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El presidente Lula da Silva en la
inauguración de la plataforma petrolera P-50, ubicada 120 kilómetros mar
adentro de las costas del estado de Río de Janeiro. |
Avanza la producción de etanol en la economía brasileña. Ya es la
segunda fuente energética, superando a la hidroeléctrica. El 70% de los autos
que se fabrican son "flex", pueden consumir nafta o alcohol o una mezcla de los
dos.
Por Gustavo Sierra - Clarín /
Ver
primera y
segunda nota
Joao ni siquiera pregunta. Saca el pico de la manguera del surtidor y se
dispone a llenar de alcohol el tanque de un Montana de la GM, modelo 2004.
Roselí Alvarez, la conductora, ni se gasta con una seña. Todo está
preestablecido. A pesar de que los carteles de esta estación de servicio de la
emblemática Avenida Atlántica de Copacabana ofrecen etanol y gasolina, todos
saben que casi el 80% de los autos que circulan por ahí van a cargar ese alcohol
de caña de azúcar. Incluso si cargan gasolina, ésta viene mezclada con un 25% de
etanol. "No hay por dónde equivocarse", dice Roselí, una gerente de área de un
banco. Antes tenía un auto a gasolina y gastaba 52 reales (32 dólares) por
semana para cargarlo. A este auto lo compré en enero por 25.000 reales (15.625
dólares) y lo cargo con unos 30 reales (18 dólares) por semana. Ahora que somos
una potencia petrolera ya no necesitamos el petróleo , cuenta Roselí con una
sonrisa de enormes dientes blancos en su cara morena de mulata de Botafogo.
Y no es sólo Roselí. El presidente Lula da Silva piensa exactamente lo mismo.
Cuando lo llevaron en la mañana del 26 de octubre del año pasado al Cenpes, el
máximo laboratorio de Petrobrás en la Ilha do Fundao, en la bahía de Río, para
mostrarle un video en 3-D con los descubrimientos de enormes yacimientos de
petróleo en la denominada Cuenca de Santos, con unas reservas de unos 50.000
millones de barriles de crudo, cuentan que después de festejar la noticia les
advirtió a los directivos de la empresa pública brasileña: No vayan a dejar de
lado el etanol. Nos costó demasiado lograrlo y tenemos que continuar produciendo
tanto petróleo como alcohol .
Los brasileños tienen que agradecer esta riqueza a la dictadura militar que
gobernó de 1964 a 1985. Cuando llegó la crisis energética de los 70, la economía
brasileña se hundió y los militares ordenaron a los ingenieros de la empresa
nacional de petróleo que encontraran una solución nacional . Los técnicos de San
Pablo tomaron lo que más tenían a mano y que el país producía desde el Siglo XVI,
la caña de azúcar. En ese momento el valor internacional de la caña era muy
bajo. Con los precios del crudo tan altos, comenzaron a producir el primer
combustible de alcohol que fue acompañado por una incipiente producción de autos
que pudieran funcionar con este fluido. En 1989 el precio del azúcar se elevó
nuevamente y los conductores brasileños se quedaron sin la solución nacional .
Recién en el 2003 se le volvió a dar impulso con la salida al mercado de los
autos denominados flex que pueden funcionar tanto con gasolina como con etanol o
la combinación de ambos en cualquier proporción. Este año se fabricarán en
Brasil 1,1 millón de autos, el 70% flex y solamente destinados al mercado
interno.
Biocombustible comenzó a ser una mala palabra hace unos meses cuando sobrevino
la crisis de los alimentos. El etanol se puede producir de diferentes granos
como el maíz o la soja. Y en Estados Unidos o Alemania se destina una enorme
proporción de las cosechas de esas oleaginosas para hacer combustible. Pero no
acá en Brasil, que lo hacemos de caña de azúcar que no se necesita para comer ,
se queja Tadeo Andrade, del Centro de Tecnología de la Caña de Azúcar. El
presidente Lula cree que la mala fama se debe a un lobby de los intereses
petroleros. Obviamente que son las petroleras que no quieren ceder su poder ,
dijo durante la Cumbre de presidentes de América latina y la Unión Europea. Si
no hubiéramos encontrado el petróleo nos estarían diciendo que hacemos etanol a
cualquier costo. Ahora tenemos petróleo y vamos a producir etanol a pesar de
ellos y de quien se oponga .
Mas allá de cualquier discución, lo cierto es que el etanol es la segunda fuente
en importancia dentro de la matriz energética brasileña. Está detrás del
petróleo pero adelante de la hidroelectricidad. La caña de azúcar representa el
16% del total de la energía. La expectativa del gobierno es que los productos
emanados de la caña alimenten también las usinas térmicas generando para el 2015
una potencia total instalada de 24.000 megavatios.
