Este
martes, el órgano supervisor de las elecciones iraníes, el poderoso
Consejo de Guardianes, aseguró que los resultados de las elecciones
presidenciales, realizadas hace 11 días, no se anularán.
El canal oficial iraní Press TV citó a un vocero de los Guardianes que
afirmó que no existe evidencia de un fraude de proporciones
considerables ni de irregularidades significativas en el sufragio, y
que por lo tanto no se convocará a nuevas elecciones.
De acuerdo con la cadena a BBC, "este es otro signo claro de que
las autoridades de la República Islámica no están dispuestas a llegar a
un acuerdo con los opositores".
El lunes, el Consejo había reconocido que hubo irregularidades en 50
distritos, pero agregó que no eran suficientes para dudar de los
resultados de los comicios, en los que resultó reelegido el presidente
Mahmud Ahmadineyad por el 64% de los votos contra el 34% del candidato
opositor.
Los tres candidatos derrotados en la citadas elecciones, celebradas del
12 de junio han presentado hasta la fecha un total de 646 quejas por
supuestas irregularidades en favor del actual presidente, el
ultraconservador Mahmud Ahmadineyad.
El ministerio de Interior iraní
señaló que ni el recuento aleatorio ni el hecho de que haya más sufragios
variará sustancialmente el resultado electoral, y que en ningún momento se ha
planteado la repetición de los comicios.
"Si hubiera ocurrido una grave ilegalidad en las elecciones, el Consejo habría
anulado los votos en las urnas, colegios, distritos o ciudades afectadas, como
ya ha hecho en otras ocasiones en elecciones parlamentarias", dijo el portavoz
del Consejo Ali Abbas Kadkhodaei.
A la crisis política desatada en Irán
por las protestas de la oposición contra el resultado de las presidenciales y el
anuncio de que no se repetirán las elecciones, se sumó una creciente tensión
diplomática entre el gobierno de Mahmud Ahmadineyad y diversos actores
internacionales.
En una escalada en varios frentes, el gobierno iraní acusa a las
potencias extrajeras de inmiscuirse en sus asuntos internos y ha señalado
reiteradamente a los gobiernos y medios del Reino Unido y Estados Unidos como
instigadores de las manifestaciones.
Con este argumento,Teherán ordenó el lunes la expulsión del país de dos
diplomáticos británicos.
En respuesta a esta decisión, que el primer ministro británico, Gordon Brown,
calificó de "injustificada y sin fundamento", Reino Unido expulsará a dos
miembros de la diplomacia iraní en Londres.
En una declaración en la Cámara de los Comunes, Brown dijo que estar
"decepcionado" por la decisión de Irán.
Un vocero de la Cancillería británica dijo que "el gobierno de Irán
quiere responsabilizar a Reino Unido y a otros actores extranjeros de una
reacción iraní a un asunto iraní" (refiriéndose a las protestas de los
partidarios del opositor Mir Hussein Musavi).
Por otro lado, el ministro de Asuntos
Exteriores de Irán, Hassan Ghashghavi, criticó al secretario general de las
Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, quien pidió a las autoridades que respetaran
los derechos civiles fundamentales, especialmente la libertad de asamblea, de
expresión y de información.
Según Ghashghavi, la ONU se está alineando con "potencias dominantes con un
historial colonialista".
"Esta posición supone una evidente contradicción con las tareas del secretario
general de la ONU y la ley internacional. Son un modo obvio de inmiscuirse en
los asuntos internos de Irán", dijo el ministro.
Ban, quien según el gobierno iraní "ha perdido credibilidad" ante los
ojos de "países independientes", dijo estar consternado por la violencia post
electoral, particularmente por el uso de la fuerza contra civiles.
Ban Ki Moon pidió el lunes a las
autoridades iraníes que pongan fin a los arrestos y a las medidas de fuerza
contra miembros de la oposición que protestan contra el resultado de las
elecciones presidenciales, que consideran "fraudulento".
Según la agencia EFE, la presencia en
las calles de las fuerzas de seguridad también ha decrecido, aunque todavía es
mayor de lo habitual en algunos puntos de la ciudad.
Decenas de voluntarios islámicos "Basij" -describe la agencia- mantenían
las patrullas en motocicleta, y el despliegue con palos y barras de hierro a lo
largo de la parte sur de la calle Valiy-e Asr y la plaza de Haft-e Tir, donde el
lunes la oposición volvió a intentar manifestarse.
Efectivos antidisturbios, pertrechados con corazas negras y porras, controlaban
la céntrica plaza de Vanak, donde en los últimos días se han realizado
concentraciones, puntualiza EFE.
La fuerte presencia policial, junto a la ausencia en las calles amedrentó a
los líderes de la revuelta y aplacó la protesta, señala la agencia AFP.
Tanto el Gran Bazar, corazón
económico de la capital, como las principales arterias comerciales presentaban
este martes "el ajetreo y el ambiente que les caracteriza", señala la
agencia Reuters.
"Vamos a seguir luchando. Quizá de otra manera, con otras tácticas, pero
esto no ha acabado", explica a EFE uno de los miembros de la plataforma de Musavi.
Por su parte, el presidente de los
EEUU, Barack Obama, hizo un llamado a las autoridades iraníes a "gobernar a
través del consentimiento, no de la coerción".
En una declaración hecha este martes desde la Casa Blanca dijo que "el pueblo
iraní tiene derecho a reunirse y a la libertad de expresión" y "juzgará las
acciones de su propio gobierno".
"Si el gobierno iraní quiere contar con el respeto de la comunidad
internacional, debe respetar esos derechos y atender a la voluntad de su propia
gente", añadió el presidente estadounidense.
Desde Roma, el primer ministro
israelí, Benjamin Netanyahu, también criticó el comportamiento "agresivo y
violento" del gobierno de Teherán.
"El coraje mostrado por el pueblo iraní, enfrentándose en las calles a las balas
por la libertad, es algo que merece el reconocimiento de los hombres y mujeres
libres", dijo durante su visita oficial a Italia.
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