Hace
siete meses, con el acceso de Barack Obama a la presidencia de EEUU, se
desarrolló una campaña mediática destinada a hacer creer a las mayorías
mundiales que la primera potencia capitalista imperial, empantanada en Irak y
Afganistán, con su sistema financiero pulverizado por la crisis y por una
recesión económica de efectos imprevisibles, se podía recrear a sí misma
generando nuevas expectativas y cambios "democráticos" de política a nivel
mundial.
Hoy la
imagen y la economía imperial de EEUU están colapsadas y en recesión, incluida
la popularidad de su eventual gerente, Barack Obama, que en sólo siete meses de
gestión (según coinciden todas las encuestas) bajó 22 puntos en la aceptación
popular de su gobierno.
Tres claves signan el derrumbe de
Obama en las encuestas: La crisis económica, los pantanos (con masacre) de
Irak y Afganistán, y la incapacidad de su administración para manejar en forma
expeditiva los diferentes frentes de conflicto geopolítico y militar estratégico
que el Imperio mantiene a lo largo y a lo ancho del planeta, principalmente en
Medio Oriente.
En el frente interno, acompañando el
declive de Obama, la crisis económica (endeudamiento y baja de recaudación) de
los estados agrava el desempleo (desocupación y recortes salariales) y
extiende los "ajustes" salvajes (reducción de planes sociales) a todo el
territorio de EEUU.
A este cuadro (producido por el costo
de los "salvatajes" a bancos y empresas con dinero público) se suma otro dato:
Los números en rojo del conjunto de las variables de la primera economía
imperial invalidan -según estimaciones oficiales y de una mayoría abrumante de
especialistas- cualquier hipótesis de recuperación inmediata de la crisis que ya
ha devenido de económica a social.
La crisis social (consecuencia
de la caída del consumo, los ajustes y los despidos laborales) comienza a
perfilarse
como un emergente inmediato de la crisis recesiva- laboral que detonó
escalonadamente como consecuencia de la crisis financiera en EEUU.
Desde que estallara el colapso
bancario y bursátil en septiembre de 2008, la primera economía imperial nunca
pudo recuperarse, y finalmente la crisis de la "economía de papel"
terminó impactando en la "economía real", con descenso del consumo
popular, desocupación en masa y una suba descomunal del déficit fiscal como
producto de los desembolsos estatales para rescatar bancos y empresas privadas.
Simultáneamente, el principal
problema interno de la agenda de Obama, la economía real del Imperio colapsa
en todas sus variables, y los sectores más desprotegidos sufren los
"ajustes" mientras un colapso social, todavía de efectos imprevisibles,
asoma de la mano de los despidos masivos en la primera potencia capitalista.
Lo que parecía imposible ya está
sucediendo: Las huelgas y los conflictos sociales se visualizan como el
escenario inmediato (e indetenible) de los despidos en masa y ajustes sociales
que se ensañan con los sectores laborales y sociales más desprotegidos de la
primera potencia imperial.
La reforma de salud proyectada por
Obama (su caballito de batalla electoral) agoniza, y aviva el conflicto
interno entre demócratas y republicanos que había tenido su primer detonante
con el golpe de Estado en Honduras, que dividió al Imperio en un línea de
apoyo al presidente derrocado (Zelaya) desde la Casa Blanca, y otra de claro
sostenimiento del gobierno golpista por parte del Pentágono y de los
republicanos conservadores
En el frente externo, la decisión de
continuar la guerra contra el "terrorismo" (implantada como lógica de
dominación militar y de conquista de mercados), la escalada militar y las
masacres de civiles en Pakistán y Afganistán, la vuelta atrás en la
investigación de las torturas de la CIA, la aplicación de las mismas políticas
de Bush en Irán, en el Cáucaso y en Medio Oriente, la restauración de los
juicios militares a "terroristas", y la re-militarización de América Latina, señalan con claridad el fracaso de la gestión de Obama en la Casa Blanca.
De
acuerdo con lo que muchos ya llaman la "nueva doctrina Obama" (que en
realidad es la vieja doctrina Bush), Washington sigue impulsando sus políticas
de posicionamiento militar orientadas a controlar mercados y fuentes de energía
y de recursos naturales en Asia, África y América Latina.
