Informe
especial IAR-Noticias
Mientras
las estadísticas oficiales arrojan que, desde la invasión
en marzo de 2003, murieron 2.500 soldados de EEUU en Irak
(a un promedio de 2 por día), cifras proporcionadas por el
Instituto Anatómico Forense indican que en los primeros
cinco meses del 2006, se han encontrado 6.002 cadáveres de
iraquíes (la mayoría ejecutados tras ser torturados) a un
promedio de 1200 por mes, 40 por día, y la mayoría
depositados en la morgue central de Bagdad.
A esta masacre selectiva y programada (principalmente de
suníes vinculados a la resistencia), que funciona durante
las 24 horas, Bush, la Casa Blanca, los gobiernos europeos y
la prensa internacional denominan "guerra sectaria".
La
morgue central de Bagdad representa una especie de
testigo silencioso de un holocausto, de un genocidio
impune y diario de civiles en Irak, de un plan de
exterminio programado, que las fuerzas de ocupación
ejecutan por medio de grupos especiales salidos de las
entrañas de los clérigos y políticos colaboracionistas con
la ocupación.
Esta matanza,
casi silenciosa, se desarrolla paralelamente a los ataques
y atentados contra las fuerzas de ocupación y es
presentada falsamente por la prensa internacional
como una "guerra inter-religiosa".
Si bien en Irak
técnicamente hay una guerra civil, la mayoría de los
muertos diarios por secuestros y ejecuciones no son
víctimas de un conflicto inter-religioso sino de una
matanza planificada con el objetivo de aterrorizar y
quitar sustento social a los grupos de la resistencia
iraquí que abrevan sus raíces entre la comunidad suní.
Precisamente, y
con sus clásicas técnicas de crear confusión y
ocultamiento favorable a las fuerzas de ocupación, las
agencias y las grandes cadenas mediáticas omiten el
"detalle" de que la gran mayoría de las victimas de los
escuadrones son ciudadanos de origen suní "sospechados" de
colaboración con la resistencia.
La
cifra de cadáveres de iraquíes encontrados con signos de
ejecución y tortura, según
el Instituto Anatómico Forense,
alcanzó: 1.068 en enero, 1.110 en febrero, 1.294
en marzo, 1.155 en abril y 1.375 en mayo.
De esta cifra de víctimas, una
mayoría abrumante pertenece a ciudadanos iraquíes de confesión suni (la comunidad de
la cual se nutre la resistencia iraquí) que fueron secuestrados o asesinados por
escuadrones de la muerte que -según diversos testimonios- se manejan con total
impunidad durante las 24 horas y contando con "zonas liberadas" por las fuerzas
ocupantes norteamericanas y la policía coboracionista iraquí.
El modus operandi de los secuestros y asesinatos
que se vienen produciendo hasta el presente recrea
la cacería y los secuestros de suníes desatada casi simultánea al estallido de los explosivos que destruyó parcialmente
la Mezquita Dorada, símbolo de los chiíes en Samarra, el 22 de febrero
pasado.
Las ejecuciones son realizadas
a diario con alevosía e impunidad, y los titulares destacados de la prensa
internacional las presentan como producto de la "violencia sectaria"
entre grupos religiosos.
De esta manera
,
la operación de exterminio de sospechados de militancia o de apoyo a la
guerrilla suní que son sometidos a torturas y "asesinatos selectivos"
(similares a los que lanza Israel en Palestina) pasa casi desapercibida
en el contexto informativo de la prensa internacional.
De la misma manera, el gobierno
colaboracionista de Irak (compuesto por clérigos y políticos chiíes que apoyaron
la invasión) presenta los asesinatos, de los cuales son
mayoritariamente víctimas los sunies, como obra del "terrorismo" que amenaza
al conjunto de la población.
La mayoría de los cadáveres
encontrados exhiben heridas de bala en la cabeza, y claras huellas de
haber sido sometidos a torturas y mostrando quemaduras o signos de
electrocución.
"La mayoría de los muertos que llegan
aquí han sido golpeados y torturados con electricidad, ácido, tornos y otras
formas horripilantes", relataron varios testigos citados por agencias
internacionales.
En la morgue, cada mañana se forma
una cola de mujeres, adolescentes y hombres ancianos que buscan a sus
familiares desparecidos y/o secuestrados por escuadrones de la muerte, temerosos
-o casi seguros- de hallarlos entre los cuerpos apilados en condiciones de
hacinamiento y falta de higiene.
La morgue central de la capital de
Irak recibió en promedio, desde enero de 2006, más de 1.000 cuerpos por
mes, que fueron colocados en un depósito; apenas cuenta con tres
habitaciones.
