente un "castigo del
pueblo palestino" a la condescendencia y sometimiento de Abas (un reconocido
ex agente judeo-norteamericano de la CIA) y de Al Fatah a las reglas impuestas
por el invasor sionista y su protector norteamericano.
Las cadenas mediáticas expandieron el
triunfo de Hamás al mundo, y comenzó la operación de presión internacional para
que Hamás "abandone las armas" y se pliegue a un proceso de convivencia
en paz con su vecino (invasor) israelí.
Con Hamás en el gobierno palestino, y
su decisión de "no negociar" se desmorona la estrategia de dominación que tenía
como actor central a la relación ANP-Al Fatah con el eje Washington-Israel,
que se proyectaba como "modelo a imitar" en todo el espectro del Medio Oriente.
Tal como sucedió en Afganistán y en
Irak (territorios ocupados militarmente) la zaga imperial Bush-Sharon, tras la
muerte de Arafat, llamó a elecciones para "democratizar" al ocupado territorio
palestino, siguiendo la tendencia de colocar a gobiernos títeres
colaboradores de la ocupación, en este caso el de
Mahmud Abas.
Pero la consigna y el método de
presión cocinado de apuro por Washington-Tel Aviv-Europa resultó débil y
de difícil aplicación en un contexto donde Hamás -por imperio de su triunfo
democrático en las urnas- había adquirido la potestad de decidir
soberanamente el rumbo político del Estado palestino.
Algunos medios y analistas en Europa
y en EEUU concluyeron que la elección palestina los metió a Israel, EEUU y
Europa en una "trampa": si presionan demasiado y abiertamente contra
Hamás corren el riesgo de romper las formas de los "procesos democráticos" que
vienen implementando "exitosamente" en los países ocupados, como es el caso de
Irak y Afganistán.
La democracia de ocupación
El proceso "democratizador" se
lanzó en Palestina después de que, en mayo de 2004, y en el marco de la
Operación Arco Iris, que los militares israelíes denominaron de
"limpieza", el ejército sionista de Sharon asesinó a
70 palestinos en tres días de incursión aérea y terrestre
en la región de Rafah, al sur de la franja de Gaza, según estimaciones
palestinas.
Todos los
observadores coincidieron en
que se
trató de uno de los más feroces y sangrientos operativos
que las fuerzas sionistas realizaron en Gaza desde la ocupación de
Israel en 1967.
Esta estrategia de la
"opción militar" sin careta, aplicada al Medio Oriente, comenzó tras
el asesinato de Yassin, el
líder espiritual de Hamás, después que
Bush le diera en Washington luz
verde a Sharon para
iniciar la operación "asesinatos selectivos" proyectada desde Gaza a todo el
territorio palestino, y cuya ejecución debería servir de ejemplo y
escarmiento para los que -de ahora en más- se atrevieran a enfrentarse a la
bota invasora del primer ministro de Israel.
Se
inició la era de los
"asesinatos selectivos"
(ejecutados sin contemplaciones por helicópteros y misiles de última
generación), la caza del
"tiro al pichón"
contra los dirigentes y militantes que se presentaban
como blancos visibles, las demoliciones sistemáticas de viviendas en
Rafah,
masacres humanas sostenidas y diarias cuya impunidad fue posibilitada por
la complicidad de la ONU y los gobiernos europeos.
Concretamente, y en términos estratégicos, se impulsaba una "solución militar
extrema" para luego establecer la "paz" (las elecciones
"democráticas") con un gobierno títere elegido en la urnas, tal como sucedió con
la administración de Abas tras la muerte de Arafat.
Luego de terminar con la vida de
Arafat (todas las hipótesis y estudios médicos sugieren que fue envenenado) el
eje Washington Tel Aviv consiguió -mediante comicios- instalar a su conocido
doble agente, Mahmud Abas,
quien respondía sumisamente al plan de "pacificación" impuesto tras el
exterminio militar.
