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IRAK  

 

Las claves del futuro iraquí

La guerra civil
y la "madre de todas las guerras"

 
 

(IAR-Noticias)

Este informe fue publicado el 14 de Enero de 2005 (Las claves del futuro iraquí).

Por Manuel Freytas

Imaginar comicios electorales en Irak, un país sometido a una ocupación militar sangrienta, con 140.000 soldados invasores patrullando sus calles, con decenas de ataques y atentados por día, con ciudades demolidas por la aviación norteamericana (como es el caso de Faluya), con su infraestructura destruida, con emergencia alimentaria y sanitaria, con hospitales colapsados, con niños muriendo como moscas por epidemias y desnutrición, con millones de desocupados y marginales tirados y excluidos por las periferias, con más de 100.000 personas asesinadas por los efectos de la ocupación militar, imaginar comicios en Irak, es, simplemente, ingresar a una pesadilla surrealista digna de una creación de Hollywood, o de la Casa Blanca.

Si ya de por sí la metodología capitalista de robo organizado con la "democracia" y la farsa electoral en cualquier país dependiente (donde los únicos que acceden a las candidaturas son los partidos políticos protegidos por el poder económico y sus estructuras mediáticas) es un absurdo, en un país masacrado como Irak eso reviste características demenciales.

Los medios, los periodistas, los intelectuales asalariados, protegen y elogian esas prácticas morbosas (donde los sometidos eligen periódicamente a sus verdugos en la urnas) por medio de las cuales el sistema "legaliza" tanto gobiernos títeres en Latinoamérica, o en cualquier otra parte, o las utiliza en países ocupados militarmente, como ya sucedió en Afganistán, Palestina,  y ahora se la quiere repetir en Irak.

La fijación con la farsa electoral en Irak no es un capricho artístico de Washington, ni nada que se parezca a un acto de generosidad "democrática" por parte del Imperio genocida de Bush.

Las elecciones en Irak están pensadas como una estrategia política para lograr lo que los jefes militares norteamericanos no pudieron conseguir matando a 100.000 iraquíes: el control político y social por medio de un gobierno títere "legitimado" en la urnas, y que sirva para darle un rostro "democrático" al genocidio militar.

Y para ese proyecto en el corto plazo los estrategas de la Casa Blanca cuentan con un aliado privilegiado: el "gran ayatolá" Ali Sistani y su corte de clérigos chiíes "leales" a Washington y a su política de ocupación militar en Irak.

Los clérigos y políticos chiíes, financiados y  protegidos por EEUU, quieren cobrarse las tres décadas de poder político hegemónico que gozaron los suníes con el régimen de Saddam Hussein, al cual contribuyeron desde el exilio a derrotar con los marines estadounidenses y los misiles de Rumsfeld.

 

Ayatolá Alí Jusseini al-Sistani, salió a pedir clama

Sistani, el más firme aliado de Bush en Irak, lidera una poderosa coalición electoral llamada "Alianza Unida Iraquí" (AUI), que incluye a 22 partidos y grupos, representativos -según el "gran ayatolá"- de laa gran mayoría chií en el país estimada en el 60 por ciento de la población de Irak.

Esta herramienta, agregada al apoyo financiero de la mayoría de las empresas transnacionales que lucran con la "reconstrucción de Irak", le asegura a Sistani una victoria electoral abrumante ante las minorías kurdas y suníes, divididas y sin chance frente a la poderosa maquinaria electoral oficial de los chiíes.

El "negocio" electoral

Si se llevan a cabo los comicios, y aunque en el mismo día de su realización mueran centenares de personas por bombas y ataques rebeldes, Sistani, de la mano de Washington, cumplirá su sueño: convertirse en el nuevo Saddam Hussein de Irak, con los votos chiítas y con el apoyo de la maquinaria militar de EEUU.

