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CONTRAINFORMACION

 

NORTEAMERICA  

 

El Imperio siempre se renueva

Crisis y colapso USA: Obama ya piensa en Al Qaeda

 
 

 (IAR Noticias) 13-Septiembre-09

Finalmente en Washington todo se recicla, cambian las formas pero quedan los contenidos, cambian los discursos pero las políticas imperiales son las mismas, el Imperio dice renovarse pero lo único que se renuevan (cada cuatro años) son las esperanzas de los votantes norteamericanos, todo nace, se desarrolla y muere, se van los halcones y vienen los demócratas, se va el lobby judío militarista, y viene el lobby judío bancario, llega la "democracia multilateralista", pero quedan las bases militares y el despliegue planetario de los cinco comandos nucleares, se fue la "burbuja" y vino la crisis, se termina la euforia económica pero queda el dólar, se fue Bush, y vino Obama, se desmorona la popularidad de Obama y ¿viene Al Qaeda en su rescate?.

Por Manuel Freytas (*)
manuelfreytas@iarnoticias.com
Informe especial

Hace siete meses, con el acceso de Barack Obama a la presidencia de EEUU, se desarrolló una campaña mediática destinada a hacer creer a las mayorías mundiales que la primera potencia capitalista imperial, empantanada en Irak y Afganistán, con su sistema financiero pulverizado por la crisis y por una recesión económica de efectos imprevisibles, se podía recrear a sí misma generando nuevas expectativas y cambios "democráticos" de política a nivel mundial.

Hoy la imagen y la economía imperial de EEUU están colapsadas y en recesión, incluida la popularidad de su eventual gerente, Barack Obama, que en sólo siete meses de gestión (según coinciden todas las encuestas) bajó 22 puntos en la aceptación popular de su gobierno.

Tres claves signan el derrumbe de Obama en las encuestas: La crisis económica, los pantanos (con masacre) de Irak y Afganistán, y la incapacidad de su administración para manejar en forma expeditiva los diferentes frentes de conflicto geopolítico y militar estratégico que el Imperio mantiene a lo largo y a lo ancho del planeta, principalmente en Medio Oriente.

En el frente interno, acompañando el declive de Obama, la crisis económica (endeudamiento y baja de recaudación) de los estados agrava el desempleo (desocupación y recortes salariales) y extiende los "ajustes" salvajes (reducción de planes sociales) a todo el territorio de EEUU.

A este cuadro (producido por el costo de los "salvatajes" a bancos y empresas con dinero público) se suma otro dato: Los números en rojo del conjunto de las variables de la primera economía imperial invalidan -según estimaciones oficiales y de una mayoría abrumante de especialistas- cualquier hipótesis de recuperación inmediata de la crisis que ya ha devenido de económica a social.

La crisis social (consecuencia de la caída del consumo, los ajustes y los despidos laborales) comienza a perfilarse como un emergente inmediato de la crisis recesiva- laboral que detonó escalonadamente como consecuencia de la crisis financiera en EEUU.

Desde que estallara el colapso bancario y bursátil en septiembre de 2008, la primera economía imperial nunca pudo recuperarse, y finalmente la crisis de la "economía de papel" terminó impactando en la "economía real", con descenso del consumo popular, desocupación en masa y una suba descomunal del déficit fiscal como producto de los desembolsos estatales para rescatar bancos y empresas privadas.

Simultáneamente, el principal problema interno de la agenda de Obama, la economía real del Imperio colapsa en todas sus variables, y los sectores más desprotegidos sufren los "ajustes" mientras un colapso social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en la primera potencia capitalista.

Lo que parecía imposible ya está sucediendo: Las huelgas y los conflictos sociales se visualizan como el escenario inmediato (e indetenible) de los despidos en masa y ajustes sociales que se ensañan con los sectores laborales y sociales más desprotegidos de la primera potencia imperial.

La reforma de salud proyectada por Obama (su caballito de batalla electoral)  agoniza, y aviva el conflicto interno entre demócratas y republicanos que había tenido su primer detonante con el golpe de Estado en Honduras, que dividió al Imperio en un línea de apoyo al presidente derrocado (Zelaya) desde la Casa Blanca, y otra de claro sostenimiento del gobierno golpista por parte del Pentágono y de los republicanos conservadores

En el frente externo, la decisión de continuar la guerra contra el "terrorismo" (implantada como lógica de dominación militar y de conquista de mercados), la escalada militar y las masacres de civiles en Pakistán y Afganistán, la vuelta atrás en la investigación de las torturas de la CIA, la aplicación de las mismas políticas de Bush en Irán, en el Cáucaso y en Medio Oriente, la restauración de los juicios militares a "terroristas", y la re-militarización de América Latina, señalan con claridad el fracaso de la gestión de Obama en la Casa Blanca.

