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El presidente Lula da Silva en la
inauguración de la plataforma petrolera P-50, ubicada 120 kilómetros mar
adentro de las costas del estado de Río de Janeiro. |
Los recientes descubrimientos de enormes yacimientos de petróleo en
las costas de Brasil pueden convertir a este país en una potencia. Llegará esa
riqueza a los más pobres Subimos hasta la favela de Vidigal para saber lo que
piensan allí.
Por Gustavo Sierra - Clarín /
Ver
primera y
tercera nota
Wanderley comanda. Acá podés filmar. Acá no. Bajá la cámara. Si
sacás una foto de estos tipos no salís más de acá. Es mi guía por el
laberinto de Vidigal, una de las favelas más emblemáticas de Río. Si uno
aparta la mirada de las callecitas o de las cientos de motos que suben y
bajan a velocidad infernal, y se da vuelta, se puede ver toda Ipanema y una
de las imágenes más espléndidas de la cidade maravilhosa. Pero si seguimos
mirando al frente, es sólo un espiral que conduce a la marginalidad y a la
pobreza extrema. El lugar preciso para preguntarse si alguna vez pasará por
acá el oleoducto que lleve la riqueza de este Brasil petrolero que estalló
nuevamente hace apenas unas semanas cuando se anunció el descubrimiento del
cuarto gran yacimiento de crudo en el mar continental. El sitio donde
deberían llover esas gotas de oro negro que transformen a este Brasil de
pies de barro en un gigante completo capaz de ubicarse entre las grandes
potencias del mundo. O, simplemente, como creen algunos, un enorme monstruo
teñido por el petróleo sangriento que hace pensar que la "tristeza nao tem
fim, felicidade sim". Subimos lentamente por la única calle por la que se
puede ascender o descender del morro Dois Irmaos. Es tan estrecha que no
pasan dos autos al mismo tiempo, pero de alguna manera aquí todos se las
arreglan. En minutos baja el camión de la soda, sube el que trae la Pepsi al
mercadito, pasa un carro tirado por un burrito, desciende a la velocidad de
un parpadeo una misteriosa 4X4 de vidrios polarizados y estaciona la
camioneta de las garrafas. En un segundo acá hay más vida que en dos días en
el elegante barrio de Leblón. Wanderley es el director de la radio
comunitaria Stilo Livre, la radio que escucha toda la favela y una buena
parte de la gente de clase alta de los barrios que la circundan. Me lleva a
hablar con alguna gente legal que me va a decir qué opina sobre este nuevo
Brasil. Pero antes me advierte sobre los garotinhos del AdA , los milicianos
de Amigos dos Amigos (AdA), la organización criminal que controla Vidigal.
Es el mismo grupo que comanda la Rocinha, la favela más grande de Río y
varios otros puntos del sur y el oeste de la ciudad. Es una de las tres
grandes mafias, junto al Comando Vermelho y el Terceiro Comando. Manejan
unos cuatro millones de dólares al mes sólo acá en Vidigal. Y su principal
producto es la famosa cocaína rosada que traen de Perú y que después la
mezclan con todo lo imaginable, desde yeso hasta cal y mármol granulado. En
estos días está todo tranquilo. Eso quiere decir que el negocio está
funcionando bien. Cuando eso se corta por alguna razón es cuando comienzan
los tiroteos y los muertos , me explica Tiao Santos de la ONG Viva Río,
antes de conectarme con Wanderley. Nos paramos a conversar con Arildo Lópes,
el dueño de uno de los supermercados de Vidigal. No sé si el oleoducto con
toda la riqueza va a pasar por acá, pero que tiene que llovernos un poco de
petróleo, tiene. No se puede jugar mucho más con la gente. Van a tener que
repartir. Y eso Lula lo hace bien. Nos dio mucho. Creo que va a seguir así ,
explica mientras atiende varias veces el celular. Cerca de ahí aparece Johny
da Silva, uno de los motoboys , los chicos que suben a la gente en sus motos
hasta sus casas en la cima del morro, unos mil metros más arriba. El
petróleo vale más que todo, ahora. Más que la cocaína. Si lo saben vender
bien habrá prosperidad para todos los brasileños , dice mientras acelera la
moto para que no se le pare.
Esa misma mañana había estado charlando con la prestigiosa María Regina
Soares de Lima en el Instituto Universitario de Pesquisas de Río de Janeiro,
en Botafogo. Me decía que Brasil está en un momento decisivo. Tiene una
enorme riqueza en sus manos: energía y alimentos. Y como contrapartida
tenemos también enormes cantidades de desigualdad y violencia. Hay una gran
expectativa en todos por saber qué sucederá en los próximos cinco años.
Tenemos una posibilidad, aunque pequeña, de salir airosos de esta
disyuntiva. Tal vez, podamos mejorar pronto el problema de la violencia. El
de la desigualdad llevará mucho más tiempo . Dos días después visité a André
de Mello e Souza en el Instituto de Relacoes Internacionais de la
Universidad Católica, en el barrio de Gávea. Fue aún más escéptico. El
petróleo fue una verdadera desgracia para casi todos los países que lo
obtuvieron en los últimos años. La única excepción es Noruega. Hay que
evitar por todos los medios que esa inyección de dinero vaya a financiar
aventuras políticas. Somos el país más desigual fuera de Africa y uno de los
más corruptos en la lista de Transparencia Internacional. Creo que lo único
que nos puede salvar es que se haga, precisamente, como en Noruega que se
ahorra un 30% de los ingresos del petróleo y se los reserva en un fondo para
las futuras generaciones , dice André en un aula desierta a esa hora de la
noche.
