l miércoles pasado, miles de
millones de televidentes en todo el planeta observaron impávidos como Ingrid
Betancourt, la rehén de las FARC durante seis años, de quien su familia y el
presidente francés Sarkozy habían denunciado que se encontraba al "borde la
muerte" y en condiciones de detención "infrahumanas", apareció ante
las cámaras en perfecto estado de salud.Sonriendo,
con una dentadura prolija y cuidada, sin ninguna muestra de cansancio, con el cabello
brillante, sin la menor señal de trauma psíquico por el cautiverio, la recién
liberada Ingrid habló ante cuanta cámara o micrófono que se le cruzó y
desarrolló con minuciosidad un discurso de neto corte político.
Pero ahí no terminó la sorpresa:
Al igual que Ingrid, ni uno sólo de los liberados presentaba el menor
signo de desnutrición -a pesar de que la misma Ingrid afirmó que la comida
escaseaba hacía al menos un año-, nadie evidenciaba señales de cansancio o de
los efectos de alguna enfermedad tropical o el maltrato de los insectos (comunes
en la selva).
Al igual que Ingrid todos parecían
recién salidos de la ducha, todos sonreían ante las cámaras, radiantes, saludables,
sin que se les notara ninguna huella de los sufrimientos
que los familiares y la prensa internacional venían denunciando con vehemencia
desde fines del año pasado.
Y surgió la pregunta inevitable:
¿Cómo hicieron para estar en ese estado físico y mental, tras años (seis
en el caso de Betancourt y más en el de los otros)
de detención en la selva en condiciones supuestamente infrahumanas?
Desde fines de 2007, los gobiernos
europeos con Francia a la cabeza, con apoyo de varios gobiernos
latinoamericanos, pusieron en marcha un inédito operativo de "salvataje
humanitario" de Betancourt que hegemonizó las pantallas de las televisión
mundial, eclipsando cualquier otra "noticia" internacional.
Por impulso de los gobiernos
(muchos de los cuales se ofrecieron para "mediar" en la liberación) y de
las grandes cadenas mediáticas internacionales, la liberación de Ingrid se
convirtió en un ícono mediático de los "derechos humanos" por encima de
cualquier consideración sobre los genocidios que hoy azotan al planeta (Darfur, Gaza,
Haití, Irak, Afganistán, entre otros) cuyo significante social y humanista
"empalideció" ante la requisitoria imperante del "salvataje humanitario"
de Ingrid Betancourt.
Luego de que fracasara la
mediación de Hugo Chávez, Francia y su presidente, Nicolás Sarkozy, con apoyo, repercusión y adhesión de todos los gobiernos del planeta, lanzaron una
operación de prensa orientada a "Salvar a Ingrid de la muerte", que
incluyó escenas patéticas de sus familiares y de sus hijos llorando ante las
cámaras de televisión.
A modo de una telenovela por
entregas, se hablaba o se "informaba" casi a diario del "calvario" de Betancourt
en manos de las FARC. Se presentaba a la rehén como en el "límite de sus
fuerzas físicas", mientras los rumores consignaban varias hipótesis de
"enfermedad contraída", entre ellas una hepatitis y una afección de la piel
adquirida en la selva colombiana.
El miércoles pasado, la "víctima"
(la "moribunda" de Sarkozy) apareció radiante y como recién salida de la
peluquería sin que todavía ningún gobierno o ningún analista de la prensa del
sistema se pregunten que pasó entre la "muerte" y la "resurrección" de Bentancourt sucedidas alternativamente en las mismas pantallas de la
televisión mundial.
Y hay un hecho inédito: La misma
televisión que difundió la lacrimógena novela "Betancourt, heroína del
calvario" hizo estallar su propia "creación" cuando el miércoles pasado (sin
descanso ni recuperación "postraumática") empezó a mostrar la imagen
"Betancourt, política mediática en ascenso".
Insólitamente, la aparición
fulgurante y el raid mediático que la política franco-colombiana inició
inmediatamente para proyectar su imagen en los círculos del poder mundial, la
"descolocaron" ante la opinión pública del planeta que todavía no pudo asimilar
la "metamorfosis saludable" de la heroína emergente del cautiverio.
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Betancourt saluda a las
autoridades congregadas para recibir a los rehenes, en Bogotá. (Foto AFP) |
Hasta la última ama de casa, a
nivel planetario, no dejó de preguntarse inocentemente (sin respuesta) cómo hizo
Betancourt para "cuidar sus piel y sus dientes" durante seis años,
en medio de padecimientos físicos, torturas, mala nutrición, mosquitos y enfermedades
tropicales por doquier.
En la televisión argentina, por
ejemplo, se hicieron chistes proponiendo las prisiones de la FARC, en la selva
colombiana, como un centro turístico de "embellecimiento y rehabilitación de
la salud".
