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(IAR-Noticias)
16-Agosto-07
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El bombardero F-22 de la armamentista Lockheed Martin. |
El billón
doscientos mil millones de dólares de gastos militares en el planeta y la expansión
geométrica de las ganancias de los consorcios armamentistas del Complejo
Industrial Militar estadounidense, son la prueba más irrefutable de la relación
simbiótica de supervivencia establecida entre el sistema capitalista sionista
con los conflictos armados y las ocupaciones militares. Uno se
retroalimenta de los otros, y ambos términos de la ecuación conforman la piedra angular de la existencia
misma del sistema que hoy controla el mundo.
Por Manuel Freytas (*)
(fecha de publicación 07Agosto07)
A)
"Guerra contraterrorista" y
armamentismo
El 11-S no solamente
instaló un nuevo sistema de control social por medio de la
manipulación mediática con el "terrorismo", sino que además
inauguró un "nuevo orden internacional" (sustitutivo de
la "guerra fría") basado en la "guerra contraterrorista"
que sirve de justificación a las nuevas estrategias
expansionistas del Imperio norteamericano y de las
trasnacionales capitalistas.
En términos
geopolítico y militar-estratégicos, con la leyenda mediática de Bin Laden y el peligro del "terrorismo internacional", a
partir del 11-S el Imperio norteamericano (potencia locomotora
unipolar del capitalismo desde la caída de la URSS) sustituía
dos aspectos claves de su supervivencia como Estado imperial:
A) Lanzamiento de nuevas conquistas militares de mercados
justificadas en la "guerra preventiva contra el terrorismo" y en
la nueva doctrina de seguridad de EEUU emergente tras los
atentados del 11-S.
B) Aplicación de una nueva lógica represiva y de control
político y social (sustitutiva de las "dictaduras militares"
setentistas) en los países dependientes bajo el argumento del
"combate contra el terrorismo".
Bien mirado, el uso "multifunción" de la leyenda mediática de
Bin Laden y el "terrorismo internacional", excede las fronteras
de EEUU y se convierte en lógica esencial de preservación
política, militar y económica del sistema capitalista en su
conjunto.
Además de
las corporaciones petroleras y de servicios, los grandes
beneficiarios y usufructuarias de la "guerra contraterrorista"
lanzada como estrategia de Estado por la administración Bush
tras el 11-S, son los pulpos armamentistas que contratan con
el Pentágono.
La carrera
armamentista (nuclear, convencional y espacial), cuyo
presupuesto hoy supera el billón de dólares, tuvo su
punto de partida en Hiroshima y Nagasaki.
Los estallidos de Hiroshima y Nagasaki más que por razones
militares estratégicas fueron impulsados por los intereses
comerciales de las multinacionales del Complejo Militar
Industrial norteamericano, en especial las armamentistas, que
cuentan con un lobby militar permanente en la Casa Blanca, el
Congreso y el Pentágono.
Los gastos militares alcanzaron el año pasado un 3,5 por ciento
hasta los 1,2 billones de dólares (casi 900.000 millones de
euros) al aumentar los costos de la "guerra antiterrorista" y
de las operaciones de la ocupación estadounidense en Irak y
Afganistán, según el informe anual dado a conocer en junio
pasado por un instituto de estudios europeo.
El gasto
mundial en armamento, liderado por Estados Unidos y su actual
"guerra contra el terrorismo", alcanzó a 1,2
billones de dólares en 2006 batiendo un nuevo récord, según el
informe anual publicado en junio por el Instituto Internacional
de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus
siglas en inglés).
La inversión de
EEUU representa un 46% del total, según el Instituto
Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo
Estados Unidos gastó
529.000 millones de dólares en operaciones militares en 2006
- un aumento del cinco por ciento sobre el año anterior -,
señaló el SIPRI.
El Gobierno de EEUU
ha destinado 432.000 millones de dólares a la categoría
"guerra mundial contra el terrorismo" desde septiembre de
2001 hasta junio de 2006, añadió el informe del SIPRI.
"Teniendo en cuenta
tanto los factores inmediatos como los de largo plazo, los
costos pasados y futuros hasta el año 2016 para EEUU de la
guerra en Irak se han estimado en 2,267 billones de dólares",
explicó.
En los últimos diez
años, entre 1997 y 2006, el gasto se incrementó en un 37 por
ciento.
EEUU fue el país que
aportó la mayor parte en la subida con un 62 por ciento o 26.000
millones de dólares del total del aumento, que fue de 39.000
millones de dólares.
Con un gasto en
armamento que supone el 46 por ciento del total mundial,
Estados Unidos encabeza la lista de los que más desembolsan en
armamento, seguido de Gran Bretaña, Francia, China y Japón, cada
uno con entre el cuatro y el cinco por ciento.
B)
El lobby de las armamentistas
En un informe
de Project on Government Oversight (POGO), un grupo con
sede en Washington que vigila el gasto militar, se señaló que,
entre enero de 1997 y mayo de de 2004, sólo 20 grandes
proveedores recibieron más del 40 por ciento de los contratos
armamentistas del gobierno federal estadounidense.
Según "Executive
Excess 2006" ("Exceso ejecutivo 2006"), un informe elaborado
por el Instituto para los Estudios Políticos, de Washington, los
34 principales directores de estas empresas sumaron una ganancia
de casi 1.000 millones de dólares desde los atentados del
11-S que dejaron 3.000 muertos en Nueva York y Washington.
De acuerdo con el documento solamente en 2005 los presidentes de
las firmas de la industria de defensa cobraron 44 veces más
que generales con 20 años de experiencia militar, y 308
veces más que los soldados rasos.
