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Cristina Fernández durante su discurso del
lunes 31 de marzo |
Desde hace dos semanas, el
conjunto
de la sociedad argentina es espectadora (y víctima a la vez) de una feroz guerra
por la redistribución de la renta capitalista agraria entre el aparato
político kirchnerista y los grandes consorcios agropecuarios quienes utilizan como
medio de presión a los pequeños
y medianos propietarios que cortan rutas en todo el país.
El reclamo de los pequeños y
medianos productores (subsidiarios del juego concentrador del gran capitalismo
agrario) fue utilizado como un ariete para forzar al gobierno a dar
marcha atrás con las retenciones al agro, que afecta principalmente al lobby
agropecuario que concentra la hegemonía y el control sobre el mercado interno
y el comercio exterior de la Argentina.
Lo que empezó hace veinte días como un
paro agrario con corte de rutas en todo el país ya se ha convertido en un
conflicto estratégico a nivel nacional, que envuelve simultáneamente a toda
la sociedad argentina afectada por el desabastecimiento y la suba de precios de
los alimentos de consumo esencial, que en algún caso supera el 150%.
Argentina en un proceso naciente
de emergencia económica, con desabastecimiento de alimentos esenciales y suba de precios,
con la gendarmería desplegada en las rutas, y con amenaza de "guerra total" entre el
lobby agropecuario y el aparato kirchnerista, conforman el escenario del llamado
"conflicto campo-gobierno".
El resto de la estructura
capitalista del país (industria, banca, servicios, etc) ya se ve expuesta a
pérdidas millonarias por la retracción que produce en la actividad económica el lockout patronal
agropecuario contra el gobierno.
Esta semana, se agravó el
desabastecimiento de alimentos de consumo básico como leche, frutas y verduras,
y donde aún quedan existencias, la suba de los precios llega a superar en algunos
casos el 150%, generando un creciente malestar social a escala masiva.
Las entidades del
campo, ante la firmeza de los pequeños y medianos productores, rechazaron una
propuesta de subsidios sin levantar las retenciones y ratificaron el paro y
el corte de rutas, mientras el gobierno ordenaba el despliegue de la gendarmería para desalojar los
caminos y restaurar el abastecimiento.
La base económica del conflicto
A su vez, y en medio del conflicto
patronal-económico, el gobierno y la estructura del poder agrario mantienen su
propia disputa.
El gobierno kirchnerista, que se
jacta de mantener en el Banco Central reservas por US$ 50.000 millones,
cuenta con la multimillonaria cifra en US$ de las nuevas retenciones
para mantener, por medio del subsidio a los pulpos de la alimentación,
la inflación acotada (para conservar intacto su poder político) ante la suba
internacional del petróleo y de los alimentos.
Obviamente que los Kirchner
no utilizan las reservas para redistribuir equitativamente la riqueza producida
por el conjunto de los argentinos, sino para subsidiar a los grandes consorcios
capitalistas que controlan el agro, la industria, la banca y los servicios, y
para evitar que aumenten los precios (a pesar de que igual éstos aumentan y
generan inflación que el gobierno encubre).
O sea, que las reservas US$ 50.000
millones (producto de la recaudación impositiva) que la administración K
no redistribuye entre las grandes mayorías asalariadas, son utilizadas para tres
objetivos precisos:
A) Subsidiar a los
mega-consorcios capitalistas que controlan la estructura productiva,
el comercio interior y la exportación para que no aumenten los precios
(manteniendo la "gobernabilidad" de los Kirchner), compensando de esta manera
la rentabilidad capitalista de eso pulpos con el dinero de los impuestos
aportado por las mayorías, principalmente por el sector asalariado, que aporta más
de la mitad de la recaudación. De esta manera, la estructura capitalista local,
con su "Estado privatizado" administrado por los Kirchner, no solamente elude o paga
menos impuestos, sino que también roba los impuestos a la masa asalariada
través de los subsidios que les otorga el gobierno.
B) El pago de la creciente
deuda interna y externa, producto de los préstamos que el gobierno adquiere
para no tocar, o utilizar al máximo, los dólares de reserva en el Banco Central,
y de esta manera cumplir con la exigencia de los acreedores y mostrar a la
opinión publica y a su mercado cautivo electoral , "solidez de administración".
C) Financiación del aparato
político oficial, compuesto por una red nacional de dirigentes, punteros,
piqueteros y organizaciones de izquierda asimiladas (como las Madres y
Abuelas de Plaza de Mayo) que reciben, en conjunto, una multimillonaria
financiación (en forma de subsidios, prebendas, planes sociales y puestos en el
Estado, nacional, provincial o municipal), que le permite al gobierno de
los Kirchner contar con una estructura de movilización masiva al margen
de la participación popular genuina.