Teóricamente, un  negocio cómodo y rentable para Bush: Sistani controla el "orden" social y político con la mayoría chiíta, y EEUU lo controla a Sistani con los tanques Abrams y los 140.000 soldados estacionados en Irak.

Pero las estrategias de Washington en Irak, por más que "cierren" en los papeles, siempre se encuentran, inevitablemente, con los laberintos, misterios y contradicciones de la nación iraquí inundada por los cuatro puntos cardinales por esa maldición bíblica lanzada por Saddam Hussein: "Irak es la madre de todas las guerras".

Medios y observadores árabes, jefes militares norteamericanos, y ahora hasta el propio "gobierno" iraquí, siguen sosteniendo que las bombas y los ataques rebeldes -ahora extendidos contra dirigentes chiíttaas- impedirán la participación masiva en los comicios, lo que frustraría la "legitimación" de los mismos.

El propio jefe militar de la coalición multinacional en Irak, general Thomas Metz, advirtió la semana pasada, que en cuatro regiones claves (que incluyen a Faluya, Mosul, Samarra y Tikrit) los comicios difícilmente se puedan realizar, agregando que las zonas "en  riesgo" representan más de la mitad de la población iraquí.

Otras opiniones en el mundo árabe, este jueves, señalaban que el asesinato del colaborador de Sistani, así como los atentados en Nayaf y Kerbala del mes pasado, inician un peligroso camino hacia la guerra civil en Irak, un proceso que fue advertido varias veces por la propia inteligencia norteamericana y que la Casa Blanca no tomó en cuenta.

Tanto la CIA, como el resto de las agencias nacionales norteamericanas, advirtieron a Washington sobre el agravamiento de los conflictos armados tras las elecciones en Irak, cuyo "peor escenario" da como desenlace una guerra civil entre suníes y chiítas, y con probable implicación de los kurdos en el norte.

Dos policías colaboracionistas muertos por una bomba en una comisaría de Bagdad el 3 de diciembre de 2004 (Foto Reuters)

Si se mira la historia reciente de Irak, en la cual los dirigentes y clérigos chiítas apoyaron y colaboraron con la invasión y ocupación militar del país por EEUU, se torna lógica la hipótesis de que un gobierno chiíta, si asumiera, se convertiría en rápido blanco de las bombas y los ataques de la resistencia iraquí de origen sunita.

Pero tampoco se descarta que, tras un posible fracaso de la estrategia electoral, sean Washington y la CIA quienes impulsen un proceso de guerra civil en Irak con la finalidad de dividir al país mediante un conflicto entre chiíes, suníes y kurdos, que colocaría al ejército norteamericano en el papel de "árbitro" y no de "fuerza ocupante".

Tanto fuentes de la resistencia iraquí como de la inteligencia estadounidense "anti-Bush" han alertado sobre la formación de "escuadrones de la muerte", entrenados por oficiales israelíes y norteamericanos, e integrados por  chiítas y kurdos, cuyo objetivo sería el asesinato "selectivo" de los jefes políticos y militares de la resistencia suní.

Hasta ahora la confrontación armada entre suníes y chiítas se evitó por las expectativas que los líderes y clérigos depositan en las elecciones, que piensan ganar cómodamente por su condición de mayoría electoral en un país donde la comunidad chiíta conforma más del 60% de la población.

También es lógico pensar que un gobierno chiíta, munido del extremismo fundamentalista de los clérigos, iniciaría de inmediato una cacería despiadada contra la resistencia suní, en cuyo seno predomina el ex aparato militar y de seguridad del régimen de Saddam Hussein cuyo bastión principal se encuentra en la región del triángulo suní.

La guerra civil

Video del atentado con coche bomba en la ciudad chiíta de Nayaf, el 19-Dic-04 (Al Jazeera) 

La guerra civil, paradojalmente, aparece como el emergente "más lógico" tanto para EEUU como para los rebeldes suníes excluidos, o autoexcluidos, de cualquier negociación política con los ocupantes norteamericanos.

