La
población iraní votó y se despejaron todas las dudas: La línea dura encabezada
por Mahmud Ahmadineyad va a gobernar Irán por cuatro años más y el escenario de
Medio Oriente comienza a clarificarse.
Todas las esperanzas de la trilogía
sionista EEUU-UE-Israel, de que en Irán gobierne la clase media "reformista"
(embebida en la ideología "progresista" occidental) se desmoronó ante el
masivo apoyo popular recibido a los halcones de Teherán.
La Comisión Electoral iraní confirmó
que el actual presidente, Mahmud Ahmadineyad, fue reelecto en primera vuelta
por más del 60% de los votos para permanecer otros cuatro años al frente de
la república islámica.
Según el Ministerio del Interior iraní, Ahmadineyad obtuvo el doble de votos que
su principal contrincante electoral, al superar el 63% de los sufragios, frente
al 30% conseguido por el reformista Mir Hossein Mousavi, en unas elecciones que
contaron con una participación popular "sin precedentes".
Los otros dos candidatos, el
reformista Mehdi Karubi y el conservador Mohsen Rezai, obtuvieron menos de 2%
cada uno, según los resultados preliminares.
De acuerdo con el cómputo oficial, el
actual presidente habría obtenido al menos 18,8 millones de votos, mientras su
rival se ubicaría a una considerable distancia, con un poco más de 9 millones.
En los últimos días, la prensa
internacional manipuló acción psicológica cruzada para minimizar la chance
reelectiva de Ahmadineyad y reforzar la expectativa del "cambio progresista"
sostenido por el principal rival de Ahmadineyad, Mir Hossein Mousavi, que
propone políticas de acercamiento con Israel y EEUU.
Ahmadineyad lo duplicó en votos y
zanjó la discusión a favor de la línea dura que sostiene contra viento y marea
la conversión de Irán en potencia nuclear.
El triunfo de Ahmadineyad no es un
dato menor: Irán es un jugador clave en el tablero de la guerra
(por ahora fría) por el control geopolítico militar de los recursos energéticos
del denominado "triángulo petrolero" Eurasia-Cáucaso-Medio Oriente.
E
l entramado
estratégico de las redes energéticas del eje
Eurasia-Cáucaso-Medio Oriente
(más del 70% de las reservas mundiales) define no solamente el destino del planeta a corto y mediano plazo sino
que también define si el planeta va a llegar a su destino vivo o muerto.
En ese escenario, Irán, un
gigante que comparte fronteras con Irak, Turquía,
Afganistán y Pakistán, que limita al noreste con el Mar Caspio
y toca al suroeste sus fronteras con el Golfo Pérsico, se convierte en la
caja de resonancia estratégica de cualquier conflicto que estalle en el
Cáucaso o en los corredores euroasiáticos del gas y petróleo.
En ese polvorín de la "guerra
energética", todo lo que pasa repercute en Teherán y en sus fronteras, y
todo lo que pasa en Irán se expande rápidamente a sus vecinos, y, todos juntos,
representan el corazón estratégico de la guerra intercapitalista por áreas de
influencia y recursos energéticos que disputan Rusia y el eje USA-UE.
Además, un posible panorama de
la resolución de la
guerra energética intercapitalista se complementa con el cuadro de la crisis
económica estructural del sistema capitalista que ya se proyecta con
una amenaza de recesión y despidos masivos de trabajadores a escala global.
El punto de convergencia de
ambos factores, la guerra energética y la crisis
económica-financiera, marca las agujas del reloj del sistema capitalista
a escala global. Ambos se retroalimentan para detonar un desenlace
encadenado.
El factor "Irán
nuclear"

En ese escenario, el triunfo
arrasador de Ahmadineyad implica la línea de continuidad de la política de
confrontación con Israel y EEUU, sobre todo el tema del programa nuclear
iraní.
Tras la victoria
de Ahmadineyad, el
gobierno israelí consideró en un comunicado que la reelección de Mahmud
Ahmadineyad al frente de la Presidencia supone un "aumento de la amenaza
iraní".
"Si había alguna sombra de esperanza
de cambio en Irán, he aquí la reelección de Ahmadineyad, que significa ante todo
el aumento de la amenaza iraní", apuntó el viceministro de Asuntos Exteriores,
Danny Ayalón, en un comunicado.
Un informe del OIEA advirtiendo la semana pasada que Irán posee el uranio
altamente enriquecido necesario para fabricar una bomba nuclear disparó nuevas
tensiones y preocupación en EEUU e Israel que han retomado una escalada de
advertencias al régimen de Teherán sobre los riesgos a los que se enfrenta si
continúa con su programa atómico.
Por su parte, la secretaria de
Estado norteamericana, Hillary Clinton, no descartó la posibilidad de un ataque preventivo
contra Teherán, afirmando que los EEUU no quieren otra carrera de armamentos
desencadenada por un Irán con armas nucleares.
En los últimos días, Israel pidió a la "comunidad internacional" que
obligue a Teherán a "detener de inmediato" su programa nuclear, que el
Estado judío percibe como la principal amenaza a su existencia.
Por su parte, el ministro de Cooperación Regional, Silvan Shalom, del derechista
Likud, afirma que los resultados "explotan en la cara de quienes pensaron que
Irán estaba hecho para el diálogo verdadero con el mundo libre, incluyendo el
cese de su programa nuclear".
"La victoria de Ahmadineyad es un mensaje claro al mundo de que su política
tiene el apoyo mayoritario de su pueblo y, por tanto, la mantendrá", agregó
Shalom.
Pero en el tablero estratégico del
Medio Oriente Irán representa algo más que una "amenaza nuclear" a Israel.
Por las líneas geopolíticas
iraníes se trasmiten y retrasmiten los teatros de conflicto que atraviesan la
escala comprendida entre Eurasia y Medio Oriente, cuyos desenlaces impactan
directamente en las fronteras de Irán, ubicadas entre el Mar Caspio y el Golfo
Pérsico, las llaves estratégicas del petróleo y la energía mundial.
Es decir que (y por lógica de
osmosis) Irán ya forma parte esencial del conflicto del Cáucaso que se puede
proyectar por sus fronteras al Golfo Pérsico, a Irak y al Medio Oriente.
La mayor potencia del mundo islámico
es una llave estratégica para el dominio y control militar de la
región del Golfo Pérsico y del llamado "triángulo petrolero" (Mar Negro-Mar
Caspio-Golfo Pérsico), donde se encuentran más del 70% de las reservas petroleras y gasíferas mundiales, un elemento clave para la supervivencia futura de las
potencias capitalistas del eje USA-UE.
En ese escenario, la reelección del presidente iraní marca un punto decisivo y
crucial en la resolución del conflicto de Medio Oriente.
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