De acuerdo con lo que muchos ya llaman la "nueva doctrina Obama" (que en realidad es la vieja doctrina Bush), Washington sigue impulsando sus políticas de posicionamiento militar orientadas a controlar mercados y fuentes de energía y de recursos naturales en Asia, África y América Latina.

Durante sus primeros 90 días de gobierno, y mientras reafirmaba en sus discursos la "renuncia de EEUU a su rol de potencia imperial dominante", Barack Obama decidió profundizar la ocupación militar enviando más tropas a Afganistán, elevar el presupuesto militar estadounidense a niveles récord, e imponer (a través del G-20 y el FMI) un nuevo plan de endeudamiento para hacer pagar la crisis financiera imperial a los pueblos de Asia, África y América Latina.

Los sucesivos fracasos para imponer sus programas, tanto en política interna como externa, golpearon con dureza su imagen pública, mientras que las críticas (por distintas razones) a su gestión llueven tanto desde el sector republicano como desde el Partido Demócrata, cuyos principales líderes también lo cuestionan por la falta de resultados de sus decisiones.

La respuesta a estas políticas la dieron las encuestas: Mediciones de Gallup y de Zogby Interactive revelan que el presidente sólo cuenta ahora con menos del 50% de aprobación popular. Obama viene precipitándose en una pronunciada caída desde que ingresó a la Casa Blanca con un espectacular apoyo del 70% de la opinión pública.

En abril los sondeos le adjudicaron un 67%, luego en julio 63% y las recientes encuestas de CNN, ABC,  otras conocidas cadenas, le adjudican una media situada en un 50%. 

El 20 de agosto la agencia Gallup y el diario USA Today, publicaron una medición indicando que un 57% de la población estadounidense opina que el plan de salvataje de empresas y bancos y de reactivación de la economía emprendido por Obama y su administración ha fracasado.

Solamente los presidentes Gerald Ford, Ronald Reagan y Bill Clinton vieron caer su prestigio entre el electorado a tan bajo nivel durante sus primeros meses en la Casa Blanca.

En suma, el imperio estadounidense sufre por estas horas lo que podría denominarse con propiedad un multi-colapso generalizado de su agenda de poder mundial: Todo está en crisis y en decadencia en la primera potencia capitalista, incluido su gerente de turno, Barack Obama, que en 180 días de gestión (6 meses) no ha conseguido imponer ni uno solo de los puntos contenidos en sus promesas electorales del "sueño americano" en democracia.

Y ahora ¿Quién podrá salvarme?

Eran las 8.46 de la mañana del viernes11 de septiembre cuando el presidente Barack Obama comparecía en los jardines de la Casa Blanca y conmemoraba el momento en el que el primer avión impactaba contra la torre norte del World Trade Center en Nueva York. "Nunca vacilaremos en la persecución de Al Qaeda", aseguró invocando los fantasmas de la "guerra contraterrorista".

Bajo una intensa lluvia, Obama (con Bush reencarnado en su espíritu) declaró su compromiso de proteger la seguridad de EEUU y sus ciudadanos y luchar contra los responsables de los ataques terroristas. "Vamos a ser fuertes", aseguró el mandatario. "Una vez más nos detenemos y volvemos a rezar como una nación", dijo.  "No sólo debemos permanecer unidos ante el dolor sino en nuestra resolución de luchar por el país que amamos".

Veinticuatro horas antes, el gerente de turno del Imperio había prolongado el estado de "emergencia nacional contra el terrorismo" con motivo del atentado del 11 de septiembre de 2001, del que el viernes se cumplieron ocho años, argumentando  la continua "amenaza de ataques" contra el país norteamericano.

"Dado que la amenaza terrorista sigue vigente, el Gobierno y las autoridades hemos decidido que el estado de emergencia debe continuar más allá del 14 de septiembre de este año", declaró el gerente de la Casa Blanca en un comunicado.

