Desde el jueves
de la semana pasada, cuando por efecto de la crisis del mercado hipotecario de
EEUU comenzó el derrumbe de las bolsas mundiales, las entidades madres del
sistema financiero sionista internacional, la Reserva
Federal de EEUU y los bancos centrales europeos, salieron a inyectar fondos
multimillonarios en el mercado para evitar una crisis global del sistema
capitalista.
La llamada "operación rescate", que ya lleva casi
una semana y está destinada a evitar el crack de los mercados globalizados
(dominados por el capital privado) con multimillonarios fondos estatales de los
gobiernos centrales capitalistas, hasta ahora no ha conseguido detener
el derrumbe bursátil contagiado desde Wall Street.
La gigantesca operación financiera se posibilita por la abundante existencia de
"liquidez" en las arcas de las entidades monetarias sionistas (producida por la
súper-transferencias de ganancias de los bancos y transnacionales a los países
capitalistas centrales).
Antes del colapso
bursátil proyectado desde EEUU, y por primera vez en sus 110 años de historia,
el índice Dow Jones
de Industriales de la Bolsa de Nueva York superaba la barrera de los
14.000 puntos.
Los 14.000 puntos significaron para el Dow Jones una meta que evidenciaba
el "optimismo inversor" que se respiraba en Wall Street ante los reportes de ganancias siderales de las
corporaciones multinacionales y el buen desempeño de la economía imperial
estadounidense.
Pero, lo que no explican ningún
analista o medio del sistema, es que la fiesta capitalista que vive Wall
Street (la capital del sionismo financiero internacional), expresada en el
crecimiento desmesurado del
Dow Jones representa, como hecho primordial, el dominio abrumador
y las superganancias de un reducido número de empresas
transnacionales de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, sobre la
producción, el comercio y las finanzas mundiales globalizadas.
El índice Dow Jones o Promedio
Industrial Dow Jones, es un indicador del valor de las acciones de las
supercorporaciones trasnacionales que cotizan en la Bolsa de Valores de
Nueva York.
Este índice refleja el valor de mercado de las 30 compañías trasnacionales
más importantes y más reconocidas en Estados Unidos y el mundo, de un
universo de 10 mil empresas que cotizan en el mercado de valores neoyorquino.
Para la mayoría de los especialistas
el Dow Jones sigue siendo el "indicador de referencia" en los mercados mundiales
y un ícono de la economía estadounidense, pero básicamente refleja el estado de
"salud" de las trasnacionales imperialistas extendidas por el planeta.
El triunfo del Dow Jones, la fiesta
de Wall Street, es la fiesta del sistema capitalista sionista trasnacionalizado
y nivelado planetariamente como dinámica de concentración de riquezas en
pocas manos, que ha llevado a la mitad de la población del planeta a
sobrevivir en la extrema pobreza y en la marginalidad social.
La concentración del capital mundial en estos mega-grupos o mega-compañías, en una
proporción aplastante, que implica modificaciones de todo tipo, en la economía,
en la sociedad, en la vida política, en la cultura, etc., es seguramente el
aspecto más definitorio de la llamada "globalización económica".
Tras el triunfo del "libre mercado" y
el fin de los Estados nacionales, , las trasnacionales,
cada vez con más legislaciones
nacionales e internacionales a su favor,
condicionan y dominan las
estructuras económico-productivas de los países, promoviendo guerras por
apoderamiento de mercados y apropiándose de recursos naturales y de los sistemas
de importación y exportación.
Cuanto más ganancias transfieren
estos consorcios desde los países dependientes convertidos en "economías de
enclave" éstas mismas se convierten en polea de crecimiento acelerado del índice Dow Jones, como estaba
sucediendo
antes de la crisis bursátil detonada por el sector hipotecario.
Entre las primeras treinta
megaempresas imperialistas que cotizan en este indicador se encuentran los
siguientes gigantes corporativos trasnacionales:
3M Company, Alcoa, Altria Group,
American International Group, American Express, AT & T, Boeing Co
(armamentista) , Caterpillar, Citigroup, Coca Cola, Dupont, Exxon
Mobil (petrolera) , General Electric, General Motors, Hewlett Packard, Home
Depot, Honeywell, IBM, Intel Corporation, Johnson & Johnson, JP Morgan Chase,
McDonalds, Merck & Co, Microsoft, Pfizer Inc, Procter & Gamble,
United Technologies, Verizon, Wal-Mart Stores, Walt Disney.
