(IAR-Noticias) 27-Julio-07
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Putin, Bush, y el escenario de la
nueva "guerra fría" |
Londres, Washington y Moscú aparecen envueltos en juegos de
espionaje, amenaza y demostraciones de fuerza que simulan una Guerra
Fría de baja intensidad.
Por Oscar Raúl Cardoso
- Clarín
Es casi imposible no asociar la coincidencia de fechas y
deslizarse al simbolismo. Hace exactamente 60 años la publicación
Foreign Affairs --uno de los medios académicos más influyentes en las
relaciones internacionales-- publicaba un artículo, "Las fuentes de la
conducta soviética", con un enigmático "señor X" como firma responsable.
En el número de julio de aquel año el diplomático George Kennan, que por
su posición no podía llevarse el crédito intelectual por el ensayo, fijó
las bases de lo que sería la política de su país, y en buena medida de
buena parte de Occidente, cuando recomendó en el texto ejercer "una
contención de largo plazo, paciente pero firme y vigilante de las
tendencias expansivas rusas".
La doctrina Truman, la garantía de asistencia a Grecia y Turquía, países
ambos amenazados por un posible vuelco al comunismo, resultó la primera
manifestación de que la visión de Kennan se estaba convirtiendo en
política de Estado.
Veamos lo del simbolismo. La próxima edición de Foreign Affairs--setiembre/octubre-- llevará noticia sobre la decisión de último momento
del actual canciller ruso, Sergey Lavrov, de desautorizar la
publicación de un ensayo de su autoría ("¿Contener a Rusia? De regreso
al futuro") con la excusa de que los editores quisieron alterar su
contenido, algo que estos desmienten. Lo central no es lo anecdótico de la
disputa, sino que la tesis central del artículo de Lavrov es que EE.UU. e
Inglaterra están practicando aun esa política de "contención" como si la
Guerra Fría estuviese viva, o a punto de resucitar.
El episodio es ilustrativo en especial esta semana, cuando Londres y Moscú
parecen empeñados en escalar una disputa bilateral sobre la extradición de
un agente de seguridad ruso, Andrei Lugovoi, acusado de asesinar en
territorio inglés a un compatriota exiliado que se caracterizó por ser
un enconado opositor al presidente Vladimir Putin. Las características
cinematográficas de ese asesinato--el envenenamiento de Alexander Litvinenko con polonio 210, un isótopo radioactivo-- han potenciado sus
ondas expansivas públicas y ya hay quien lo define como el primer ataque
terrorista nuclear, aunque en una escala individual.
Cuatro diplomáticos rusos fueron expulsados por Londres y Moscú respondió
con otras tantas de ingleses en su suelo. Pero, además, Putin le agregó
algo de especias al cocido de conflicto; suspendió procesos de visado y
volvió a amagar con alterar la pertenencia de Rusia a otros tratados
internacionales que, desde los días pasados de la URSS, regulan la
seguridad internacional. Ya lo hizo con el Tratado de Fuerzas
Convencionales de 1990, denunciado por Moscú hace pocos días, que
establecía límites para Rusia y la OTAN en su emplazamiento de tanques,
regimientos y aviones desde el Atlántico a los Urales.
La OTAN está construyendo bases--por ahora anunciadas sólo como de
entrenamiento-- en dos ex asociados soviéticos Bulgaria y Rumania. Es por
eso que el gesto de Putin no es sólo teatral; en cinco meses, plazo fijado
para salir del tratado, Moscú podría emplazar capacidad militar
para responder a estas construcciones, aduciendo --como hace ahora-- que hay
en marcha un intento no declarado por sofocar a Rusia. Si se piensa,
además, en la posible instalación de un sistema antimisiles
estadounidenses en la República Checa --proyecto que George W. Bush
promueve y al que Putin se opone con fervor-- los ángulos potencialmente
críticos se multiplican. ¿Es inevitable este curso?
En el artículo no publicado --cuyo texto puede hallarse en el sitio de
Internet del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa--, Lavrov se pregunta: "¿Qué es lo que un regreso de la contención busca
lograr en un momento en que Rusia ha abandonado la ideología y las
aspiraciones imperiales a favor del pragmatismo y el sentido común?
¿Cuál es el propósito de contener a un país que se está desarrollando
exitosamente y, de este modo, fortaleciendo su posición internacional?"
Lo de Lavrov tiene sentido. Rusia es hoy un modelo de economía exitosa
propulsada a petrodólares con las mayores reservas internacionales
comprobadas de hidrocarburos y una fuerza a ser reconocida como tal en su
región y no sólo por su arsenal nuclear, único comparable al de Estados
Unidos.
Hay más de un indicio de que Washington no ha terminado de aceptar el
final de la Guerra Fría ni puede digerir la creciente influencia
internacional de países como Rusia y China. Pero Putin juega también
en un estilo que traiciona lo que aun guarda en la memoria de los tiempos
de la bipolaridad excluyente.
Los puñetazos sobre la mesa global que ha dado en los últimos tiempos,
desde el amago de restringir sus ventas de petróleo a Europa, pasando por
la revisión de tratados, también tiene en cuenta el debilitamiento
parcial de Estados Unidos en territorio europeo --para poder atender
sus guerras en Asia-- y la vieja táctica soviética de intentar abrir
espacios de disenso entre Washington y sus socios de la Unión Europea.
No conviene sobrevaluar estos signos porque ni la Guerra Fría puede
realmente regresar, ni los protagonistas de la historia pueden
desembarazarse del otro. Pero conviene recordar que, mucho antes de la
implosión soviética en 1991, Kennan se quejó de que su trabajo hubiese
sido mal interpretado. La contención no podía ser interpretada como
estar en un pie de guerra permanente, dijo, y nunca puede reemplazar a la
"cooperación internacional".
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