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ASIA  

 

Detenida Bhutto, se consolida el golpe

Musharraf endurece la represión y hace su propio juego de poder frente a Washington y la Unión Europea

 
 

(IAR-Noticias) 13-Noviembre-07

Bush telefoneó a Musharraf: "Quiero que te quites el uniforme"

Luego de prometerles a Washington y la UE,  elecciones en febrero y su renuncia a la comandancia de las fuerzas armadas, el general Musharraf siguió consolidando el cerco del golpe de Estado con la detención, en la madrugada del viernes, de la ex primer ministra Benazir Bhutto, una "delegada" del eje sionista EE-UE que regresó a Pakistán con la misión "democrática" de reducir el poder del presidente pakistaní, que cada día se aleja más de su alianza con EEUU, y cobra "vuelo propio".  Con un detalle: Musharraf controla Pakistán, un gigante asiático con dientes nucleares, que, hasta ahora, juega como aliado estratégico y contrapeso regional de Washington frente al eje de poder Rusia-China- Irán en el Asia.

Informe especial
IAR Noticias
(fecha de publicación: 10-Noviembre-07)

Musharraf, hasta ahora fue un aliado clave de EEUU, sobre todo en la "guerra contraterrorista", pero si deja de serlo, y conserva el poder militar en Pakistán, la sociedad imperial de Washington y la Unión Europea va a estar en problemas, más de los que ya tiene desparramados por todo el planeta.

Como medida de afianzamiento de su control sobre Pakistán (y para demostrar que va en serio), el gobierno de Musharraf cortó el jueves las transmisiones de noticias por canales de cable, continuó los arrestos de fotógrafos y periodistas, y prosigue con la censura a los medios, la confiscación de antenas satelitales y el retiro del mercado de los aparatos de sintonización de TV extranjera.

Para algunos, Musharraf (desahuciado por Washington) sólo está tratando de supervivir en el poder, y para otros, el general podría andar buscando "nuevos aliados" para controlar Pakistán, una potencia de dientes nucleares, y de religión islámica preponderante, en frontera con Irán, India y Afganistán, una región clave en el mapa geopolítico de la guerra por áreas de influencia  que sostienen el eje EEUU-UE, por un lado, y el eje Rusia-China- Irán, por el otro.

Pakistán, un gigante de 165 millones de habitantes de mayoría musulmana, es clave militarmente para EEUU por dos razones principales: A) Como control fronterizo y barrera de contención de la rebelión islámica de Pakistán, y B) Como contrapeso regional de China  y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el bloque liderado por Moscú y Pekín.

El jueves, presionado por Washington y la Unión Europea, Musharraf prometió elecciones para el próximo febrero y dijo que abandonará la comandancia del ejército, pero la oposición no le cree y -por el contrario- dice que el dictador sigue reprimiendo y deteniendo personas escudado en el estado de emergencia.

Mientras tanto, Musharraf aparece acorralado en dos frentes: la oposición encabezada por Bhuto que amenaza con movilizaciones masivas para forzarlo a restaurar la democracia y obligarlo a convocar elecciones, y las organizaciones islámicas que están estudiando como aprovechar la debilidad de Musharraf y los aliados "democráticos" de Washington, con Bhutto a la cabeza, metidos en una guerra interna por el poder.

Como hecho concreto, el general Pervez Musharraf  acaba de asestar un golpe mortal a la cada vez más complicada geopolítica imperial de Washington en Asia rompiendo el "pacto de gobernabilidad" que había comenzado a regir en Pakistán, una potencia nuclear aliada situada en frontera con Afganistán, sumida en un proceso de "violencia islámica" que ya superó los 500 muertos y ha convertido al país en un nuevo frente de "guerra contra el terrorismo".

El golpe de Musharraf, en la visión de algunos analistas estadounidenses, desestabiliza el poder de EEUU en Asia y abre una peligrosa compuerta para la "afaganización" total de Pakistán, convirtiendo a esa nación con poder nuclear, esencial para el equilibrio del poder regional estadounidense, en pasto de un nuevo proceso de "terrorismo islámico" descontrolado, como en Irak y Afganistán.

Antes del golpe, EEUU quería utilizar al general Musharraf como chivo expiatorio del "pacto democrático" para lavarle la cara sucia a la dictadura pakistaní que Washington y la Unión Europea tejieron tras bambalinas con el regreso de la corrupta ex primer ministra Bhutto al país.