El establecimiento cuenta solo con
dos médicos forenses, y la actividad de la morgue se encuentra permanentemente
desbordada y colapsada, con días que ingresan hasta 100 cuerpos a la
vez.
El lugar no reúne las condiciones de
frío y los cuerpos permanecen apilados unos sobre otros, y hay cadáveres en el
piso y por todos lados, según el relato de los testigos a la prensa.
Un olor nauseabundo inunda toda la
morgue, y todos los días una muchedumbre de familiares buscan a sus seres
queridos, invadidos por el llanto.
Funcionarios del Instituto afirman que desde que éste se creó en 1927, nunca
había recibido una cantidad tan inmensa de cadáveres al día, con un promedio
actualmente de 35 a 50 diarios.
Fuentes del Instituto, citadas por
agencias, señalan que los cadáveres no reclamados son enterrados en cementerios
estatales, en los de Karbala, Najaf o en el de Mohammed Sakran, en Bagdad.
Una cantidad importante de familiares
no se presentan a reclamar los cuerpos por temor a ser apresados o
secuestrados y/o asesinados, y los que se presentan a reclamar son ancianos
y mujeres que muchas veces son interrogados o apresados para prestar
declaración.
Los familiares tienen miedo de que los vean en la
morgue o en los hospitales para recoger el cuerpo de su hijo asesinado debido a
los grupos armados que
se encuentran en acecho.
La modalidad es siempre la misma:
cuando un miembro de una familia desaparece o es secuestrado por
escuadrones de la muerte, luego se encuentra su cadáver en alguna zona de de Bagdad
con heridas de bala y huellas de haber sido torturado.
La mayoría de los cadáveres
encontrados son transportados a la morgue por las patrullas de la policía,
que los recogen en barrios apartados de la periferia o en basureros,
generalmente esposados y en posición fetal.
El último responsable de la morgue,
Faik Bakr, recibió amenazas de muerte por declarar a la prensa que en los últimos
meses más de 7.000 iraquíes habían sido asesinados por escuadrones de la muerte.
Luego de que la coalición chií (colaboradora de la
ocupación norteamericana) ganara las elecciones de diciembre de 2005, y tras el
atentado explosivo en el principal santuario chií de Samarra, los secuestros y
asesinatos (la mayoría de ciudadanos de origen suní) aumentaron en
frecuencia y en intensidad.
Un plan de represión y exterminio

A esta masacre selectiva y programada (principalmente de
sunies vinculados a la resistencia), que funciona durante
las 24 horas, Bush, la Casa Blanca, los gobiernos europeos y
la prensa internacional denominan "guerra sectaria".
Las autoridades aseguran que se trata
de "venganzas" entre milicias chiíes y suníes, sin embargo la resistencia y
personalidades religiosas, así como la delegación local de ONU, sostienen que se
trata de escuadrones de la muerte que salen del ministerio del Interior
iraquí controlado por los chiíes.
Los suníes, que constituyen una
minoría en el país pero controlaron Irak durante la mayor parte del siglo XX
hasta el derrocamiento de Sadam Hussein, han denunciado que el funcionamiento de
asesinatos y torturas contra su comunidad cuenta con la tácita
aprobación de la alianza de chiíes y kurdos en el gobierno aliado de EEUU.
También desde fuentes de la
resistencia iraquí se alertó de una estrategia comunicacional para hacer pasar
esos asesinatos en masa de sunies como si fueran producto de una guerra
religiosa, cuando en realidad forman parte de un plan político de represión y
exterminio.
En tanto información recogida por
distintas agencias señalan que más del 80 por ciento de los
cadáveres amontonados en la morgue central de Bagdad presentan disparos en la cabeza
y tienen heridas y quemaduras que denotan haber sido torturados y/o
lastimados antes de morir.
La escalada de asesinatos y torturas
se inició tras el atentado a una emblemática mezquita chií de Samarra, el 22 de
febrero de este año, que luego desató una persecución encarnizada de
ciudadanos de origen suni por parte de grupos especiales que actúan con
total impunidad en los barrios de la capital, contando con zonas liberadas por
la policía y el ejército colaboracionista iraquí.
Luego del atentado a la mezquita,
grupos operativos (escuadrones de la muerte) se camuflaron en las manifestaciones furiosas de chiíes movilizados
por los clérigos aliados de EEUU que integran la mayoría del gobierno iraquí de
turno.
Solamente
en las primeras horas transcurridas desde el ataque a la mezquita de Samarra, el
22 de febrero (el atentado que justificó la masacre posterior), según el diario
The New York Times,
1.300 víctimas de los escuadrones
de la muerte yacían en las morgues y en hospitales de Bagdad.