Durante sus primeros 90 días de gobierno, y mientras reafirmaba en sus discursos
la "renuncia de EEUU a su rol de potencia imperial dominante", Barack
Obama decidió profundizar la ocupación militar enviando más tropas a
Afganistán, elevar el presupuesto militar estadounidense a niveles récord, e
imponer (a través del G-20 y el FMI) un nuevo plan de endeudamiento para hacer
pagar la crisis financiera imperial a los pueblos de Asia, África y América
Latina.
Los sucesivos fracasos para imponer
sus programas, tanto en política interna como externa, golpearon con dureza su
imagen pública, mientras que las críticas (por distintas razones) a su gestión
llueven tanto desde el sector republicano como desde el Partido Demócrata, cuyos
principales líderes también lo cuestionan por la falta de resultados de sus
decisiones.
La
respuesta a estas políticas la dieron las encuestas:
Mediciones de Gallup y de Zogby
Interactive revelan que el presidente sólo cuenta ahora con menos del 50% de
aprobación popular. Obama viene precipitándose en una pronunciada caída desde
que ingresó a la Casa Blanca con un espectacular apoyo del 70% de la opinión
pública.
En abril los sondeos le adjudicaron
un 67%, luego en julio 63% y las recientes encuestas de CNN, ABC, otras
conocidas cadenas, le adjudican una media situada en un 50%.
El 20 de agosto la agencia Gallup
y el diario USA Today, publicaron una medición indicando que un 57% de la
población estadounidense opina que el plan de salvataje de empresas y bancos y
de reactivación de la economía emprendido por Obama y su administración ha
fracasado.
Solamente los presidentes Gerald Ford,
Ronald Reagan y Bill Clinton vieron caer su prestigio entre el electorado a
tan bajo nivel durante sus primeros meses en la Casa Blanca.
En suma, el imperio estadounidense
sufre por estas horas lo que podría denominarse con propiedad un multi-colapso
generalizado de su agenda de poder mundial: Todo está en crisis y en
decadencia en la primera potencia capitalista, incluido su gerente de turno, Barack Obama, que en 180 días de gestión (6 meses) no ha conseguido imponer ni
uno solo de los puntos contenidos en sus promesas electorales del "sueño
americano" en democracia.
Y ahora
¿Quién podrá salvarme?
Eran las 8.46 de la mañana del
viernes11 de septiembre cuando el presidente Barack Obama comparecía en los
jardines de la Casa Blanca y conmemoraba el momento en el que el primer avión
impactaba contra la torre norte del World Trade Center en Nueva York. "Nunca
vacilaremos en la persecución de Al Qaeda", aseguró invocando los fantasmas
de la "guerra contraterrorista".
Bajo una intensa lluvia, Obama (con
Bush reencarnado en su espíritu) declaró su compromiso de proteger la seguridad
de EEUU y sus ciudadanos y luchar contra los responsables de los ataques
terroristas. "Vamos a ser fuertes", aseguró el mandatario. "Una vez más nos
detenemos y volvemos a rezar como una nación", dijo. "No sólo debemos
permanecer unidos ante el dolor sino en nuestra resolución de luchar por el país
que amamos".
Veinticuatro horas antes, el
gerente de turno del Imperio había prolongado el estado de "emergencia nacional contra el
terrorismo" con motivo del atentado del 11 de septiembre de 2001,
del que el viernes se cumplieron ocho años, argumentando la continua "amenaza
de ataques" contra el país norteamericano.
"Dado que la amenaza terrorista sigue vigente, el Gobierno y las autoridades
hemos decidido que el estado de emergencia debe continuar más allá del 14 de
septiembre de este año", declaró el gerente de la Casa Blanca en un comunicado.
Para
los expertos, Obama, igual que Bush en el 2001, había invocado al Chapulín
Colorado en el momento justo.
Antes del atentado del 11-S, Bush (al igual que Obama hoy) enfrentaba una crisis
económica y venía con su popularidad en picada.
