Según
la información oficial, un hombre de 88 años de edad, supuestamente afiliado a
grupos racistas, ingresó el miércoles con un arma al Museo del Holocausto
en Washington (situado a unos 500 metros de la Casa Blanca) y mató a un
guardia, sembrando el pánico en el corazón de la capital estadounidense
El incidente, sirvió para reinstalar
el miedo colectivo y confirmar los informes del espionaje USA que viene
advirtiendo en varios documentos sobre un "rebrote antisemita" de la
mano de la derecha racista blanca.
El Departamento de Seguridad Nacional
USA, hoy en manos de Obama, advirtió en un
informe, publicado el 14 de abril, sobre un supuesto auge de los grupos de "extrema derecha" a raíz de la crisis
financiera internacional y de la elección como presidente de Barack Obama.
El documento del Departamento de
Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) filtrado a la prensa advertía
sobre el creciente peligro de las llamadas "milicias de ciudadanos soberanos",
también conocidas como grupos supremacistas blancos.
El informe se elaboró en cooperación con el FBI y fue
difundido entre las autoridades locales y estatales bajo el título de "Extremismo de
extrema derecha: el clima económico y político actual favorecer la
radicalización y el reclutamiento".
De acuerdo con el documento,
situaciones tales como el desempleo "podrían crear un entorno favorable al
reclutamiento para los grupos extremistas e incluso derivar en enfrentamientos
entre estas facciones y las autoridades".
La estrategia -según los expertos-
parece responder a una necesidad de complementar en un solo paquete operativo el
"peligro islámico" con el "peligro antisemita" y exportarlo a escala
planetaria como una nueva hipótesis de conflicto que recree -como principal
bandera de consenso internacional- la amenaza de un "nuevo Holocausto judío"
por medio de atentados biológicos, químicos o explosivos.
El Departamento de Seguridad Interior compara la situación actual con la década
de los noventa, "cuando el radicalismo de extrema derecha experimentó un alza
alimentado por la recesión económica, la externalización de los trabajos y
la percepción de que la fuerza y la soberanía estadounidense estaba siendo
amenazada por potencias extranjeras".
El informe del Departamento de Seguridad define ese extremismo como procedente
de de "grupos racistas y antisemitas" que desafían la autoridad
federal.
El "análisis de inteligencia" fue
enviado a oficinas policiales de todo el país bajo el título: "Extremismo de
derecha: el actual clima económico y política alienta un aumento de la
radicalización y el reclutamiento".
Cerrando la operación de inteligencia oficial con el "nuevo terrorismo", la Casa
Blanca a través de sus voceros ya expresó su "preocupación" por que este
descontento se traduzca en una "ola de antisemitismo", ya que
-señala- algunos de los grupos violentos cculpan a los judíos de la recesión
económica, o que el descontento con la actual administración se canalice hacia
la agresividad en la calle.
Poco antes, en febrero pasado, el
Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y el
Departamento de Defensa habían iniciado una operación para "compartir
información sobre veteranos (...) cuyo involucramiento con grupos extremistas de
supremacistas blancos o milicias de ciudadanos soberanos implique un riesgo
de terrorismo doméstico".
En la misma orientación que el
informe del departamento de Seguridad, el FBI advertía que veteranos de
las guerras en Afganistán e Irak, frustrados por las malas condiciones
económicas encontradas a su regreso, podrían estar engrosando esos grupos. El
informe generó molestias entre grupos de ex militares y en colectivos de
derechos humanos.
Pese a la polémica y las dudas
expresadas por medios de prensa estadounidenses sobre la calidad de los datos de
inteligencia usada en el reporte, las autoridades aseguran que se ha registrado
"un incremento en el reclutamiento, las amenazas a los sistemas de comunicación
y la procura de armamento" por parte de estos grupos.
Lo paradójico -señala la cadena BBC-
es que, aunque la militancia supremacista de James Von Brunn (el atacante
solitario al Museo) era conocida para las autoridades, este hombre de 88 años,
veterano de la Segunda Guerra Mundial, no contaba con el perfil que tenían en
mente los analistas del FBI al identificar la amenaza de estos grupos,
considerados un verdadero "enemigo interior".
En realidad -añade la cadena británica- no se trata sólo de una "amenaza
blanca", porque hay grupos de negros, pandillas latinas, defensores
radicales de derechos de los aninmales, colectivos anti-aborto, entre otros, que
son considerados potencialmente peligrosos y violentos.
Todos son clasificados legalmente como "grupos de odio" cuyas acciones
generalmente equivalen a crímenes de discriminación, un fenómeno creciente en
EEUU.
Según el departamento de Seguridad,
también hay grupos neo-nazis, como el Movimiento Nacional Socialista, La Nación
Aria y la Alianza Nacional, junto a los racistas "cabezas rapadas" y bandas de
prisioneros "arios".
Muchos de estos grupos-señala el informe- tienen una organización paramilitar,
cuentan con importantes arsenales de armas ligeras y realizan entrenamientos en
zonas apartadas, aunque los presentan como jornadas de cacería o prácticas de
tiro deportivo.
Otros grupos supremacistas tienen un fundamento religioso, como la llamada
Identidad Cristiana o los místicos nórdicos, afirma el espeionaje USA.
