usharraf, hasta ahora fue un
aliado clave de EEUU, sobre todo en la "guerra contraterrorista", pero si deja
de serlo, y conserva el poder militar en Pakistán, la sociedad imperial de
Washington y la Unión Europea va a estar en problemas, más de los que ya
tiene desparramados por todo el planeta.
Como medida de afianzamiento de
su control sobre Pakistán (y para demostrar que va en serio), el gobierno de Musharraf cortó el
jueves las transmisiones de noticias por canales de cable, continuó los arrestos
de fotógrafos y periodistas, y prosigue con la censura a los medios, la confiscación
de antenas satelitales y
el retiro del mercado de los aparatos de sintonización de TV extranjera.
Para algunos, Musharraf
(desahuciado por Washington) sólo está tratando de supervivir en el poder,
y para otros, el general podría andar buscando "nuevos aliados" para
controlar Pakistán, una potencia de dientes nucleares, y de religión islámica
preponderante, en frontera con Irán, India y Afganistán, una región clave en el
mapa geopolítico de la guerra por áreas de influencia que sostienen el eje EEUU-UE, por un lado, y el eje Rusia-China- Irán, por el otro.
Pakistán, un gigante de 165 millones
de habitantes de mayoría musulmana, es clave militarmente para EEUU por dos
razones principales: A) Como control fronterizo y barrera de contención de la
rebelión islámica de Pakistán, y B) Como contrapeso regional de China
y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el bloque liderado
por Moscú y Pekín.
El
jueves, presionado por
Washington y la Unión Europea, Musharraf prometió elecciones para el próximo
febrero y dijo que abandonará la comandancia del ejército, pero la oposición
no le cree y -por el contrario- dice que el dictador sigue reprimiendo y
deteniendo personas escudado en el estado de emergencia.
Mientras tanto, Musharraf aparece
acorralado en dos frentes: la oposición encabezada por Bhuto que amenaza con
movilizaciones masivas para forzarlo a restaurar la democracia y obligarlo a
convocar elecciones, y las organizaciones islámicas que están estudiando como
aprovechar la debilidad de Musharraf
y los aliados "democráticos" de Washington, con Bhutto a la cabeza, metidos
en una guerra interna por el poder.
Como hecho concreto, el general
Pervez Musharraf acaba de asestar un golpe mortal a la cada vez más
complicada geopolítica imperial de Washington en Asia rompiendo el "pacto de
gobernabilidad" que había comenzado a regir en Pakistán, una potencia
nuclear aliada situada en frontera con Afganistán, sumida en un proceso de
"violencia islámica" que ya superó los 500 muertos y ha convertido al país en un
nuevo frente de "guerra contra el terrorismo".
El golpe de Musharraf, en la visión
de algunos analistas estadounidenses, desestabiliza el poder de EEUU en Asia y
abre una peligrosa compuerta para la "afaganización" total de Pakistán,
convirtiendo a esa nación con poder nuclear, esencial para el equilibrio del
poder regional estadounidense, en pasto de un nuevo proceso de "terrorismo
islámico" descontrolado, como en Irak y Afganistán.
Antes del golpe, EEUU quería utilizar al general
Musharraf
como chivo expiatorio del "pacto democrático"
para lavarle la cara sucia a la dictadura pakistaní que Washington y la Unión
Europea tejieron tras bambalinas con el regreso de la corrupta ex primer
ministra Bhutto al país.
Pero hace una semana, Musharraf pateó el
tablero del acuerdo con la "democracia antiterrorista" y lanzó el golpe de
Estado como un "hecho consumado" para salirse del "pacto democrático" que lo
tenía como único perdedor, ya que Washington, la UE y la oposición
demandaban que resignara la comandancia de las fuerzas armadas.
Delegar el poder militar, para
Musharraf equivale a convertirse en un cadáver político, en un presidente sin
poder, al que Washington (que ya no lo necesita) puede jubilar o encarcelar
en cualquier momento.
