Se le considera un “niño genio de la
política”, la “eminencia gris” de la Casa Blanca, un “co-presidente” en las
sombras. El propio Bush lo llamó “el arquitecto de la victoria” luego de su
reelección presidencial en 2004.
En una entrevista con The Wall Street Journal, Rove anunció que renunciará a
fines de agosto porque quiere dedicarse a su familia. La vocera de la Casa
Blanca, Dana Perino, dijo que su dimisión es “una gran pérdida” y lo calificó
como “una mente brillante”. Rove, asesor de Bush desde su candidatura a
gobernador de Texas en 1993, llegó a la Casa Blanca con él en 2001.
Menos apologéticos, los detractores de Rove lo definen como “el Joseph Goebbels”
de la administración republicana, en alusión al ministro de Propaganda del
Tercer Reich. Sostienen que es un personaje tramposo y carente de ética,
especialista en trabajos sucios y tráfico de influencias, como casi todos los
que reptan en la sinuosa y delgada línea donde se diluye la frontera entre la
política, los negocios y el enriquecimiento rápido.
Nacido en Denver (Colorado) el 25 de diciembre de 1950, Rove se transformó en un
experto en superar circunstancias adversas. Su padre se fue de la casa cuando él
tenía 19 años y su madre se suicidó en 1981. Él abandonó sus estudios en la
Universidad de Utah, donde era líder de los alumnos conservadores, para trabajar
en la campaña de un senador republicano; hoy, inexplicablemente, es presidente
de la Asociación de Graduados.
Después, Rove se unió a la firma Black, Manafort, Stone & Kelly, como asesor de
imagen del dictador filipino Ferdinand Marcos, derrocado en 1986; del
contrarrevolucionario angoleño Jonás Savimbi, cabecilla de la Unión Nacional
para la Independencia Total de Angola (UNITA) respaldado por la CIA y Sudáfrica,
y del ex primer ministro de Bahamas, Lynden Oscar Pindling, honrado con el rango
de “sir” por el Reino Unido y sospechado de vínculos con el tráfico de drogas.
El ex asesor también hizo promoción y cabildeos para la empresa tabacalera
Phillip Morris, acusada de mentir acerca de los riesgos de fumar, de manipular
información acerca de los niveles de nicotina y dirigir millonarias campañas de
publicidad dirigidas a adolescentes. La firma, acosada por varias demandas, es
una de las principales contribuyentes en las campañas políticas del Partido
Republicano.
A comienzos de la década de los 80, Rove abrió en Texas una consultoría para
empresarios y políticos. Fue ahí donde George Bush padre posó sus ojos en él y
en 1988 lo designó su asistente en el Comité Nacional Republicano. También fue
ahí donde conoció a Geore Bush hijo y lo catapultó a la gobernación del estado
en 1994 y, después de un segundo mandato, a la Casa Blanca en 2000.
Como principal consejero del presidente, Rove ha estado envuelto en algunos
escándalos. Se cree que fue él quien filtró a la prensa en 2003 la identidad de
Valerie Plame, una agente encubierta de la CIA, como venganza a la oposición de
su marido, el diplomático Joseph Wilson, a la invasión de Irak. También se le
vinculó el año pasado al desprolijo despido de ocho fiscales federales, algunos
de ellos encargados de investigaciones que resultaban incómodas para la Casa
Blanca. En ambos casos, Bush utilizó su influencia para evitar que su consejero
compareciera a declarar ante la justicia.
El nombre de Rove saltó a las primeras planas de la prensa en 2005, cuando
afirmó que después de los atentados aéreos del 11 de septiembre de 2001, los
liberales estadounidenses querían brindar “terapia y comprensión a los
terroristas” en lugar de represalias militares. Cuando el Partido Republicano
perdió la mayoría en ambas cámaras en las elecciones legislativas de 2006,
provocó el enojo de los demócratas al calificar a Hillary Rodham Clinton como
una candidata presidencial “defectuosa”.
El ex “único cerebro del gobierno” no quedará desprotegido económicamente tras
su renuncia, ya que ha sido previsor y cuenta con algunos ahorros. En junio de
2001, la agencia de noticias Associated Press reveló que poseía de uno a tres
millones de dólares en acciones en cada una de las siguientes firmas: American
Express, Boeing, Cisco Systems, Enron, General Electric, Intel y Johnson &
Johnson farmacéutica.
A pesar de todos estos antecedentes, Karl Rove se aleja del poder tan “limpio,
blanco y perfumado” como un anuncio publicitario de detergente. En Estados
Unidos la ropa sucia también se lava en casa.