Como
se puede apreciar, la crema de la crema, entre los grandes consorcios
trasnacionales que, a través del lobby ejercido por las embajadas
estadounidenses y europeas,
dictan y condicionan la política mundial y el comportamiento de
gobiernos, ejércitos, o instituciones mundiales oficiales o
privadas.
Los cotizantes en el índice Dow Jones
(hacedores de la fiesta capitalista de Wall Street)
son la vanguardia de los amos invisibles del
Planeta: los que manejan a los países y a presidentes por control remoto,
como si fueran títeres de última generación.
En
resumen, su pertenencia "territorial" al Estado norteamericano
(donde generalmente se encuentran sus casas matrices) les
permite, protegidas por el poder militar del Imperio, operar
con total impunidad con sus gerencias de enclave extendidas a
través de todo el mundo dependiente.
Gracias a las
legislaciones de "apertura económica", "libre mercado"
y "privatizaciones" impulsadas en la década del noventa
por Washington (y gerenciadas por políticos entreguistas
elegidos en las urnas), en los países dependientes ya no
existen controles estatales, ni leyes financieras ni
legislaciones laborales que pongan barreras a la depredación del
capitalismo "sin fronteras" de los bancos y corporaciones
transnacionales que han pasado a controlar los gobiernos y el
sistema económico-productivo y los recursos naturales de esos
países a escala mundial.
Fuera de EEUU o de
los países centrales, esas corporaciones (que controlan
gobiernos y países a nivel planetario) pagan salarios
africanos (mano de obra esclava), evaden impuestos, y
no tienen ningún marco regulatorio al ingreso y salida de sus
capitales y ganancias, debido al "libre mercado" y a la
"apertura económica" (columna vertebral de la "globalización")
que terminó con el control de los estados nacionales (hoy
gerencias de enclave de las trasnacionales) sobre sus economías
y recursos naturales.
Este es el punto
central que explica porqué esas trasnacionales (con activos e
ingresos que superan al de decenas de estados dependientes
juntos) protegidas por la bandera y las embajadas
estadounidenses, amparadas en el poderío de la maquinaria
militar-nuclear de EEUU, cosechan el grueso de sus ganancias
y expansión fuera de los EEUU.
De esta manera, esos
bancos y corporaciones transfieren sus ganancias y activos
(cosechados en el mundo dependiente) y los convierten en bonos y
acciones de la catedral mundial del capital imperial parásito y
especulativo: Wall Street, la "casa matriz" del sistema
financiero sionista internacional.
En
otras palabras, los bancos y trasnacionales del Imperio sionista
capitalista extraen sus ganancias depredando al mundo
dependiente (robando mano de obra y recursos naturales) y luego
los utilizan para generar un "segundo frente" de ganancias a
través de la especulación financiera en EEUU y los países
centrales del sistema capitalista.
Pero, y
paradojalmente, para que la dinámica de la fiesta capitalista de
la bolsa de Wall Street siga funcionando es necesario que la
economía estadounidense goce de solidez y de buena salud
para infundir seguridad a los inversores (o sea a las
trasnacionales que alimentan el Dow Jones), que, ante la menor
señal de "crisis" convierten sus acciones al efectivo y
derrumban a la bolsa neoyorquina que arrastra detrás de sí
a todos los mercados bursátiles "globalizados".
Este es el punto de
partida para entender porque la crisis del sector
inmobiliario de EEUU, que
se proyectó al mercado globalizado del dinero
produciendo un colapso bursátil generalizado, hoy amenaza
con terminar con la fiesta capitalista de Wall Street y obliga a la Reserva Federal de EEUU y a los bancos centrales
sionistas a inyectar liquidez para evitar el crack del sistema
financiero a
nivel mundial.
Por ahora, nada
indica que la operación haya tenido éxito (las bolsas siguen
bajando), y la fiesta capitalista con el Dow Jones en Wall
Street ya no podrá seguir funcionando como si nada hubiese pasado.