El fracaso de la estrategia militar norteamericana (tal como lo anticipó IAR-Noticias), estadísticamente demostrada con su falta de control en regiones claves de Irak, como el triángulo suní, está aceptada (menos por Bush y sus asesores) por el conjunto de los comandantes en terreno, quienes se ven impotentes para enfrentar a los rebeldes en la modalidad de la guerrilla urbana, que, solamente en lo que va del 2005, ya mató a 25 marines y más de 130 "colaboracionistas" iraquíes. (Ver: La modalidad de guerra que enfrenta EEUU en Faluya).

Los estrategas rebeldes saben que si los clérigos y dirigentes chiíes cómplices de Washington son legitimados en las urnas, se complicaría el cuadro de la resistencia a los norteamericanos, dado que un gobierno chiíta contaría con mayores posibilidades, en lo social y político, que lo que cuenta el gobierno sin ningún sustento de Iyad Allawi.

Por lo tanto, estratégicamente a los rebeldes, de no poder detener las elecciones del 30 de noviembre, les conviene promover una guerra civil con los chiíes antes de los comicios, cuando todavía sus dirigentes se encuentran divididos y sin el poder político.

Esto implica que a los atentados contra Nayaf y Kerbala, y al asesinato del secretario de Sistani de este jueves, seguirán, en los días que faltan para las elecciones, nuevos ataques y atentados contra instituciones y dirigentes chiítas.

En cuanto a Washington, no le conviene de ninguna manera una guerra civil entre suníes y chiíes antes de las elecciones, dado que lo obligaría a postergar los comicios por tiempo indefinido, y el proceso de legalización política de la ocupación militar quedaría abortado y sin posibilidades.

El "aprovechamiento" de Washington

En cambio, para  Bush y los halcones un proceso de  guerra civil resultaría viable y provechoso si no pudieran implementarse las elecciones el 30 de enero, dado que permitiría a sus fuerzas de ocupación salirse del blanco de los rebeldes iraquíes cuyas energías estarían canalizadas en un enfrentamiento con los chiíes.

Otro punto de "aprovechamiento" de una guerra civil en Irak para Washington se encuentra en el impacto que la misma produciría en el plano internacional.

Una formación de tanques avanza contra los rebeldes en Faluya, el viernes 12 de noviembre (Reuters)

Con Irak sumido en un conflicto armado entre suníes, kurdos y chiítas, a la administración Bush le sería relativamente fácil operar en el Consejo de Seguridad de la ONU la intervención de una "fuerza multinacional de paz" que tenga a la OTAN como sustento militar.

Ni Francia, ni España, ni Alemania, hoy países "críticos" a la política militar de ocupación de Irak, podrían negarse a integrar una "coalición de paz", aún sabiendo que detrás de ella se encuentra la mano de Washington y del Pentágono.

En ese escenario, con la guerra civil como telón de fondo, Bush y los halcones seguirían controlando la administración, el petróleo, y los negocios de Irak, mediante un gobierno títere y la supremacía de su fuerza militar sobre la OTAN y las potencias "aliadas".

Por lo tanto, la guerra civil es la carta en la manga con que cuentan Bush y el Pentágono para evitar la exposición directa de sus tropas al fuego de la resistencia iraquí, y, consecuentemente, parar la muerte de sus soldados cuyos féretros conducen a un síndrome Vietnam a corto plazo en EEUU.

La reacción rebelde

En este contexto, se hace probable que nuevos ataques y atentados explosivos sean dirigidos contra dirigentes, entidades y mezquitas chiíes antes de la fecha de las elecciones, lo que seguramente detonará respuestas violentas parecidas del lado de los chiíes que cuentan con el aparato del ejército norteamericano y la policía "colaboracionista", integrada en sus cuadros de oficialidad por chiíes entrenados por norteamericanos e israelíes.