De esta manera, el aparato de
presión kirchnerista , que ya cosecha la repulsa masiva de la sociedad
por su manejo soberbio y autoritario de la llamada "crisis del campo",
este
martes organizó una manifestación multitudinaria en apoyo de Cristina
que hace pasar como una expresión de "apoyo popular" a la presidenta.
Curiosamente, el gobierno de los
Kirchner (cuyo matrimonio presidencial ya forma parte del lobby
empresarial-capitalista que controla a la Argentina sobre la base del
enriquecimiento con la corrupción política) ha ingresado en un callejón sin
salida frente a la posición de los medianos y pequeños productores rurales
que reclaman como única alternativa negociadora el levantamiento de las
retenciones establecidas el 14 de marzo.
El fin de semana, en un acuerdo
"salomónico", el gobierno y las cuatro entidades del lobby agrario anunciaron la
instrumentación de subsidios como compensación al mantenimiento de las
retenciones, que fue rechazado por las bases agrarias que cortan las rutas,
alegando que el 90% de los subsidios serían recibidos por los grupos que concentran la propiedad y la comercialización agropecuaria
en la Argentina.
Ante el fracaso de las entidades
para negociar una salida favorable (en los términos de los grandes consorcios
agrupados en la Sociedad Rural), el gobierno y el poder económico agropecuario
siguen manteniendo la fachada de una guerra política
mientras consensúan la decisión de desplegar los gendarmes en las rutas contra
los pequeños y medianos productores en huelga.
A esta altura, ni al gobierno ni a
los mega-consorcios del campo les conviene desestabilizar aún más la situación
interna de emergencia económica por la que empieza a atravesar la
Argentina gobernada por los Kirchner.
No obstante, el gobierno de los
Kirchner, para "salvar la ropa" y mantener la fachada de legitimidad y de
consenso social intacto, realiza continuas maniobras de presión y de exhibición de
fuerza con movilización de su aparato político-sindical en
apoyo de Cristina, mientras mantiene negociaciones aceleradas con los grupo de
poder para "pacificar" y hacer retornar a la Argentina a la "gobernabilidad".
Los grupos del lobby
agrícola-ganadero a su vez (los dueños del Estado argentino "privatizado") ya
han experimentado un "corte horizontal" en sus bases que desoyen los llamados de
las dirigencias a levantar los cortes de ruta.
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Una multitud se congregó en un
"cacerolazo" espontáneo frente la Casa Rosada en apoyo del
"campo" y en contra de gobierno (Foto Infobae). |
La estructura capitalista agraria
En primer lugar (y
desde el punto de vista de la realidad concreta) en la Argentina no hay un
conflicto Gobierno-campo, sino un conflicto de grupos por la redistribución
de la renta agraria (la ganancia capitalista del campo) que tiene al
gobierno de los Kirchner como mediador (y también como parte interesada).
El campo no es el
"campo" en abstracto, sino una estructura funcional de explotación de
los recursos agropecuarios de la Argentina realizada por empresas
capitalistas privadas (productores, comercializadores internos y exportadores).
Lo que se llama
"campo", en realidad, es una estructura piramidal compuesta en su
vértice por grupos y empresas superconcentrados y diversificados de producción,
comercialización y exportación de recursos y productos agropecuarios, que operan
como lobbys de control y de formación de precios sobre el mercado
interno y el comercio exterior de la Argentina.
Según el INDEC (censo oficial) en
el primer bimestre de 2008, la exportación de productos argentinos al exterior
aumentó 30% en promedio,
mientras que los volúmenes de ventas se incrementaron en un 19%.
De ese total, la producción
agropecuaria (el campo) representó el 61% del total exportado por Argentina.
Los datos oficiales reflejan el récord de los precios de los commodities, y las mayores
exportaciones fueron de harina y pelletes de soja, maíz, trigo,
petróleo crudo y carne.
Pero, más del 90% de la renta
capitalista de esa producción exportada no se distribuye entre el conjunto de
los productores e industrializadores agropecuarios, sino que va al bolsillo
de los mega-consorcios diversificados que controlan la estructura del comercio
interior y exterior de la Argentina.
Los datos de los mil principales exportadores del país compilados en el
ranking de Prensa Económica representan el 97% del total exportado el año
pasado, medido en dólares, valor FOB, y los10 primeros puestos se los
reparten aceiteras, petroleras y cerealeras (que lideran los los rubros de
productos exportados).