En cuanto a su distribución geográfica, tradicionalmente los estados del sur y
del medio oeste estadounidense han sido la base del KKK, mientras que en el sur
de California se concentran los cabezas rapadas y en Missouri los grupos
cristianos radicales.
Aunque la actuación de los grupos
radicales no suele trascender la esfera de los desórdenes públicos o crímenes
individuales, como el cometido el miércoles en Washington, la CIA, el FBI y la
"comunidad de inteligencia" los relacionan con un "nuevo terrorismo"
capaz organizar atentados extremistas y hasta poner en riesgo la seguridad
nacional.
El plan con el "nuevo terrorismo"

A sólo cuatro semanas del "documento
de advertencia" en abril, el FBI "materializó
la amenaza (hizo aparecer el "peligro") anunciando el miércoles 20 de
mayo pasado, que fueron detenidas
cuatro personas sospechadas de planear atentados contra objetivos militares y un
templo judío en Nueva York.
Según la versión oficial, los cuatro
hombres fueron apresados por el FBI después de haber comprado misiles y material
explosivo falso de acuerdo con datos suministrado por un "infiltrado".
Según la investigación, planeaban
detonar un automóvil con explosivos plásticos frente a un templo judío en el
barrio de Riverdale, en el Bronx, y lanzar misiles tierra-aire Stinger a los
aviones militares de la base de la Guardia Nacional Aérea de Nueva York en el
aeropuerto Stewart en Newburgh, dijeron las autoridades.
Hasta aquí, el modus operandi
("descubrir el plan" antes de que suceda el atentado) es el mismo que vienen
practicando, desde el 11-S en adelante, la CIA y las agencias estadounidenses y
británicas para mantener "actualizadas" las amenazas del "terrorismo islámico"
en EEUU y Europa.
Pero el dato central que diferencia a
estas nuevas operaciones de reciclamiento del "miedo al terrorismo" consiste en
la inclusión de un templo judío dentro de los blancos fijados por los
supuestos "terroristas" detenidos.
El informe oficial consigna que en
abril de 2009, los acusados seleccionaron la sinagoga y el centro comunitario
judío como los objetivos principales de su ataque, además comenzaron a
vigilar y tomaron fotografías de aviones militares en la base militar del
aeropuerto de Stewart.
El fiscal del caso, Lev Dassin,
sostuvo que los acusados "querían cometer ataques terroristas antisemitas",
y que "seleccionaron y buscaron las armas necesarias para llevar a cabo sus
planes" .
"Este intento de atacar nuestras libertades, pone de manifiesto que las amenazas
a la seguridad son lamentablemente muy reales", señaló Michael Bloomberg,
alcalde judío de Nueva York.
La "acusación" oficial montada contra
los 4 "sospechosos" de planear el nuevo acto terrorista, contiene dos
ingredientes fundamentales: Una operación de terrorismo contra aviones en vuelo
(que recrea el miedo a "nuevo 11-S" en Nueva York) y un ataque contra un templo
judío (que confirma la "conspiración de la derecha antisemita" denunciada por le
Ministerio de Seguridad Interior en abril).
Bush y el lobby judío de halcones
neocon, edificaron consenso y apoyo interno agitando y denunciando el peligro
del "terrorismo islámico" como amenaza permanente a la "seguridad
nacional" de EEUU. Dentro de esa bolsa metían a todos los que se le oponían.
Tanto Washington como las potencias
de la Unión Europea han mantenido históricamente denuncias constantes de
"ataques terroristas islámicos" en planes de ejecución, pero que
efectivamente no han sucedido, desde el 7 de julio de 2005, fecha del atentado
terrorista al metro de Londres.
En ese sentido, son ejemplos
paradigmáticos los "comunicados" de Al Qaeda y las frecuentes apariciones de Bin
Laden en los clásicos videos y grabaciones, así como las también constantes
revelaciones y denuncias de "planes terroristas" por parte de EEUU, Gran
Bretaña y los gobiernos de las principales potencias europeas.
Obama y el lobby judío liberal que
lo secunda parecen iniciar otra práctica: El peligro acechante de la "derecha antisemita" que amenaza con el odio racial y la
desintegración social de EEUU.
La estrategia es funcional al plan
del Mossad judío de instalar -tras el fracaso de la operación militar contra
Hamás en Gaza que culminó en una masacre repudiada a escala mundial- un nuevo
ciclo de "persecución racial" contra la comunidad judía que devuelva Israel
parte de su "prestigio" perdido y lave su cara de "genocida del pueblo de Gaza".
De esta manera, y como se puede
apreciar con estas primeras detenciones, la "guerra contraterrorista" de Bush se
complementa con la figura del "terrorismo antisemita" que incorpora la
amenaza de un nuevo "Holocausto judío" como justificación de eventuales (y
planificadas) acciones militares "preventivas" por parte de Israel y EEUU
contra los países islámicos o árabes situados en el "eje del mal".
Así como la doctrina emergente de los
ataques del 11-S en EEUU sirvió para justificar las invasiones militares
"preventivas" a Irak y Afganistán (léase nuevas conquistas de
mercado y apoderamiento de recursos estratégicos como el petróleo y el gas), la
nueva estrategia con el "terrorismo antisemita" parece apuntar a crear un
escenario internacional de "persecución antisemita" que restaure el
prestigio y la legitimidad perdida del Estado de Israel, hoy condenado y
repudiado mundialmente por las masacres de civiles en Líbano y Gaza.