La nueva estrategia consistía en el
repliegue de las fuerzas israelíes delegando la represión en la policía
"colaboracionista" de Abas, en tanto el ejército israelí -tal como lo hace
el ejército norteamericano en Irak- mantenía su poderío invasor convertido, paradojalmente, en el custodio armado de la "democracia" palestina.
La "paz" forzosa sellada entre el Estado de Israel y la administración palestina
de Mahmud Abas fue frágil y
débil debido a los enfrentamientos que suscitó, tanto entre
los israelíes como del lado palestino donde las organizaciones armadas
encabezadas por Hamás resistían un acuerdo con los ocupantes judíos.
La "tregua" entre Tel Aviv y la
Autoridad Palestina generó una situación ambivalente: por un lado Sharon
reprimía las organizaciones de ultraderecha judías que resistían a un acuerdo
de entrega de Gaza, y por el otro Abas (el histórico doble agente de EEUU e
Israel) mandaba reprimir con la policía palestina a los militantes armados que
intentaban expulsar y atacaban al ejército sionista.
Este statu quo vigente estalló y
saltó por el aire con las elecciones de enero pasado que convirtieron a
Hamás en nuevo gobierno palestino.
La
caída del gobierno de Mahmud Abas
-así coinciden la mayoría de los expertos- rompió los esquemas estratégicos
diseñados por Washington y Tel Aviv para controlar militar y políticamente la
explosiva región del Medio Oriente, cuya columna vertebral es el ataque
militar a Siria.
La operación
"guerra civil"

Tras ganar las elecciones, la organización Hamás
rechazó la presión internacional
encabezada por EEUU, Israel y sus socios europeos para que "abandone la lucha
armada" y anunció en Damasco (Siria) que pensaba continuar con la resistencia
a la ocupación israelí.
Esto implicaba -según su propia
declaración- que la organización armada iba a proseguir con la lucha
armada contra Israel, pese a las presiones de EEUU y las potencias europeas
para que abandone la violencia y reconozca al Estado judío.
Esta postura, y por el contexto donde
se la expresó (Siria) quebraba el stau quo de las "negociaciones de paz" en la
que se basaba la relación de Israel, EEUU y Europa con el Estado palestino
controlado por el gobierno de Abas y Al Fatah, tan empeñado en combatir
al "terrorismo" de Hamás como las propias potencias imperialistas
capitalistas.
¿Cómo terminar con Hamás sin romper
las "formas democráticas" impuestas en los territorios ocupados militarmente?
La pregunta del millón que, desde el
triunfo electoral de Hamás, deberían responder frente a los estados mayores de
Washington y Tel Aviv los comandantes estratégicos de la CIA y del Mossad, que
ahora andan buscando "soluciones adecuadas" en el nuevo teatro de operaciones.
¿Y
que mejor que un enfrentamiento armado entre Hamás y Al Fatah, el tradicional
aliado de Israel?
No bien ganó las
elecciones, Hamás denunció que Abas preparaba un "golpe de Estado"
con las fuerzas de
seguridad palestinas para evitar su asunción en el gobierno.
Tanto para los dirigentes de Hamás,
como para los observadores en terreno del proceso palestino, es imposible que el
actual presidente de la ANP, que ha expresado su decisión de "luchar contra el
terrorismo" en los términos propuestos por Israel y EEUU, ceda mansamente el
control de las fuerzas de seguridad a una organización que consideraba como
"terrorista" antes de las elecciones.
El tema del traspaso del mando de los
servicios de inteligencia y seguridad (el poder armado palestino) se
convirtió en un frente de conflicto que adquirió un protagonismo clave conforme avanzaba
la formación del nuevo gobierno palestino en manos de Hamás.
Desde que el movimiento de
resistencia islámica Hamás ganó las elecciones legislativas en enero pasado y
formó un nuevo gabinete, el dominio del partido Fatah sobre la política
palestina llegó a su fin.
La disputa entre Hamás y Abas estalló
a fines del mes pasado cuando la organización anunció la creación de un
nuevo organismo de seguridad en la ANP, que supuestamente dará cabida a
militantes de todas las facciones armadas y estará encabezado por Yamal
Abu Samahadane, jefe de los Comités Populares de Resistencia.