Según el último Censo Agropecuario Nacional, del año 2002, en la Argentina hay
170 millones de hectáreas agropecuarias y 317.816 productores.
El 69% de las explotaciones tienen menos de 200
hectáreas, pero representan sólo el 3% del total de la tierra
agropecuaria.
En la otra punta de la pirámide, el 10% de los grandes
establecimientos, con más de 1.000 hectáreas, ocupan un 78% de la
superficie agropecuaria.
Pero sólo 4.000 de ellos poseen
74,3 millones de hectáreas (más de la mitad del total de extensión de
la tierra).
En la Pampa Húmeda la concentración es mayor: 4.110.600
hectáreas están en manos de 116 dueños (los mega-consorcios del vértice de
la pirámide) que controlan la comercialización interna y externa y la formación
de precios en el rubro.
Los pequeños y medianos productores, en campos que
producen hasta 1.500 toneladas por año, son el 96% del total de los
establecimientos, pero levantan apenas el 40% de la cosecha.
El otro 60% lo producen 2.817 grandes explotaciones
controladas por el lobby de consorcios exportadores que, a través de la
diversificación comercial, también controlan una gran parcela del mercado
interno.
Como resultante de esta gran
concentración de la renta y de la propiedad de la tierra, el gran productor ( los
pulpos concentradores) exportan materias primas y alimentos en dólares
(o venden a paridad dólar en el mercado interno), y pagan costos y mano de obra en pesos devaluados
(a tres por un dólar)
El pequeño productor (más
del 70% del sector) vende a los grandes grupos concentradores (que hegemonizan
el mercado interno y la exportación) su producción en pesos devaluados, y paga parte de
los insumos (gasoil fertilizante
etc,) en dólares, además de alquilar (en su gran mayoría) sus parcelas a precio
tasados en dólares.
Además, las retenciones ya
vigentes (impuestos fijados
por el "Estado privatizado" controlado por los Kirchner), no discrimina
proporcionalmente entre el pequeño, el mediano y el "gran productor" (
que concentra la renta capitalista del campo), por lo que el gobierno de los
Kirchner socializa los costos y
privatiza las ganancias.
Los que se benefician de la
exportación y de los altos precios las materias primas, no son el pueblo
argentino en su conjunto ni el 90% de los productores, sino los grandes grupos superconcentrados
que controlan la exportación y se benefician de los precios en dólares y los
costos en pesos devaluados.

El "Estado privatizado"
En la década de los 90, la
Argentina (con el gobierno de Menem) ingresó al llamado proceso de
"privatización" y de "libre mercado" exportado y nivelado desde Washington
hacia América Latina y todo el mundo periférico y subdesarrollado.
Mediante la llamada "apertura
económica" y la "privatización" del sector público
(con la complicidad de las clases políticas) se desmanteló a los "Estados
nacionales" y se les quitó en forma total el gerenciamiento y el control de los sectores estratégicos de su producción (industria, materias primas y sectores
claves
como el de la energía y el petróleo) que pasaron a ser administrados y
explotados por consorcios imperialistas trasnacionales, muchas veces en
asociación con el poder capitalista local.
Al no gerenciar ni controlar la
producción nacional de la Argentina (producción industrial, agropecuaria,
materias primas y sector de servicios, etc) el actual "Estado privatizado" de
los Kirchner (o de cualquiera que venga detrás de ellos) deja la rentabilidad
capitalista (tasa de ganancia) en manos de los grupos económicos
superconcentrados (locales o en alianza con las transnacionales) que explotan
y comercializan esos recursos y controlan la estructura económica productiva del
país.
O sea, la renta capitalista de
la Argentina (el resultante de la comercialización de la riqueza producida
por el trabajo social de todos los argentinos), al no estar controlada y
gerenciada por un "Estado nacional", sino por un "Estado privatizado"
como el de los Kirchner, se la llevan íntegramente los consorcios
superconcentrados que controlan el comercio interno y el sector exportador.
Esta ecuación (la
socialización del trabajo y de la producción, y la
"privatización" de la renta nacional) que
los "macroeconomistas", intelectuales y medios de comunicación del sistema
ocultan sistemáticamente, es la cuestión central que explica la "apropiación
privada" (el robo capitalista de un país) y su consecuencia más inmediata:
La concentración de riqueza en pocas manos, y la injusticia social
(marginación y abandono de las capas más desposeídas de la sociedad argentina).
