al Gobierno de la "violencia represiva"
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Y se produjo la reacción social en cadena: Puebladas, cacerolazos, y
multiplicación de los cortes de ruta, se produjeron en ciudades y pueblos de
provincia, proyectándose en Buenos Aires y la Capital Federal.
Luego de la operación mediática
(de los soldados de la comunicación del poder) los Kirchner estaban contra las
cuerdas, solo contaban como aliado a su aparato rentado de movilización
tan desprestigiado y rechazado como ellos.
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Buzzi y De Angeli, de
la Federación Agraria, |
La guerra
por otras vías
Desde el bunker de los Kirchner,
ella y él (considerados psiquiátricamente "inestables" por una legión de
psicólogos locales e internacionales), acusaron el recibo del mensaje que les
decía que estaban a punto de terminar su ciclo de gerentes del sistema
capitalista en la Argentina.
Y, antes del estallido que los
proyectara fuera de la gerencia de enclave (léase, del Gobierno), los Kirchner
sacaron de la manga una nueva estrategia para retardar su final: Cristina
anunció el envío del proyecto de retenciones agrarias (el impuestazo) al
Congreso para que sea "debatido" y votado. Con un detalle: El paquete no estaba
sujeto a modificación alguna, y sólo podría ser votado por Si o por NO.
Y considerando que el Gobierno
dispone de amplia mayoría en los dos cámaras, el proyecto tendría
asegurada su aprobación en el Congreso, con lo cual la pelea que desencadenó un
conflicto de tres meses se saldaría a favor de los Kirchner.
Pero las llamadas
"instituciones del campo" (tradicionales bastiones de la derecha golpista de
la Argentina) también sacaron su carta de la manga: Denunciaron una "maniobra
tramposa" de los Kirchner para salir de la encerrona y el desprestigio, y
anunciaron un plan de movilización para "convencer" a los diputados
kirchneristas de que voten a "favor del campo" (en la realidad, un plan de "escraches"
que fue inmediatamente denunciado por el oficialismo).
El viernes
20 los ruralistas y los
autoconvocados levantaron el corte de rutas, aclarando que si no prosperan las
negociaciones en el Congreso volverán a las mismas.
El sábado la "Presidenta",
Cristina, convocó para el lunes a la Casa Rosada a los cuatro presidentes
de las "entidades del campo", a los que 48 hs. antes había calificado en
Plaza de Mayo como "cuatro personas que nadie eligió" y que se
arrogan el derecho de cortar rutas y desabastecer al país.
En consecuencia, ahora la "guerra"
se trasladó de las rutas al Congreso.
Rápidamente el oficialismo se
adelantó a un anuncio en el mismo sentido de los chacareros, e instaló una
"carpa" frente al Congreso para "informar" a la población sobre la necesidad de
aprobar el proyecto de los Kirchner.
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El ministro de Justicia, Aníbal
Fernández, en una reunión "oficial" con el embajador de EEUU, Earl Anthony Wayne. |
La "sensación" en
el poder
Lo que piensan los factores del
poder en la Argentina (Embajada USA, corporaciones económicas, políticas,
sindicales y mediáticas) sobre el "nuevo cuadro de situación" se resume
en un título del diario El País, de España: "Se levantó el paro pero el
conflicto continúa".
Esa es la "sensación" generalizada
que se respira en los comentarios y en los "análisis" de la prensa argentina
que, pese a los buenos deseos, no cree que el proceso de negociación en el
Congreso termine con el "conflicto de campo".
El diario Clarín, el más
influyente vocero de los grupos del poder, señalaba este domingo: "El Congreso
se convirtió en el atajo para buscar una salida al conflicto con el campo.
Los Kirchner esperan ganar allí la batalla desatada hace cien días. No será
un trámite sencillo. Cristina pretendería abrir un nuevo ciclo. La unidad de los
ruralitas está en juego".
En su artículo central, firmado
por Eduardo Van der Kooy (uno de los más escuchados y leídos por el poder), el
diario señala que "La Argentina de la crisis ha decidido aferrarse casi a un
milagro: que la política que naufragó durante más de cien días consiga sacar
a flote, al final, el asolador conflicto entre el Gobierno y el campo. ¿Cómo es
eso?".
Y en otro tramo agrega: "La
aparición del Congreso en un sitio estelar fue más por defecto que por virtud de
los contendientes. Cristina y Néstor Kirchner encontraron así un escape al
encierro a que lo está condenando el conflicto. Pero urdieron esa estrategia
sólo con el objetivo de no resignar la victoria final".
Hay que consignar que para los
que, desde la economía política y el sindicalismo leen "entrelíneas" los
mensajes cifrados del poder (cuyo meridiano es la embajada norteamericana), los
artículos centrales de Clarín de los domingos son "palabra santa".
Lo expresado por el "diario de la
Argentina", una vez dicho, ya representa lo que están pensando todos los que
manejan decisiones de poder: El conflicto del campo sigue estando en un
"callejón sin salida" por la cerrada decisión de los Kirchner de "ganar
la guerra antes que negociar".
¿Que cambió entonces desde las
rutas al Congreso? Nada.
Los Kirchner continúan su guerra
de supervivencia por otras vías, el capitalismo agrario no resigna su
"rentabilidad amenazada", el partido oficial (el PJ) está en proceso de diáspora
y división, y el poder sigue buscando una "fórmula institucional" para
derrocarlos.
En la periferia, mirando el
"teatro de operaciones" en una pantalla de TV, el conjunto de la sociedad
argentina (incluidos los pobres e indigentes) ve como los precios trepan
incesantemente por las góndolas semi-desabastecidas de los supermercados.
Y eso que, todavía, la Argentina
no ingresó "oficialmente" en la onda inflacionaria-recesiva global que ya se expande por
América Latina.
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