Hace
8 años, el 11 de septiembre de 2001, con el estallido de las Torres Gemelas en
Nueva York, el planeta descubría dos actores y dos palabras solo conocidas hasta
entonces por los especialistas:Terrorismo y Al Qaeda.
Los
tres mil estadounidenses muertos en las Torres sirvieron (como herramienta) para
activar un fenómeno por entonces desconocido del control político y social: La
guerra psicológica con el terrorismo.
Se comprobó que las
operaciones terroristas con Al Qaeda, con sólo cuatro bombas detonadas
sincronizadamente a distancia (como ocurrió en Londres) podían multiplicar
infinitamente (casi como una bomba nuclear) los efectos psicológicos de la
destrucción por medio de la difusión mediática manipulada y nivelada
masivamente para todo el planeta.
Todo el proceso de
terrorismo mediático con Al Qaeda y Bin Laden , desde el 11-S en adelante, se
desarrolló en los medios de comunicación, principalmente en las cadenas
televisivas, que trasmitían en vivo las imágenes de destrucción que a través de
un ida y vuelta -feed baack- generaban masivamente la psicosis terrorista a
escala planetaria.
Sin la
"globalización de la imagen", hubiera sido imposible la aparición de la
figura de Bin Laden como el mítico "enemigo número uno de la humanidad" tras la
voladura de las Torres Gemelas, iniciando así la era de la utilización del
terrorismo mediatizado como estrategia y nuevo sistema avanzado de manipulación
y control social.
Desde el 11-S, el
proceso de "miedo al terrorismo" es alimentado a su vez por las grandes
agencias y cadenas internacionales que se encargan de difundir por todo el
planeta, y como si fuera una novela de espionaje, versiones,
trascendidos, comunicados, cartas, videos con nuevas amenazas, "información
secreta" sobre grupos terroristas, pistas "árabes", etc., etc., cuya usina
matriz, en la mayoría de los casos, se encuentra en los sótanos de planificación
de la CIA o del resto de la estructura de inteligencia norteamericana, o
israelí.
Durante ocho años de gestión, Bin
Laden y Al Qaeda se convirtieron casi en una "herramienta de Estado" para
Bush y los halcones neocon que convirtieron al "terrorismo" ( y a la "guerra
contraterrorista") en su principal estrategia de conquista de mercados y de supervivencia en el poder.
En un planeta sin guerras inter-capitalistas,
ya casi sin conflictos armados (al margen de Irak, Afganistán y Medio Oriente),
la leyenda de Bin Laden y el "terrorismo internacional" sirvió (y sirve) para
alimentar y justificar las estrategias expansionistas del Imperio
norteamericano, para crear nuevos y potenciales mercados a la trasnacionales
capitalistas de EEUU y Europa, y para mantener en funcionamiento a los complejos
militares industriales que han encontrado en la "guerra contraterrorista"
su nueva tajada ganancial en el negocio armamentista
Hay suficientes pruebas históricas
en la materia: El 11-S sirvió de justificación para las invasiones de
Irak y Afganistán, el 11-M en España preparó la campaña de reelección de
Bush y fue la principal excusa para que EEUU impusiera en la ONU la tesis de
"democratización" de Irak legitimando la ocupación militar, el 7-J en
Londres y las sucesivas oleadas de "amenazas" y "alertas rojas" le
sirvieron a Washington para instaurar el "terrorismo" como primera hipótesis de
conflicto mundial, e imponer a Europa los "planes contraterroristas" hoy
institucionalizados a escala global.
Y hay un dato clave: Si
se detuviera la industria y el negocio
armamentista centralizado alrededor del combate contra el "terrorismo"
(alimentado por un presupuesto militar de US$ 730.000 millones) terminaría de
colapsar la economía norteamericana que hoy se encuentra en una crisis
financiera-recesiva de características inéditas.
El viernes, Obama, cabizbajo,
derrumbado en las encuestas, presionado por amigos y enemigos, con el Imperio
colapsando por adentro y por afuera, invocó la frase mágica: "Nunca
vacilaremos en la persecución de Al Qaeda".
La idea ya fue tirada: Ahora falta
que la CIA se ocupe (como siempre) de los acontecimientos. El Imperio siempre
se renueva.
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(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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