Y esto, entre otras cosas, explica
la remanida afirmación popular de que "en el país de la carne y de los
alimentos, la gente se muere de hambre".
El origen de esta realidad reside
en que la producción nacional de riquezas no va a un "Estado nacional" de
reparto social, sino a un "Estado privatizado" al servicio de los grupos
capitalistas superconcentrados que lo controlan.
A diferencia del "Estado
nacional" de Perón (que sí gerenciaba parte de los recursos nacionales como el petróleo,
el sector energético y las empresas de servicios públicos) el "Estado
privatizado" de los Kirchner no gerencia ni controla los recursos nacionales
sino que se limita a "cobrar impuestos" (que generalmente
evaden) a los grupos que se apropian de
la renta nacional.
Pero esos impuestos no vuelven
al pueblo que produce la riqueza sino que una parte substancial de ellos van a parar (en forma de subsidios
estatales) a manos de los grupos capitalistas superconcentrados que se apoderan
de la renta de la Argentina por medio de su "Estado privatizado"
administrado hoy por el matrimonio Kirchner.
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Mujeres de clase media y alta en un "cacerolazo" en Barrio
Norte, de la capital argentina, en apoyo del "campo y en contra del
gobierno. (Foto Infobae) |
La guerra Kirchner-lobby agrario
¿Y porqué se pelea el gobierno de Kirchner con los principales beneficiarios de su gobierno?
Paradojalmente, el lobby
agropecuario, que concentra la mayoría de las multimillonarias subvenciones del
gobierno de los Kirchner con impuestos aportados por el conjunto de los
contribuyentes (con la masa asalariada como mayor aportante), detonó un conflicto que amenaza
con crear un estado de emergencia económica en la Argentina.
Para entender la guerra
capitalista por la distribución de la renta agraria (los grupos
superconcentrados que utilizan a los pequeños productores para presionar desde
las rutas al gobierno) hay que empezar por destacar la
"doble representatividad" que ejercen los Kirchner al frente del
"Estado privado capitalista" en la Argentina.
En sus discursos
públicos, los Kirchner como todos los políticos (sean de Argentina, de América Latina o del resto del
mundo capitalista) hablan en nombre del "interés general" (el conjunto de la sociedad)
y de los supremos "intereses del Estado nacional" (el conjunto del país).
En la práctica, fuera
del ámbito del discurso público y mediático (y como sucede en América Latina y
el resto del mundo capitalista), cuando los políticos y funcionarios tienen que administrar y
ejecutar (y como ya está estadísticamente demostrado), ese discurso se revierte:
Los políticos ya no
gobiernan en nombre del "interés general" sino del "interés privado"
(grupos capitalistas superconcentrados que controlan el poder económico y la
estructura económico-productiva), y ya no gobiernan en nombre del Estado
nacional (el país en su conjunto), sino en nombre del capitalismo
transnacional que controla los Estados y los países a nivel planetario
(Aproximadamente 200 trasnacionales, con activos y ganancias superiores al PBI
de todos los países emergentes y periféricos juntos, controlan los sistemas
económico-productivos estatales a nivel planetario).
Por lo tanto, y en el
plano estricto de la realidad, en el ámbito público (el discurso) los
Kirchner y su gobierno defienden los intereses sociales del "pueblo" y de la
"Nación", pero en el ámbito de la administración gubernamental defienden los intereses privados
de los grupos que controlan el Estado Capitalista (presentado como
"Estado Nacional").
El "doble discurso"
de los Kirchner no parte de una ilógica sino de un desdoblamiento estratégico
para controlar la gerencia de enclave del capitalismo local asociado con los
grandes consorcios trasnacionales que controlan el campo, la industria, el
comercio y los servicios en la Argentina.
El
discurso "publico" de los Kirchner (como el de todos los políticos del
sistema capitalista) está orientado a construir consenso social y marketing
electoral , y su gestión gubernamental está orientada construir poder
político y económico administrando el "Estado privado" de los
consorcios capitalistas que controlan toda estructura económica productiva y el
comercio exterior de la Argentina.
Mientras el escenario
internacional favorecía a la exportación argentina de materias primas
(sin la crisis financiera internacional ni la escalada de los precios del
petróleo) el "modelo" de los Kirchner de subsidiar a los grandes
consorcios capitalistas y de mantener el peso devaluado para favorecer a los
pulpos de la exportación, sirvió para controlar la inflación
(encubierta pero creciente) y mantener la "gobernabilidad" del sistema,
y funcionaba perfecto.
