"nunca vacilaremos en la persecución de
Al Qaeda".
Bajo una intensa lluvia, Obama
declaró su compromiso de proteger la seguridad de EEUU y sus ciudadanos y luchar
contra los responsables de los ataques terroristas. "Vamos a ser fuertes",
aseguró el mandatario. "Una vez más nos detenemos y volvemos a rezar como una
nación", dijo. "No sólo debemos permanecer unidos ante el dolor sino en
nuestra resolución de luchar por el país que amamos".
Veinticuatro horas antes, el
gerente de turno del Imperio había
prolongado el estado de "emergencia nacional contra el terrorismo" con
motivo del atentado del 11 de septiembre de 2001, del que ya se han
cumplido ocho años, argumentando la continua "amenaza de ataques"
contra el país norteamericano.
Bush y el lobby judío de halcones
neocon, edificaron consenso y apoyo interno agitando y denunciando el peligro
del "terrorismo islámico" como amenaza permanente a la "seguridad
nacional" de EEUU. Dentro de esa bolsa metían a todos los que se le oponían.
Obama y el lobby judío liberal que lo
secunda parecen iniciar otra práctica no menos peligrosa: El peligro acechante
de la "derecha antisemita" que amenaza con el odio racial y la
desintegración social de EEUU.
La
estrategia no es nueva: Durante la pasada campaña electoral que lo consagró
presidente de EEUU, Obama denunció en varias oportunidades potenciales ataques
supuestamente planeados por grupos "extremistas de derecha" orientados a la
persecución racial.
Como señalan los adoradores de
Maquiavelo: Si no hay enemigo ni peligro a la vista, hay que inventarlo para
generar consenso.
En abril de este año y mediante
documentos difundidos por el FBI y la comunidad de inteligencia, la
"guerra contraterrorista" de Bush se complementó en lo interno con la
figura del "terrorismo antisemita".
El Departamento de Seguridad Interior
comparó la situación actual con la década de los noventa, "cuando el
radicalismo de extrema derecha experimentó un alza alimentado por la recesión
económica, la externalización de los trabajos y la percepción de que la
fuerza y la soberanía estadounidense estaba siendo amenazada por potencias
extranjeras".
El informe del Departamento de
Seguridad definió ese extremismo como procedente de de "grupos racistas y
antisemitas" que desafían la autoridad federal.
A sólo cuatro semanas del "documento
de advertencia" , el FBI "materializó la amenaza (hizo aparecer el "peligro")
anunciando el miércoles 20 de mayo pasado, que fueron detenidas cuatro personas
sospechadas de planear atentados contra objetivos militares y un
templo judío en Nueva York.
En otras palabras, a diferencia de
Bush, que inventaba conspiraciones con el "terrorismo islámico" para perseguir y
espiar a sus enemigos internos, el equipo de Obama ha preparado el terreno para la
utilización de la conspiración de "derecha" antisemita con el mismo objetivo.
Cerrando la operación de inteligencia
oficial con el "nuevo terrorismo", la Casa Blanca a través de sus voceros ya
expresó reiteradamente su "preocupación" por que este descontento se traduzca
en una "ola de antisemitismo", ya que -señala- algunos de los grupos
violentoss culpan a los judíos de la recesión económica, o que el descontento
con la actual administración se canalice hacia la agresividad en la calle.
Finalmente, en Washington todo
se recicla, cambian las formas pero quedan los contenidos, cambian los
discursos pero las políticas imperiales son las mismas, el Imperio dice
renovarse pero lo único que se renuevan (cada cuatro años) son las esperanzas de
los votantes norteamericanos.
Todo nace, se desarrolla y muere, se
van los halcones y vienen los demócratas, se va el lobby judío militarista, y
viene el lobby judío bancario, llega la "democracia multilateralista", pero
quedan las bases militares y el despliegue planetario de los cinco comandos
nucleares USA.
Como lo fue Clinton, como lo fue Bush,
Barack Obama, más allá de sus discursos "progresistas", es sólo la pieza
ejecutora de intereses estratégicos metidos en un tablero global (el poder
imperial USA ) que excede las voluntades personales de los eventuales
gerentes de turno en la Casa Blanca.
Se fue la "burbuja" y vino la crisis,
se termina la euforia económica pero queda el dólar, se fue Bush, y vino Obama,
se desmorona la popularidad de Obama y ¿viene Al Qaeda en su rescate?.
¿Presenciaremos nuevos ataques a
terroristas en EEUU y en Europa? Las proyecciones lógicas y estadísticas indican
que sí: La primera potencia imperial necesita un nuevo 11-S (tal vez
financiero) para reposicionar sus estrategias militares y recuperar hegemonía
económica.
Para los expertos es solo una
cuestión de tiempo: Obama, con discursos como el pronunciado en China, lo está
anticipando.