Medios
y analistas árabes, por su parte, vienen atribuyendo estos ataques a
escuadrones de la muerte infiltrados (o mimetizados) dentro de los cuerpos
de seguridad manejados por el ministerio del Interior iraquí, cuya operatividad
esta controlada por las formaciones confesionales chiíes de al-Dawa
y del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Irak.
En declaraciones a la agencia Associated Press, John Pace, quien el
año pasado dejó su puesto de director de la oficina de derechos humanos de la
misión de la ONU en Irak, señaló
específicamente como responsables a las
"milicias extremistas" chiítas que operan dentro de las filas del ministerio del
Interior, también llamadas
"cuervos negros" por el color de sus uniformes.
La actual misión de la ONU y
distintas organizaciones internacionales que actúan en Irak también denunciaron
a esos grupos operativos que cuentan con protección del gobierno iraquí en manos
d elos chiíes.
La situación se agrava debido a que
"milicias extremistas" chiítas operan dentro de las filas del ministerio del
Interior, señaló Pace a la AP, señalando a las brigadas especiales
chiítas enclavadas
en los servicios de seguridad y las fuerzas armadas del país.
Desde hace más
de dos meses, el
temor a los escuadrones de la
muerte (comandos especializados en secuestros, torturas y "asesinatos selectivos") se expande
entre la población iraquí de origen suní que ha sido victima, a partir de los
ataques a la mezquita chií de Samarra, de una masacre programada como nunca se
había visto en Irak.
Se sospecha que muchos de los 110.000 policías y comandos policiales bajo
control del ministerio del Interior son miembros de estos
escuadrones cuyos efectivos son antiguos integrantes de las milicias
Badr controladas por los clérigos chiíes.
Los empleados de las morgues
judiciales reciben amenazas de las milicias respaldadas por el gobierno para que no investiguen las muertes
como es debido, dijo el ex funcionario de la ONU, John Pace .
En reiteradas oportunidades, la Comisión de Ulema
Musulmanes (CUM), máxima autoridad sunita de Irak, acusó
a las tropas de EE UU de "conspirar" para provocar un conflicto sectario entre
los sunitas y los chiitas iraquíes.
La CUM también también
responsabiliza a las fuerzas Al Maghauir, un
cuerpo de élite del Ministerio de Interior, controlado por los chiitas,
de estar detrás de la ola de asesinatos y ataques sectarios que en la última
semana causaron más de 350 muertos, según fuentes del Gobierno.
"Está claro que los cuervos negros del Ministerio de Interior están
implicados en una conspiración para eliminar a los sunitas de Bagdad y allanar
el camino para la formación de un Gobierno pro estadounidense", dijo Al Kubeisi
en alusión a los integrantes de Maghauir, famosos por su uniforme negro.
Por su parte,
el Frente Patriótico Nacionalista e Islámico denunció en un comunicado que "Desde el inicio del mes de
febrero, "las criminales milicias proiraníes del ministerio del Interior,
en su condición de fuerzas mercenarias, han asaltado diversos barrios de Bagdad
y de sus inmediaciones, procediendo a detener y asesinar a centenares de
ciudadanos iraquíes con el fin de aterrorizar al pueblo y limitar las acciones
armadas de la resistencia, en continuo incremento".
Tales asaltos han contado con el
apoyo de tropas estadounidenses y la participación de unidades de la 2ª, 3ª y 4ª
Brigadas del ejército [Guardia Nacional] iraquí, formado, entrenado y
equipado por los ocupantes, consignó el comunicado del Frente .
Según fuentes de la resistencia suni, la campaña criminal de estas milicias empezó
en febrero con el
asedio y asalto de los barrios de al-Amiriya, al-Gazaliya y al-Jadra,
operativos que culminaron con la detención de centenares de sus vecinos.
La CIA y la guerra civil
Para un conjunto
de especialistas, está claro que los
ataques explosivos contra la comunidad civil y las sinagogas chiítas buscan
detonar un conflicto armado entre esa comunidad y la de los suníes, de donde
provienen la mayoría de los combatientes de la resistencia iraquí.
En diversos informes el año pasado,
IAR Noticias puntualizó que, en un contexto de derrota militar estratégica de
EEUU en Irak, con el país en anarquía y con sus tres comunidades
principales enfrentadas entre sí por razones políticas, religiosas y
económicas, la CIA estaba infiltrando a grupos de la resistencia con la
finalidad de profundizar el enfrentamiento entre chiíes y suníes.
El año pasado, el líder espiritual de
Irán, el ayatolá Jameini, acusó a la CIA (quien cuenta con una estación local
compuesta por 600 agentes) de estar detrás de los atentados a mezquitas y
secuestros a extranjeros junto con los británicos y los servicios israelíes en
Irak.
