La agencia espacial rusa Roscomos en varias ocasiones declaró que
la gestión y planes de Sevastiánov al frente de esa empresa no se enmarcaban
en el programa espacial federal de Rusia 2006-2015 en particular, en lo
referente a los vuelos espaciales tripulados.
Más aún, se afirmó que la estrategia de la Corporación Energia,
no aportaba en general al logro de los objetivos planteados a la cosmonáutica
nacional. Fundamentalmente en asuntos relacionados con la creación de nuevos
sistemas de transporte espacial de uso múltiple, y los programas para
investigar la Luna y Marte.
Ahora, una vez consumada la destitución de Sevastiánov, es deplorable que
sus oponentes no estén en condiciones de explicar a la opinión pública la
situación en torno a la fabricación de la nave espacial tripulada Kliper,
y en general, de lo que se está haciendo en el país para la creación de naves
espaciales destinadas al transporte de cosmonautas.
"Si no continúa el trabajo para la creación de nuevas naves espaciales,
Rusia puede quedar retrasada en el sector de la cosmonáutica tripulada frente
a Estados Unidos, China y los países de la Unión Europea. Dentro de siete
años, Estados Unidos ya habrá construido una nave nueva (Orión) un serio
competidor a nuestras naves Soyuz en el mercado mundial. Para ese
tiempo, podremos quedar substancialmente rezagados en tecnologías de ese
tipo", había señalado antes Sevastiánov.
Precisamente para resolver ese problema, la corporación Energía en su
mayor parte, con recursos propios, concluyó en la fase de diseño el proyecto
para construir la nave Kliper, un programa que hasta hace poco tiempo
tuvo el respaldo de Roscomos. Además, Kliper fue la mejor
carta de presentación de la industria espacial rusa en exposiciones
aeroespaciales internacionales de renombre, entre ellas, la reciente
exhibición rusa MAKS-2005.
Ahora, en lugar de un programa que estaba a punto de ponerse en marcha, y
que según Sevastiánov, fue el motivo de su destitución, por centésima vez en
Rusia se propone modernizar las naves tripuladas Soyuz, aparatos con
al menos cincuenta años de antigüedad.
"Pienso que próximamente determinaremos los parámetros de la nueva nave
tripulada rusa, y en el curso de año, presentaremos una propuesta a
Roscomos", dijo el pasado 31 de julio Vitali Lópot, recién nombrado
presidente de la corporación Energía.
Entre otras cosas, Lópot no dijo nada nuevo, ese tipo de declaraciones
ambiguas se han pronunciado muchas veces de manera oficial. Lo más notable,
fueron sus declaraciones con respecto al futuro del proyecto Kliper.
"Puedo informarles que el Kliper no lo exhibiremos más (en el
salón aeroespacial MAKS 2007), en los próximos meses analizaremos
detalladamente ese proyecto promovido en su tiempo por uno de los antiguos
dirigentes de Energia, Yuri Semiónov" (el presidente que sustituyó
Sevastiánov).
Esas declaraciones dan la impresión de que se intenta presentar el
Kliper, un programa absolutamente moderno, como un proyecto caduco. En
este caso tampoco es comprensible, ¿Cómo pueden presentarse tecnologías de más
de medio siglo de antigüedad (las naves Soyuz) como si fuesen la
innovación más reciente?
A propósito, Energía dirige el funcionamiento del segmento ruso en la
Estación Espacial Internacional (EEI) y en cooperación con otras empresas
vinculadas a la NASA estadounidense, a la Agencia Espacial Europea y a otros
países, coordina este programa internacional espacial de perspectivas
excepcionales.
Desde el punto de vista de la participación rusa en el programa EEI, no
está claro de qué manera Roscomos planea explotar la plataforma
espacial únicamente con ayuda de las naves tripuladas Soyuz y los
cargueros autónomos Progress.
No es un secreto que los estadounidenses están a punto de suspender buena
parte de sus actividades en la EEI, y que también estudian planes para
desarrollar investigaciones específicas en la EEI mediante misiones únicas,
lo que excluye la necesidad de hacer vuelos regulares a la órbita. Tendremos
mucha suerte si nuestros colegas estadounidenses cumplen sus promesas y
garantizan hasta 2010 la cantidad necesaria de vuelos de sus transbordadores
para concluir la construcción de la EEI. Una vez concluya ese plazo, los
transbordadores estadounidenses pasarán a la historia para dejar el paso
libre, y lo más importante - dinero disponible para realizar el nuevo sueño
norteamericano- de nuevo alcanzar la Luna, y de todas maneras, volar a Marte.
Desde cualquier punto de vista, se pueden o no criticar los planes de
nuestros socios de la Nasa, y también refutar las controvertidas tesis de
Sevastiánov relacionadas con la explotación de los recursos minerales de la
Luna. Pero con esas críticas Rusia no tendrá una nueva nave espacial tripulada
y mucho menos la seguridad de que podrá explotar tecnológicamente y concluir
la construcción del complejo orbital.
Por su puesto que es posible adoptar posturas pasivas y alardear con la
cantidad de cohetes espaciales lanzados cada año, y fijar los planes de las
investigaciones científicas en dependencia del número de turistas deseosos de
dar un paseo a la EEI. Pero no queda claro si la cosmonáutica rusa
tendrá o no perspectivas en el futuro.