Según los informes de inteligencia revelados por The New York Times, The Washington Post y Newsweek,  hay brigadas especiales y "escuadrones de la muerte", formados por chiítas y kurdos, con el objetivo de lanzar una cacería de combatientes y militantes rebeldes suníes, antes o después de las elecciones.

Otro blanco posible de los ataques y atentados explosivos orientados a promover una guerra civil, de ahora en más, son los "colaboracionistas" kurdos.

Las diferentes facciones kurdas, hasta ahora, apoyaron y colaboraron. lo mismo que los chiíes, con la invasión y ocupación militar de Irak teniendo como perspectiva el proceso electoral, mediante el cual ven potable conseguir su autonomía y el control sobre el petróleo del norte iraquí.

Sin embargo, un seguro triunfo chiíta en las elecciones no les aseguraría ese objetivo, dado que los chiítas avanzarán sobre el control del territorio kurdo para asegurarse una frontera segura con Irán en el norte, a cuyo gobierno fundamentalista responden la mayoría de los clérigos y dirigentes con el ayatolá Sistani a la cabeza.

Todo este escenario de confrontaciones, hoy sólo atenuadas por la expectativa electoral, romperán su corset y se desatarán en el corto plazo en la medida que se aborten, o se realicen, las elecciones previstas para el 30 de enero.

El emergente

La guerra civil, por decirlo de alguna manera, es el "emergente natural" de las contradicciones políticas internas y de las condiciones emergentes del proceso de ocupación militar de Irak.

Su desenlace (el de la guerra civil) es el "escenario natural" para todos los actores en juego: ocupantes norteamericanos, suníes, chiíes y kurdos, cuyos intereses se contraponen con la fuerza de un volcán a cualquier ecuación resuelta en forma pacífica.

Los chiíes quieren controlar hegemónicamente Irak por medio de un gobierno fundamentalista pro-iraní, lo que los lleva a chocar simultáneamente con los norteamericanos, los suníes y los kurdos.

Los suníes intentan expulsar a los norteamericanos e instalar un régimen político controlado por ellos, lo que los lleva a chocar simultáneamente con EEUU, y con el proyecto político de los chiíes y de los kurdos.

El proyecto político de los kurdos (autonomía y control del petróleo del norte iraquí), choca simultáneamente  con la política de ocupación norteamericana, con los suníes y con los chiíes.

En un marco estadístico de proyección estratégica todos estos conflictos, larvados o en ebullición, convergen en el mismo punto: el enfrentamiento de "todos contra todos", en una suerte de "afganización" o "iraquización", donde la única opción posible es la guerra permanente.

En este escenario se verían complicados directamente Irán (base logística de despegue del fundamentalismo chií iraquí) y Siria (base logística de los rebeldes suníes) dos países que figuran como prioridades en la agenda intervencionista militar del Pentágono tras la reelección de Bush al frente de la Casa Blanca.

Posibles ataques militares preventivos contra Irán, a su vez, comprometerían la "seguridad nacional" de China y de Rusia quienes mantienen negociaciones comerciales claves con Irán (lo mismo con Arabia Saudita) en materia de petróleo y armamentos, que los involucrarían directamente en un conflicto con EEUU.

Un escenario de guerra civil en Irak, con suníes y chiítas como protagonistas centrales, por su implicancia étnica y religiosa, arrastraría en su vorágine a todo el Medio Oriente y a los países árabes y musulmanes del planeta.

Si se toma en cuenta que en esos países (principalmente en el Medio Oriente y el Golfo Pérsico) se encuentra el grueso de las reservas petroleras y energéticas del mundo, se puede concluir que una guerra étnica y religiosa en Irak, con EEUU en el centro del escenario, convertiría el tablero estratégico mundial en un polvorín.

Un cuadro muy aproximado a aquella sentencia bíblica que situaba a Irak como la "madre de todas las guerras".

 

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