Pero hace una semana, Musharraf pateó el tablero del acuerdo con la "democracia antiterrorista" y lanzó el golpe de Estado como un "hecho consumado" para salirse del "pacto democrático" que lo tenía como único perdedor, ya que Washington, la UE  y la oposición demandaban que resignara la comandancia de las fuerzas armadas.

Delegar el poder militar, para Musharraf equivale a convertirse en un cadáver político, en un presidente sin poder, al que Washington (que ya no lo necesita) puede jubilar o encarcelar en cualquier momento.

Benazir Bhutto y Pervez Musharraf, piezas de Washington para combatir al "terrorismo islámico" en Pakistán.

Las señales y los hechos son claros: Musharraf y su régimen ya no le resultan viables ni a EEUU ni a la Unión Europea que quieren instalar en el país la "democracia contraterrorista" para combatir contra las organizaciones islámicas con mayor legitimidad, manteniendo las formas de la "democracia" del dominio que ellos mismos han nivelado por todo el planeta como única forma aceptada de gobierno.

La instalación de la estrategia de dominio con la "democracia" imperial comienza a fracasar en nuevos lugares (léase Birmania y Pakistán) y a hundirse en países que fue aplicada (léase Georgia y Ucrania) impactando como una pérdida de influencia de Washington y la UE, principalmente en Asia y Europa y del Este, donde compiten con Rusia por aéreas de influencia.

La República Islámica de Pakistán  (پاکستان en Urdu) es una nación ubicada en el centro-sur de Asia, limita con India, Irán, Afganistán, China y el mar Arábigo, tiene más de 165 millones de habitantes, la mayoría de los cuales son musulmanes, siendo el Islam la religión mayoritaria, y cuenta con poder nuclear.

Es indudable que Musharraf, quien controla por ahora el poder político y militar, ya no es el general aliado incondicional de Washington, y que ha cobrado "juego propio" urgido por su propia supervivencia al frente del poder.

Según James Petras, "Pakistán forma parte del eje imperial para tratar de dominar la situación en Afganistán y tratar de limitar la extensión de los movimientos antiimperialistas. El gobierno de Pervéz Musharraf siempre fue un servil aliado de Estados Unidos y ha servido a todas sus causas. Pero mientras tanto en el mismo aparato del estado del dictador y en las fuerzas militares hay conexiones de largo plazo con los grupos islamistas de Afganistán, desde el tiempo en que la CIA empujaba a los islamitas en contra del gobierno afgano antiimperialista, que contaba con el apoyo soviético".

Pakistán fue un crisol de la "guerra santa" islámica contra el ex imperio soviético, en la década del 80, el centro de formación militar y doctrinaria de los mujaidines que luego convergerían en organizaciones terroristas  "tercerizadas" por la CIA (entre ellas la Al Qaeda de Bin Laden) que Washington utilizó para justificar sus invasiones militares a Irak y Afganistán tras el 11-S en EEUU.

Ahora (igual que sucede con Musharraf), EEUU ya no los necesita  y trata de exterminarlos y controlar Afganistán, para lo cual sí necesita a Pakistán como barrera de contención y control fronterizo.

Hoy, y tras la masacre en la Mezquita Roja de agosto pasado, las organizaciones islámicas están en guerra contra Musharraf y su régimen, pero ¿qué pasaría si el general se sigue distanciando de los planes de Washington y decide encarar un sistema de poder con otros aliados, por ejemplo Rusia y China?

¿Qué pasaría si Musharraf, al estilo de la junta militar birmana, patea el tablero y se refugia en una alianza comercial y militar con Rusia y China asimilado al bloque de poder regional asiático?

¿Y que pasaría si Musharraf, presidente de una potencia nuclear de mayoría islámica, enfrentado al poder de Washington, pacta con Irán y las organizaciones islámicas una apertura de la frontera con Afganistán?

Esas son las preguntas claves que devanan los sesos de los estrategas de Washington y de la UE, y es razón más que suficiente para que Bush y la Casa Blanca traten con "manos de seda" al golpista Musharraf que sigue con su proyecto de exterminio de la oposición política en Pakistán.

Ahora sólo queda por ver hasta que punto Washington va a tolerar  la "contrapresión golpista" de Musharraf sin que la CIA intente exterminarlo, ya sea por un golpe militar o por medio de su asesinato. 

O la situación contraria: que Musharraf rompa su alianza con Washington, o que EEUU (para evitar un mal mayor) decida "adoptarlo" nuevamente como su hijo pródigo.

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