Pero si la propia imagen de
Betancourt "exultante y gozando de buena salud", actuó como "contrainformación"
de la imagen de la Betancourt "cautiva y moribunda", las sorpresas no
terminaron ahí.
Avalando lo que ya han mostrado
(y muestran) a diario las pantallas de TV, el sábado, Betancourt fue examinada
por una junta de médicos en el hospital militar parisino de Val-de-Grâce que,
luego del estudio, diagnosticó que la política franco-colombiana goza de
"buena salud".
La propia Betancourt, según la
cadena BBC, al salir declaró "muy sorprendida" por el diagnóstico
positivo que tuvo. "Los médicos me han colmado de buenas noticias", agregó.
La BBC destaca el hecho recordando que el presidente francés, Nicolas
Sarkozy, llegó a afirmar públicamente en abril que Betancourt estaba en "peligro inminente de muerte".
También la cadena recuerda que,
antes del diagnóstico sobre su "buena salud", la ex rehén había declarado
en la televisión pública francesa que sufre efectos psicológicos debido al
secuestro y relató un momento de "angustia" que tuvo en la noche del
viernes en la habitación del hotel donde se aloja en París.
"Tomé una ducha caliente para relajarme, y mi hijo, que daba vueltas como una
abeja en la habitación, apagó la luz por descuido. Me encontré en ese cuarto de
baño, sin luz, en la total oscuridad, y perdí la noción de dónde estaba",
relató.
"Me entró la angustia y me dije "Dios mío, llegaron, las FARC volvieron".
Estaba en una pesadilla", agregó.
Y queda un enseñanza: Por obra de
la dinámica comercial de "mostrar todo en vivo" las cadenas televisivas
se encargaron de destruir (por medio de la imagen) la propia leyenda del
"cautiverio infrahumano" de Betancourt que ellas mismas habían construido
en su afán por acumular raiting mientras esconden las verdaderas tragedias
colectivas de la humanidad.
Si las FARC hubieran invertido
miles de millones de dólares en una campaña de prensa internacional, no hubieran
conseguido el efecto demoledor para desmontar la operación psicológica del
ejército colombiano con el rescate que tuvo la imagen de Betancourt
"exultante y gozando de buena salud" difundiéndose por todo el planeta.
Las FARC todavía no se expidieron
públicamente sobre el "triunfo histórico" que proclaman Uribe y su ejército que
ya las declararon derrotadas y en "extinción", y seguramente, si es que leyeron
correctamente el mensaje mediático, dejarán que las imágenes acumulativas de
Betancourt revelen por sí solas la trama oculta de su liberación.
Posiblemente el Estado Mayor de la
guerrilla haya descubierto lo obvio: Que las grandes cadenas televisivas, con
solo mostrar a Betancourt en su nuevo (y desembozado) rol de "política
en campaña" están destruyendo al propio engendro mediático "Anti-FARC" que
crearon favoreciendo los intereses estratégicos del Plan Colombia en la región.
¿O no es es que una imagen vale
más que mil palabras?
En el contexto de la
contrainformación, y sobre evidencias que se van acumulando, el rescate de la política
franco-colombiana, Ingrid Betancourt, no fue
producto de una "operación limpia" del ejército de Colombia sino que fue
el resultante de un acuerdo con un grupo desertor de las FARC a cambio de dinero y
exilio asegurado en Europa.
Los desmedidos elogios a Uribe y el apoyo a su
tercera reelección que impulsa Betancourt, estarían encubriendo un pacto entre
el presidente colombiano y Sarkozy orientado a convertirla en la futura
canciller de Colombia. Primer paso, a su vez, que le abriría un apoyo
asegurado de EEUU y la Unión Europea a su candidatura presidencial.
Pero esa es la "interpretación
política", la que sólo puede ser analizada (en forma lógica y racional)
por una minoría que transita la internet en búsqueda de aquello que
ocultan metódicamente los medios masivos del sistema.
En cambio la imagen (con
sus contradicciones flagrantes) es masiva, y desnuda lo oculto en
una increíble dinámica de "autodestrucción" no buscada.
Lo que el sistema construye en ocho
meses (el mito Betancourt), la imagen lo destruye en solo segundos como sucedió
con la política colombiana.
En un mundo capitalista nivelado
por la "anti-reflexión" del homo videns, una imagen sólo podrá ser derrotada
por otra imagen. Ese parece ser el axioma predominante de la guerra en la era del microchip
cerebral-televisivo.
Si lo sabrán las FARC.
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(*) Manuel Freytas es
periodista, investigador y analista, especialista en
inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores
más referenciados de la red. Ver sus trabajos en
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