La designación de éste indignó al presidente, que ejerció su derecho
de veto alegando que se trataba de una decisión "inconstitucional".
Pero la gota que colmó el vaso fueron las declaraciones del jefe del buró
político de Hamás en el exilio, Jaled Masal, quien tachó de "traidor" y
"corrupto" al presidente palestino.
Sin mencionarlo explícitamente, criticó también a Abas por su tajante condena
del reciente atentado suicida de Tel Aviv, perpetrado por la Yihad Islámica y en
el que murieron nueve personas.
La respuesta de Al Fatah no se hizo esperar, y el Consejo Revolucionario de la
OLP, acusó a Mashal de "incitar a una guerra civil entre los palestinos".
Ghazi Hammad, portavoz del gabinete
Hamás, indicó la semana pasada: "Nosotros hemos dicho que esas armas son
ilegales, pero esos choques no responden a órdenes de Hamás o Fatah, sino que son
acciones de individuos. Insisto en que guerra civil no es una palabra del
diccionario palestino, y por eso las facciones debemos controlar a sus
integrantes".
Se estaba refiriendo, y sin decirlo,
claro está, a las operaciones de la CIA y el Mossad para dividir las facciones y
precipitar el enfrentamiento armado.
La situación comenzó a deteriorarse
tras un enfrentamiento, el lunes pasado, registrado en la Franja de Gaza entre fuerzas de
Fatah, que respaldan al presidente palestino, Mahmud Abas, y seguidores de Hamás,
en el incidente más grave entre facciones palestinas desde la llegada de
Hamás al poder.
Este martes se produjeron nuevos enfrentamientos
entre los grupos rivales, Hamás y Al Fatah, que dejaron nueve palestinos heridos, entre
ellos cinco menores, avivando temores de que los territorios
palestinos, que enfrentan sanciones económicas de occidente e Israel, podrían
caer en el caos.
Esta situación de caos, anarquía y
enfrentamiento es la que se vive en el presente, y resume más que nada una
situación buscada tanto por Israel como por EEUU que tienen en la división sus
carta de triunfo para controlar y destruir militarmente a Hamás.
En control del Líbano y de Palestina
(asegurado por el gobierno "aliado" de Abas-Al Fatah) aseguraba al eje
Washington-Tel Aviv una "retaguardia controlada" para concretar su plan
de ataque militar a Siria, cuya primera fase sería la aprobación de sanciones y
de un bloqueo comercial en la ONU.
No son pocos los expertos que coinciden
que sin la conquista de Siria una operación militar judeo-norteamericana contra
Irán reduce sus posibilidades de éxito en un 50%.
Muchos analistas militares
norteamericanos (incluso del Pentágono) sostienen que sin el exterminio de las
bases logísticas y organizativas que alimentan al "terrorismo islámico" en Irak
y Medio Oriente desde Siria, una operación militar contra Irán sería suicida
dado que unificaría a los comandos guerrilleros (más allá de su estado
confesional) en un sólo frente contra el eje EEUU-Israel.
La derrota de Abas y de su gobierno,
y el acceso de Hamás a la nueva administración Palestina,
convirtió a la, hasta ahora, "retaguardia
controlada", en un infierno anunciado de conflictos cuyo desenlace ningún
analista se anima a pronosticar.
Con los palestinos matándose entre
sí, con el territorio sumido en una crisis económica terminal (los empleados de
la administración llevan dos meses sin cobrar el sueldo), la Palestina de Hamás
y Al Fatah se convierte en el escenario ideal para una intervención militar que
termine con el gobierno y la vida de los dirigentes de Hamás.
Sin lugar a dudas, y en la actual
coyuntura, una guerra civil entre Hamás y Al Fatah se plantea como la "solución
ideal" para Israel y EEUU.
Según las señales y los hechos,
parece que en eso andan por estas horas la CIA y el Mossad.
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(*)
Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y
comunicación estratégica, y entre sus últimos trabajos publicados se cuentan,
entre otros:
 La
carta en la manga de los halcones |