Para los expertos, Obama, igual que Bush en el 2001, había invocado al Chapulín Colorado en el momento justo.

Antes del atentado del 11-S, Bush (al igual que Obama hoy) enfrentaba una crisis económica y venía con su popularidad en picada.

Hace 8 años, el 11 de septiembre de 2001, con el estallido de las Torres Gemelas en Nueva York, el planeta descubría dos actores y dos palabras solo conocidas hasta entonces por los especialistas:Terrorismo y Al Qaeda.

Los tres mil estadounidenses muertos en las Torres sirvieron (como herramienta) para activar un fenómeno por entonces desconocido del control político y social: La guerra psicológica con el terrorismo.

Se comprobó que las operaciones terroristas con Al Qaeda, con sólo cuatro bombas detonadas sincronizadamente a distancia (como ocurrió en Londres) podían multiplicar infinitamente (casi como una bomba nuclear) los efectos psicológicos de la destrucción por medio de la difusión mediática manipulada y nivelada masivamente para todo el planeta.

Todo el proceso de terrorismo mediático con Al Qaeda y Bin Laden , desde el 11-S en adelante, se desarrolló en los medios de comunicación, principalmente en las cadenas televisivas, que trasmitían en vivo las imágenes de destrucción que a través de un ida y vuelta -feed baack- generaban masivamente la psicosis terrorista a escala planetaria.

Sin la "globalización de la imagen", hubiera sido imposible la aparición de la figura de Bin Laden como el mítico "enemigo número uno de la humanidad" tras la voladura de las Torres Gemelas, iniciando así la era de la utilización del terrorismo mediatizado como estrategia y nuevo sistema avanzado de manipulación y control social.

 

Desde el 11-S, el proceso de "miedo al terrorismo" es alimentado a su vez por las grandes agencias y cadenas internacionales que se encargan de difundir por todo el planeta, y como si fuera una novela de espionaje, versiones, trascendidos, comunicados, cartas, videos con  nuevas amenazas, "información secreta" sobre grupos terroristas, pistas "árabes", etc., etc., cuya usina matriz, en la mayoría de los casos, se encuentra en los sótanos de planificación de la CIA o del resto de la estructura de inteligencia norteamericana, o israelí.

Durante ocho años de gestión, Bin Laden y Al Qaeda se convirtieron casi en una "herramienta de Estado" para Bush y los halcones neocon que convirtieron al "terrorismo" ( y a la "guerra contraterrorista") en su principal estrategia de conquista de mercados y de supervivencia en el poder.

En un planeta sin guerras inter-capitalistas, ya casi sin conflictos armados (al margen de Irak, Afganistán y Medio Oriente), la leyenda de Bin Laden y el "terrorismo internacional" sirvió (y sirve) para alimentar y justificar las estrategias expansionistas del Imperio norteamericano, para crear nuevos y potenciales mercados a la trasnacionales capitalistas de EEUU y Europa, y para mantener en funcionamiento a los complejos militares industriales que han encontrado en la "guerra contraterrorista" su nueva tajada ganancial en el  negocio armamentista

Hay suficientes pruebas históricas en la materia: El 11-S sirvió de justificación para las invasiones de Irak y Afganistán, el 11-M en España preparó la campaña de reelección de Bush y fue la principal excusa para que EEUU impusiera en la ONU la tesis de "democratización" de Irak legitimando la ocupación militar, el 7-J en Londres y las sucesivas oleadas de "amenazas" y "alertas rojas" le sirvieron a Washington para instaurar el "terrorismo" como primera hipótesis de conflicto mundial, e imponer a Europa los "planes contraterroristas" hoy institucionalizados a escala global.

Y hay un dato clave: Si se detuviera la industria y el negocio armamentista centralizado alrededor del combate contra el "terrorismo" (alimentado por un presupuesto militar de US$ 730.000 millones) terminaría de colapsar la economía norteamericana que hoy se encuentra en una crisis financiera-recesiva de características inéditas.

El viernes, Obama, cabizbajo, derrumbado en las encuestas, presionado por amigos y enemigos, con el Imperio colapsando por adentro y por afuera, invocó la frase mágica: "Nunca vacilaremos en la persecución de Al Qaeda".

La idea ya fue tirada: Ahora falta que la CIA se ocupe (como siempre) de los acontecimientos. El Imperio siempre se renueva.

                            ******

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google y en IAR Noticias

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