Medios árabes y organizaciones
internacionales han denunciado el reclutamiento sistemático de marginales y
desocupados chiíes por parte de los servicios de inteligencia con la finalidad
de alistarlos en "escuadrones de la muerte" contra suníes o en
operaciones de secuestros de extranjeros.
Medios y analistas árabes, así como
autoridades comunitarias y líderes religiosos, vienen sosteniendo desde hace
meses que EEUU quiere enfrentar a los chiíes con los suníes para quebrar el
frente de la resistencia armada que diezma a diario su ejército de ocupación.
Una "guerra civil" le serviría a
Washington para concretar una intervención extranjera tipo Haití en Irak,
y de esa manera sacar a sus tropas del primer plano mediático y fusionarlas en
un "ejercito de paz" aparentemente conducido por la ONU y la OTAN, como se sabe,
títeres de los objetivos de EEUU.
Frente a un Irak
desangrado y en caos por una "guerra civil" (y como ya sucedió en Haití)
ni Francia, ni España, ni Alemania, hoy países "críticos" a la política militar
de ocupación de Irak, podrían negarse a integrar una "coalición de paz", aún
sabiendo que detrás de ella se encuentra la mano de Washington y del Pentágono.
En ese escenario,
con la guerra civil como telón de fondo, Bush y los halcones seguirían
controlando la administración, el petróleo, y los negocios de Irak, mediante un
gobierno títere y la supremacía de su fuerza militar sobre la OTAN y las
potencias "aliadas".
Ese y no otro, sería el objetivo de
los escuadrones de la muerte que hoy denuncian la ONU y un conjunto de
personalidades y organizaciones dentro y fuera de Irak.
Según medios árabes y fuentes de la
resistencia, esos comandos se encuentran bajo el liderazgo de los clérigos y
dirigentes chiíes, caso del gran ayatolá Sistani, que colaboraron con la
invasión norteamericana, y hoy conforman la mayoría del gobierno iraquí
colaboracionista elegido en las urnas.
Con vinculaciones directas con Irán
estos escuadrones, reclutados entre las milicias armadas chiíes y entrenados por
oficiales norteamericanos e israelíes, mantienen un conflicto armado de vieja
data con la resistencia de origen suní conformada por ex integrantes del partido
Baas y los cuerpos de seguridad del ex régimen de Saddam Hussein.
Esos cuerpos irregulares, comandos
especiales "torpedos", fueron creados con la misión precisa de buscar y
exterminar "selectivamente" a los jefes, líderes y cuadros militantes de la
resistencia suní y el partido Baas, mediante operaciones clandestinas que
recrean tácticas operativas empleadas por el ejército israelí en Palestina y
Medio Oriente.
Según la inteligencia árabe, la
imbricación con la CIA, el Mossad y la inteligencia británica, de estos grupos
es directa, y sus vínculos provienen de la época de la resistencia iraquí en el
exilio, cuando el Consejo Supremo de la Revolución Islámica y otras
organizaciones confesionales chiíes operaban conjuntamente con la inteligencia
judeo-norteamericana para derrocar o asesinar a Saddam Hussein.
Sus bases operativas y logísticas
operaban simultáneamente en EEUU y en Londres, y sus jefes más sobresalientes
eran el ex ministro Allawi, el ex "preferido" del Pentágono, Chalabi, y el
propio gran ayatolá Sistani.
Hoy la función y misión de esos
grupos, reciclados en escuadrones de la muerte, se orienta a la cacería y
exterminio de combatientes suníes y a la preparación del clima de "guerra
civil" mediante atentados a instituciones y centros religiosos chiíes que
luego son atribuidos a la resistencia suní.
Estos comandos especiales,
financiados y entrenados por la inteligencia judeo-norteamericana, cumplen para
el Mossad y la CIA la misma función que cumple Al Qaeda con el "terrorismo
explosivo". En Irak, son los activadores operativos de la "guerra civil".
Con ese objetivo, dotados de
impunidad y de zona franca por las fuerzas norteamericanas
y el aparato de seguridad iraquí, esos escuadrones de la
muerte actuaron por primera a la luz del día,, tras la
destrucción de la mezquita chií en febrero, realizando una
inédita operación relámpago de exterminio de sunies
que incluyó, por primera vez, el secuestro y la
tortura antes de las ejecuciones.
El resultante de la "cacería" -desde
el 22 de febrero a la fecha- son los miles de cadáveres de suníes que se
apilan en las morgues o yacen en los cementerios de Bagdad y de otras ciudades.
Son las víctimas del expreso de ida
de los escuadrones de la muerte.
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