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Benazir Bhutto y Pervez Musharraf, piezas de
Washington para combatir al "terrorismo islámico" en Pakistán. |
Las señales y los hechos son claros:
Musharraf y su régimen ya no le resultan viables ni a EEUU ni a la Unión Europea
que quieren instalar en el país la "democracia contraterrorista" para combatir
contra las organizaciones islámicas con mayor legitimidad, manteniendo las
formas de la "democracia" del dominio que ellos mismos han nivelado por todo el
planeta como única forma aceptada de gobierno.
La instalación de la estrategia de
dominio con la "democracia" imperial comienza a fracasar en nuevos lugares
(léase Birmania y Pakistán) y a hundirse en países que fue aplicada (léase
Georgia y Ucrania) impactando como una pérdida de influencia de Washington
y la UE, principalmente en Asia y Europa y del Este, donde compiten con Rusia
por aéreas de influencia.
La República Islámica de Pakistán
(پاکستان en Urdu) es una nación ubicada en el centro-sur de Asia, limita con
India, Irán, Afganistán, China y el mar Arábigo, tiene más de 165 millones
de habitantes, la mayoría de los cuales son musulmanes, siendo el Islam la
religión mayoritaria, y cuenta con poder nuclear.
Es indudable que Musharraf, quien
controla por ahora el poder político y militar, ya no es el general aliado
incondicional de Washington, y que ha cobrado "juego propio" urgido por su
propia supervivencia al frente del poder.
Según James Petras, "Pakistán forma parte del eje imperial para tratar de
dominar la situación en Afganistán y tratar de limitar la extensión de los
movimientos antiimperialistas. El gobierno de Pervéz Musharraf siempre fue un
servil aliado de Estados Unidos y ha servido a todas sus causas. Pero mientras
tanto en el mismo aparato del estado del dictador y en las fuerzas militares hay
conexiones de largo plazo con los grupos islamistas de Afganistán, desde el
tiempo en que la CIA empujaba a los islamitas en contra del gobierno afgano
antiimperialista, que contaba con el apoyo soviético".
Pakistán fue un crisol de la "guerra
santa" islámica contra el ex imperio soviético, en la década del 80, el centro
de formación militar y doctrinaria de los mujaidines que luego convergerían en
organizaciones terroristas "tercerizadas" por la CIA (entre ellas la Al
Qaeda de Bin Laden) que Washington utilizó para justificar sus invasiones
militares a Irak y Afganistán tras el 11-S en EEUU.
Ahora (igual que sucede con Musharraf), EEUU ya no los necesita y trata de
exterminarlos y controlar Afganistán, para lo cual sí necesita a Pakistán como
barrera de contención y control fronterizo.
Hoy, y tras la masacre en la Mezquita
Roja de agosto pasado, las organizaciones islámicas están en guerra contra
Musharraf y su régimen, pero ¿qué pasaría si el general se sigue distanciando de
los planes de Washington y decide encarar un sistema de poder con otros aliados,
por ejemplo Rusia y China?
¿Qué pasaría si
Musharraf, al estilo de la junta militar birmana, patea el tablero y se refugia
en una alianza comercial y militar con Rusia y China asimilado al bloque de
poder regional asiático?
¿Y que pasaría si
Musharraf, presidente de una potencia nuclear de mayoría islámica, enfrentado al
poder de Washington, pacta con Irán y las organizaciones islámicas una apertura
de la frontera con Afganistán?
Esas son las preguntas claves que
devanan los sesos de los estrategas de Washington y de la UE, y es razón más que
suficiente para que Bush y la Casa Blanca traten con "manos de seda" al golpista
Musharraf que sigue con su proyecto de exterminio de la oposición política en
Pakistán.
Ahora sólo queda por ver hasta que
punto Washington va a tolerar la "contrapresión golpista" de
Musharraf sin que la CIA intente exterminarlo, ya sea por un golpe militar o por
medio de su asesinato.
O la situación contraria: que Musharraf rompa su alianza con Washington, o que EEUU (para evitar un mal
mayor) decida "adoptarlo" nuevamente como su hijo pródigo.