En las oficinas de Petrobrás en la avenida República de Chile, en el centro de
Río, me explican claramente la ecuación por la que la caña de azúcar tiene una
ventaja sustancial por sobre cualquier otra oleaginosa en la producción de
etanol. El costo de producción del alcohol brasileño es de 20 a 25 centavos de
dólar por litro. El etanol producido de maíz en Estados Unidos cuesta al menos
10 centavos más , recita uno de los ingenieros. El producto brasileño tiene un
mejor rendimiento energético. Por cada unidad de energía utilizada en la
producción se obtienen entre 8 y 12 unidades de energía generadas por el etanol.
En el caso del producto estadounidense esa relación es de apenas entre 1,3 y 1,8
unidades de energía , agrega orgulloso el hombre que tiene estampada una
banderita verde-amarella en su corbata. El último dato lo larga cuando ya
estamos en la puerta del ascensor para despedirnos: Cada hectárea de caña de
azúcar rinde unos 6.800 litros de alcohol .
Pero Silvio Donizetti Palvequeres, el presidente del sindicato de cortadores de
caña de Riberao Preto, el centro de la producción en el estado de San Pablo, no
encuentra tantas bondades en este boom de su industria. Antes cada trabajador
cortaba unas 4 toneladas por día, ahora nos exigen 8 o 10, y si no llegamos nos
echan. Tenemos que trabajar el doble que hace 10 años y las condiciones de
trabajo continúan siendo muy malas , contó Donizetti en un programa de la O
Globo. Y los ecologistas están que braman. La producción de caña de azúcar y la
de soja está tomando las tierras que hasta ahora tenían los ganaderos en las
tierras fértiles del sur y el centro del país. El resultado es que los ganaderos
se desplazan hacia la Amazonía donde las tierras son más baratas y la
deforestación muy fácil. Sólo en el mes de abril, de acuerdo al Instituto
Nacional de Pesquisas Espaciais (Inpe), se perdió un área de la selva
equivalente al perímetro de la ciudad de Río de Janeiro, 1.123 kilómetros
cuadrados. La devastación es mucho más intensa de lo que imaginábamos , dijo
Gilberto Cámara, el director del Inpe, que monitorea la Amazonía con imágenes
provenientes de satélites. De acuerdo al ministro de Medio Ambiente, Carlos Minc,
el 80% de la deforestación es producto del buey pirata . De esa manera se
denomina al ganado que es llevado a la frontera selvática en forma clandestina.
El grupo ecologista Amigos de la Tierra pidió que se detenga la plantación de
caña de azúcar y de soja hasta que se pueda regularizar la tenencia de tierras
para estas producciones. Y un estudio del Banco Mundial advierte que al menos 42
millones de hectáreas de la selva amazónica se encuentran en situación
irregular. Se trata de una tierra sin dueño con títulos falsos y ocupaciones de
tierras ilegales. Una situación que contribuye a la deforestación a mansalva.
Por ahora, la llamada revolución verde parece estar ganando la partida y el
gobierno ve en el etanol el equilibro perfectamente ecológico a las emisiones de
gas invernadero provenientes de la quema de fósiles como el petróleo. En el
ministerio de Asuntos Estratégicos de Brasilia ya están pensando mucho más allá
de los campos de caña y la selva. El llamado ministro de ideas Roberto
Mangabeira Unger trabaja sobre un proyecto que ya está poniendo en práctica
Petrobras, el de crear complejos bioenergéticos , la construcción de plantas de
producción de biocombustibles que sean absolutamente autosuficientes. Hasta hace
unos pocos meses Unger era un teórico de Harvard y hasta llegó a calificar al
gobierno de Lula como uno de los más corruptos en la historia de Brasil . A Lula
no le hizo mella el comentario y lo llamó para que pensara un país de los
próximos treinta años. Tenemos que imaginarnos lo imposible , dijo Unger cuando
asumió y muchos del propio entorno presidencial lo miraron como a un loco. Pero
Unger está acostumbrado a que sus ideas se adelanten al tiempo y sigue adelante.
Paulo Roberto Costa, el director de Abastecimiento de Petrobras, explica en
forma más llana la idea en la que ya venían trabajando en la compañía y con la
que se asociaron con la japonesa Mitsui. Los complejos bioenergéticos son una
unidad de producción de etanol que se genera con una energía proveniente de la
biomasa de bagazo, el desecho de la caña de azúcar. Y, a su vez, para alimentar
a los tractores y camiones que llevan el combustible o levantan las cosechas, de
los desechos de las hojas produciremos biodisel , explica Costa. Ya hay
contratos para levantar los primeros cinco complejos a un costo de entre 200 y
250 millones de dólares cada uno. Se prevé que generarán en cada unidad 180
millones de litros de etanol por año y una energía eléctrica con capacidad
excedente de 50 megawatts.
En la estación de servicio de la avenida Atlántica, con las veredas de ondas
blancas y negras, los surfistas que pasan cargando sus enormes tablas y el dúo
de cantantes callejeros nordestinos que emprende un forró en un berimbao y una
guitarra pequeña, Joao, el garoto que carga el etanol no sabe de estrategia ni
de pensamiento futurista. Tampoco Roselí, la conductora del Montana modelo 2004,
se imagina lo imposible como pide el ministro Unger. Pero saben que son parte de
una revolución energética que está ocurriendo en Brasil.