uién
observe atentamente la escalada diaria de muerte en Irak -aunque sea por medio
de la información periodística- podrá comprobar lo siguiente:
Las masacres masivas se producen
por atentados explosivos en mezquitas, instituciones o mercados
mayoritariamente concurridos por chiíes, lo que lleva como objetivo culpar
de esos asesinatos a la comunidad suní, promoviendo el enfrentamiento
entre sunies y chiítas.
Por otro lado, los exterminios con
ejecuciones y torturas de los escuadrones de la muerte, con apariciones diarias
de decenas de cadáveres, están orientadas mayoritariamente contra ciudadanos de
origen suní, con el objetivo de promover una reacción de la resistencia suní
contra la comunidad chií.
De esta lógica "funcional" se
alimenta la guerra civil que la CIA y el mando militar estadounidense
implantaron en forma programada y orgánica desde el 22 de febrero de 2005,
cuando destruyeron con explosivos la mezquita chií de Samarra.
A esta masacre programada, sin
antecedentes en la historia militar contemporánea, Washington, sus cómplices
europeos y las cadenas mediáticas llaman "guerra sectaria" o "guerra
interreligiosa" que los analistas y periodistas ignorantes del sistema difunden
irresponsablemente por todo el planeta.
Cuando
a Bush sus aliados de la Unión Europea y los demócratas (desde la oposición y el
control del Congreso) le reclaman el retiro de las tropas de Irak, no
lo hacen por la muerte diaria de 120 iraquíes sino por la estadística de los 2
marines USA que mueren diariamente en promedio, desde la invasión en marzo
de 2003.
De manera tal, que Bush y su
administración de halcones no son juzgados en Europa y en EEUU por la invasión
militar de conquista económica de Irak y de la masacre de 120 civiles diarios,
según la ONU, sino por su "fracaso" de no poder exterminar a la
resistencia iraquí que le mata dos soldados por día al Imperio invasor.
Bush y los republicanos perdieron el
control de las dos cámaras del Congreso en las elecciones del 7 de noviembre
pasado, y los demócratas pasaron de minoría a mayoría parlamentaria exigiendo,
como primera medida, que el gobierno estadounidense retire las tropas de Irak
en un término no mayor de 6 meses.
Los demócratas ganaron las elecciones
con Irak como marketing de campaña, y ahora van por un bis en las elecciones
presidenciales de 2008 utilizando otra vez el argumento del retiro de las
tropas como eje de campaña.
Bush, luego de jugar con tácticas
dilatorias como la de decir que "iba a estudiar la situación", no acusó recibo
de la derrota y se planteó una estrategia de "huir para adelante": el mismo día
que reconoció su derrota ratificó la "guerra contraterrorista" como eje de su
política exterior y anunció que las tropas continuarían en Irak hasta "vencer
al enemigo terrorista".
Por las cadenas y diarios
norteamericanos los columnistas comenzaron a "analizar" qué pasaría en Irak si
las tropas ocupantes estadounidenses se retiraran, y llegaron a la misma
conclusión que los generales del Pentágono: sin los soldados de EEUU Irak se
convertiría en un "caos" y el país se partiría en pedazos.
En realidad el "análisis"
mediático no hacía sino reflejar la opinión generalizada del establishment
económico estadounidense y de las corporaciones petroleras, armamentistas,
financieras, de servicios, y de seguridad que hacen negocios en el Irak
ocupado.
A las que también deben sumarse
las corporaciones europeas, principalmente británicas y francesas, socias
privilegiadas en la depredación con el petróleo y la "reconstrucción".
En suma: cuando EEUU invadió Irak
no lo hizo solamente por la aventura "mesiánica y militarista" de Bush y
sus halcones, sino principalmente para apoderarse del petróleo y el mercado
iraquí.
Detrás de la pesadillesca
estrategia de "remodelación del Medio Oriente" de los neocon del lobby judío
"por derecha", están los "planes de negocios" de las corporaciones de Wall
Street y del Complejo Militar Industrial cuya motivación central no pasa por la
guerra contra el "eje del mal" sino por la mayor rentabilidad y conquista de
mercados.
En ese sentido, la lógica del
establishment económico imperial, el poder real con asiento en Wall Street, el
lobby judío (por derecha y por izquierda) que controla la Casa Blanca tanto con
demócratas como con republicanos, se maneja con el axioma central de Rothschild:
si no hay guerra hay que inventarla para hacer negocios.
En
marzo pasado, la copia de
un proyecto de ley sobre el petróleo iraquí celosamente ocultado tanto por las
autoridades de la ocupación estadounidense (Comando militar y embajada de EEUU,
el poder real ) como el gobierno colaboracionista ("gerenciador" local de la
ocupación) integrado en su mayoría por chiíes y kurdos, trascendió en varios
blogs y sitios de internet.