En Vidigal no hay tanto análisis. Acá las cosas se dicen en las paredes. AdA
faz Vidigal muito feliz / Muita maconha e muito haxixe , se puede leer en
uno de los muros (AdA haz muy feliz a Vidigal, mucha marihuana y mucho
hachis). Es la estrofa de la canción que un artista funk de la favela le
dedicó a los soldados de Amigos dos Amigos. Pero no es lo que se escucha en
la radio Stilo Livre. Cuando llegamos está terminando el programa que hacen
cinco chicas de entre 13 y 17 años sobre educación sexual para adolescentes.
El tema de hoy es el sexo con compromiso . Nunca salgas sin tu camisinha
(condón) es el lema del programa. Acá muchas garotinhas quedan embarazadas
muy poco después de tener su primera menstruación. Y nada mejor que ellas
mismas para aconsejar a sus pares a que se cuiden. En la charla al aire se
mezclan otros temas. El del petróleo no puede estar ausente porque está en
boca de todos. El petróleo es nuestro, de todos los brasileños, y mucho más
de nosotros los jóvenes. Así que va a tener que llegar hasta acá de alguna
manera. Yo tengo que ir a la universidad y otras tienen que criar a sus
hijos y otras tienen que cuidar a sus padres que están enfermos. Todos
necesitamos y tenemos derecho a tener una mejor vida , dice Vanesa Amantha
Santos Barreto, una chica de 17 años que está terminando la secundaria y
quiere estudiar Comunicaciones para ser periodista.
De lo que habla Vanesa es de que haya una mayor igualdad. Pero ese es
precisamente la parte más débil de este Brasil de Lula. De acuerdo al
Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea) el 10% más rico todavía
concentra el 75,4% de la riqueza del país. Y a pesar de esto, los pobres
siguen siendo los que más impuestos pagan. El 10% más pobre paga 44,5% más
que el segmento del 10% más rico. Los datos demuestran que a pesar de los
cambios políticos continúan sin alteraciones las desigualdades
estructurales. Y eso se debe, sobre todo, a que los ricos siguen pagando
poco impuesto , explica Marcio Pochman de Ipea, uno de los autores del
estudio.
Sin embargo, el gobierno de Lula puede exhibir unos logros muy interesantes.
Se crearon 10 millones de empleos. Se duplicaron los salarios. El fondo
Bolsa de Familia beneficia a 40 millones. Hay créditos para los más
necesitados. El crédito consignado atado a los salarios ya repartió 15.000
millones de reales para comprar casas y autos. El PBI creció en el primer
trimestre un 5,8%. La inflación acumulada de los últimos 12 meses es de
5,58%. Y el Banco Central tiene reservas de 200.000 millones de dólares. Sin
embargo, todo esto se mezcla con una epidemia de dengue que contaminó la
sangre de decenas de miles de cariocas y las continuas denuncias de trabajo
esclavo en las fazendas del nordeste. Brasil nunca tuvo antes en la Historia
tantas posibilidades de definir su propio futuro. Ahora habrá que ver qué
país prevalece, si el de los aviones supersónicos de Embratur o el de los
mosquitos del dengue si el de la caña de azúcar que hace el etanol o el de
sus trabajadores esclavizados. Nos sacamos la lotería y tenemos que pensar
qué vamos a hacer con el premio , dice Fabio Giambiagi en la presentación
del libro Brasil Globalizado del que es coautor.
Salimos de Vidigal poniendo el freno de mano. La bajada es a 45 grados.
Wanderley me vuelve a dar instrucciones de cuándo sacar una foto y cuándo
bajar la cámara. De pronto vemos a un moreno enorme vestido de blanco que
nos hace una seña. Es el jefe , me dice antes de poner una enorme sonrisa de
circunstancia y detener el auto en seco. Enfrente hay un miliciano con un
fusil al hombro y detrás dos hombres con un bulto grande en su cinturón. El
tipo es sumamente simpático. Me hace acordar al actor de la Opera do
malandro de Chico Buarque que vi hace años en San Pablo. Nos interroga
amablemente sobre qué estuvimos haciendo, qué filmé, con quién hablé, de
dónde vengo, qué hago. Tudo bem , dice finalmente, me choca la mano y nos
despide. Acá es fácil entrar y difícil salir , me aclara Wanderley. Después
me entero que el día anterior el propio Ejército que custodia algunas de las
favelas más duras había provocado una matanza. Once militares que
custodiaban la favela del morro de Providencia apresaron a tres milicianos
del AdA y se los entregaron a sus enemigos del Comando Vermelho. Los
cadáveres habían aparecido esa misma tarde en la infame Baixada Fluminense.
Tenían signos de tortura. Eso tenía muy nerviosos a los comandantes de
Avidigal. Argentino, el oleoducto con la riqueza del petróleo podrá pasar
por acá , dice Wanderley entre risas, pero seguramente van a tener que pagar
peaje. Y va a ser muy caro .