Los enormes ingresos
impositivos por el "crecimiento económico" les sirvieron a los Kirchner
para tapar la guerra por el reparto de la renta de la Argentina entre los
mega-grupos capitalistas, mientras mantenían la "paz social" con
los gremios domesticados, y los conflictos sociales contenidos por
la política del "asistencialismo" de Estado que desparramaba subvenciones y
planes sociales entre la izquierda y los "piqueteros".
Este "modelo"
funcionó a pleno hasta que los primeros nubarrones de la crisis
financiera-bursátil internacional, la escalada del crudo y los pronósticos de
recesión (con epicentro en EEUU) puso a la Argentina (como al resto de los
países y de las potencias centrales) en una zona potencial de conflicto
económico en gran escala.
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Cristina Fernández de Kirchner durante un
acto de la campaña electoral |
Remando en la crisis global
Las proyecciones de una
crisis mundial en desarrollo plantea un escenario de escalada
de precios (inflación mundial) y una recesión (contracción de la demanda
internacional y del consumo interno) que se empezó a reflejar , por el lado del
gobierno de los Kirchner, en la necesidad de aumentar impuestos al sector que
más recauda (la exportación) para compensar la retracción
recaudatoria en momentos que estalle la crisis recesiva globalizada.
O sea, el diseño y la ejecución de
las nuevas retenciones al agro (impuestazo multimillonario) por parte del
gobierno kirchnerista, estuvo orientada a preservar, en primer lugar, su propio
poder poder político, creando un "colchón financiero" que lo proteja del
proceso recesivo y le permita seguir subvencionado la "gobernabilidad" y la "paz
social" del "Estado privatizado" del capitalismo en la Argentina.
Pero es objetivo se encontró, esta
vez con una barrera: Los propios planes de los pulpos de la industria y la
producción agrícola
ganadera de contar con su propio "salvavidas" cuando la crisis recesiva
internacional les reduzca las ventas y se vean obligados a aumentar precios (inflación) y
a despedir personal (conflictos sindicales)
para mantener la tasa de rentabilidad capitalista.
La retención impuesta por el
gobierno de los Kirchner (aparte de reducirles su tasa de rentabilidad
capitalista) les quita a los consorcios agropecuarios (institucionalmente
concentrados en la Sociedad Rural) espacio financiero de maniobra para
construir su propio sistema preventivo de la crisis.
Esto, básicamente, fue el eje del
estallido del conflicto con el gobierno de los Kirchner, que, por primera vez (y
por razones de su propia supervivencia política) se enfrentan con el sector más
poderoso del capitalismo dueño del "Estado privado" de la Argentina.
Y hay un dato que agrava el
cuadro: En la Argentina ya existe una escalada inflacionaria (que
permanece tapada por la subvención (compensación de la rentabilidad capitalista)
a los consorcios "formadores de precios" en el mercado interno, que hoy se
aceleró por el desabastecimiento y la suba de precios que genera el conflicto.
Esto lleva a que el gobierno de
los Kirchner se aferre a las retenciones agrarias como su principal
instrumento político de supervivencia, mientras el lobby agrario (utilizando
a los pequeños y medianos productores) se atrinchera para resistir, e incluso,
voltear a corto plazo a los Kirchner.
La crisis, el desabastecimiento de
alimentos de consumo básico, la soberbia y la metodología divisionista del
discurso de Cristina, ya le quitó al kirchnerismo la mayoría del apoyo de los
sectores que los votaron en octubre pasado, y hoy solo cuenta con la presión de
su aparato político financiado con impuestos retaceados a la
redistribución social de la riqueza.
El lobby agrario, en tanto,
multiplica consenso entre los pequeños y medianos productores del campo,
los partidos de la "oposición" (fundamentalmente Macri y Carrió), y entre los
sectores de la clase media comerciante, profesional y asalariada "espantada" por
el "peronismo montonero", Moyano y los piqueteros mercenarios.
En este escenario, la crisis
económica que ya está instalada en la Argentina, está flanqueada por una
guerra en ascenso entre el aparato político (vaciado de consenso y de
apoyo popular) de los Kirchner, y la estructura político-empresarial reciclada
de la peor derecha neoliberal golpista y reaccionaria, escudada en los
"reclamos del campo".
En resumen,
el llamado "conflicto del campo" es una guerra política
entre los mega-grupos capitalistas agropecuarios (los dueños de la Argentina
exportadora) y los gerentes
de enclave de su "Estado privado" (los Kirchner) que la mayoría de la sociedad
argentina, por ahora, solo mira por TV.
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(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más referenciados de la red.
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