El
conocimiento masivo de este proyecto de ley, por el cual se "legaliza" el
saqueo petrolero de Irak y pone al desnudo el verdadero objetivo de la
ocupación militar, se produjo cuando la periodista estadounidense Amy Goodman
entrevistó en su programa al periodista iraquí, Raed Jarrar, quien consiguió una
copia de la ley petrolera propuesta, la tradujo al inglés, y la publicó en su
blog.
De esta manera, y de acuerdo
al marco regulatorio de la nueva ley en proyecto para el petróleo, así como
EEUU "legalizó" la ocupación militar con un gobierno de mayoría chií (aliado de
la invasión) elegido en las urnas, de la misma manera, utiliza a esa
administración y su parlamento para convertir en "ley" un proyecto diseñado por
la embajada norteamericana y los representantes de las transnacionales del
petróleo, las beneficiarias directas de la conquista de Irak.
En resumen, y según lo explicado
por Raed Jarrar, el proyecto de ley (del cual se conocen unas 30 páginas a
través de Internet) legaliza formatos que obligarán a Irak a cumplir contratos a
largo plazo que pueden durar hasta 35 años, y dejará en manos de las
corporaciones estadounidenses todo el proceso de extracción, comercialización y
elaboración de la industria iraquí del petróleo.
Esta fragmentación de la riqueza
petrolera iraquí, además de la guerra civil, divide y enfrenta a los sectores
iraquíes que se disputan el poder en medio de la ocupación militar
estadounidense.
En términos concretos y reales,
Irak ya está partido: los kurdos, en el norte, quieren la "independencia"
para controlar su petróleo; los chiíes proiraníes, en el sur, quieren el
petróleo del sur y el armado de un "gobierno fundamentalista" con los ayatolas
de Irán; y los sunies quieren sacarse de encima a los chiíes, a los kurdos y a
los estadounidenses y armar su propio gobierno como en la época de Saddam.
Por su parte, la estación de la
CIA local, que cuenta con más de 1000 agentes operativos en Irak, no mata
directamente sunies sino que organiza la masacre programada con
escuadrones de la muerte conformados por chiíes y kurdos para alimentar la
guerra civil de división (divide y reinarás).
Este
es el punto central para comenzar a entender los negocios y la estrategia del
"caos controlado" con que la embajada norteamericana y el alto mando militar
manejan Irak, cuya "violencia en espiral" con muertes masivas la paran cuando
quieren, como ya se demostró cuando, 72 horas antes de la elección del 7 de
noviembre e EEUU, no hubo un sólo ataque en Irak.
Ver:
¿Porqué Irak y
Palestina permanecieron en "calma" y sin ataques desde 72 horas antes de
las elecciones en Estados Unidos?).
La ola de violencia recomenzó
solo 24 horas después de la votación y el resultado de los comicios en EEUU.
Y esta combinación de guerra
civil programada con los negocios de la ocupación, a su vez, explica
la lógica que hoy esgrime el establishment económico estadounidense para
oponerse al retiro de las tropas de Irak.
En la valoración de los más
reputados analistas militares de la derecha conservadora estadounidense,
si los soldados norteamericanos se retiran de lo que hoy es una "masacre
controlada" por la CIA y el Pentágono, el país se convertiría en una "triple
guerra" entre kurdos, chiíes y sunies.
La apariencia formal del
"gobierno de Irak" (que contiene a las facciones y le da una unidad política y
económica) estallaría, y con el también estallarían los negocios con el
petróleo, las armas, los servicios de "seguridad" y la "reconstrucción" de las
corporaciones beneficiarias de la ocupación.
No bien perdió la elección y el
control del Congreso en noviembre pasado, Bush ratificó que las tropas
norteamericanas se quedan en Irak, y el Consejo de Seguridad de la ONU
(controlado por Washington) votó por unanimidad ampliar durante un año el
mandato de la coalición multinacional que ocupa Irak, formada en la
actualidad por un contingente de 160.000 soldados, de los cuales más de 145.000
pertenecen a EEUU.
En una lectura correcta y
realista esto significaba que el establishment de poder económico estadounidense
(el "lobby judío del dólar") que controla a republicanos y demócratas, concluyó
que sus negocios con el petróleo, las armamentistas, los servicios de
"seguridad" y la "reconstrucción" solo serían preservados con Bush y sus tropas
quedándose en Irak.
Y esto explica porqué los
demócratas (luego de pedir el retiro de las tropas como condición) le acaban de
aprobar, sin ningún condicionamiento, a Bush en el Congreso un descomunal
presupuesto de US$100.000 millones destinados a la ocupación militar (léase
genocidio) de Irak.
Se trata nuevamente de seguir
alimentando la lógica de Rothschild,
uno de los apellidos más emblemáticos del lobby sionista que controla la Casa
Blanca, la Reserva Federal y el Congreso estadounidense: si no hay
guerra hay que inventarla para hacer negocios.
Informe relacionado:
La CIA y el control de la guerra civil en Irak
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