A nivel
empresarial -según el informe Project on Government Oversight-
entre los consorcios que se benefician en primer lugar de este
multimillonario negocio se cuentan Lockheed Martin, la
gigante aeroespacial Boeing, Northrop Grumman,
contratista de la Fuerza Aérea, Raytheon, y General
Dynamics.
Boeing y
Lockheed Martin son las tres mejor posicionadas en el
campo nuclear-espacial debido a los fabulosos contratos
relacionados a lanzamientos espaciales, así como con el área de
satélites y misiles, manteniendo ambos consorcios una sociedad
para operar la Alianza Unida del Espacio (United Space Alliance),
empresa conjunta a cargo del lanzamiento de los transbordadores
espaciales.
La "guerra
contraterrorista" y la
carrera armamentista (nuclear y convencional) alimenta los
contratos y las ganancias de esos consorcios agrupados en ese
monstruo llamado Complejo Militar Industrial norteamericano.
Las tres
grandes corporaciones armamentistas (Lockheed Martin, Boeing,
y Northrop Grumman) tienen conexiones con otras numerosas
fuentes de contratación federal para todo, desde seguridad
aeroportuaria hasta vigilancia doméstica, en nombre de lo que
hoy la Casa Blanca nombra GWOT (Global War on Terrorism),
guerra global contra el terrorismo.
El
consorcio Boeing fabrica el equipo de ataque directo
conjunto (JDAM, por sus siglas en inglés), herramienta que puede
convertir bombas "estúpidas" en "inteligentes". El JDAM se
utilizó en tan grandes cantidades en las guerras de Irak y
Afganistán que la compañía tuvo que activar turnos
duplicados de fabricación para cumplir con la demanda de la
fuerza aérea.
En
la política de desarrollo nuclear de Bush, Lockheed
Martin es uno de los que mejor se posicionan en la grilla de
negocios.
La corporación cuenta
con un contrato por 2 mil millones de dólares anuales para
impulsar los Sandia National Laboratories, una
instalación de diseño e ingeniería de armas nucleares con sede
en Albuquerque. Lockheed Martin trabaja también en sociedad con
Bechtel para desarrollar el Nevada Test Site, enclave donde se
somete a prueba las armas nucleares mediante explosiones
subterráneas.
Estos contratos
fueron posibilitados por Everet Beckner, ex ejecutivo de
Lockheed Martin, que dirige el complejo de armas nucleares de
la National Nuclear Security Administration (dependencia
de seguridad nuclear nacional).
Northrop Grumman
también juega en grande en el área de buques de combate, pues
son de su propiedad los astilleros de Newport News, en Virginia
y Pascagoula, en Mississippi.
Los tres consorcios
también obtienen fabulosas ganancias del proyecto de Bush
para colonizar la Luna y enviar una misión tripulada a
Marte, que conforman la base de la nueva carrera armamentista
en el espacio.
Boeing y
Lockheed Martin son las mejor posicionadas en el campo de un
espacio exterior militarizado debido a los fabulosos
contratos relacionados a lanzamientos espaciales, así como con
el área de satélites y misiles, manteniendo ambos consorcios
una sociedad para operar la Alianza Unida del Espacio (United
Space Alliance), empresa conjunta a cargo del lanzamiento de los
transbordadores espaciales.
Además, los tres
grandes, por medio de su influencia en todas las oficinas de
contratación federal, tienen los contratos más jugosos en la
llamada "Guerra contra el terrorismo Global" (GWOT) que
abarca ventas de sistemas y armamentos de seguridad que cubren
todo el territorio de EEUU y sus unidades de desplazamiento en
el extranjero.
Lockheed
Martin, Boeing, y Northrop Grumman, son los consorcios más
beneficiados
los nuevos contratos de armas con Israel y los países árabes aliados de EEUU en Medio Oriente, por un monto total de
US$53.000
millones, anunciados por la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza
Rice, la semana pasada.
De esta manera se
verifica la directa relación de la "guerra contraterrorista"
con las ganancias y la expansión de los consorcios armamentistas,
que resultan, juntos con las petroleras y las corporaciones de
servicios (que incluyen a las compañías de "seguridad privada"),
los beneficiarios principales de las invasiones y ocupaciones
militares, tanto en Irak y Afganistán, como de los conflictos
actuales y potenciales en Medio Oriente y en todo el planeta,
entre los que se incluyen las planificadas acciones militares
contra Irán y Siria.
C)
Guerra y negocios
Varias de las mayores
compañías de la industria militar revelaron la semana pasada que
se elevaron significativamente sus ganancias con los contratos
de la llamada "reconstrucción" en Afganistán e Irak.
Como ya está probado
en la práctica, luego de que los tanques y aviones
norteamericanos convierten en escombros las infraestructuras,
rutas y edificios de los países invadidos militarmente, llega el
ejercito de las corporaciones trasnacionales a sacar la
fabulosa tajada capitalista de la "reconstrucción".
Esta semana un
órgano del Congreso de Estados Unidos advirtió que, en el
balance final, la ocupación de Irak puede llegar a costar más
de un billón de dólares a los contribuyentes, pero esa suma
irá a parar a las corporaciones que contratan ventas o servicios
con el Pentágono.
El billón (millón de
millones) se alcanzará cuando se sumen costos como la
repatriación de soldados heridos, la asistencia militar y
económica al gobierno iraquí y el mantenimiento allí de 190.000
soldados, informó esta semana la Oficina de Presupuesto del
Congreso.
Un estudio elaborado
por el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y la experta en
presupuesto de la Universidad de Harvard Linda Bilmes sugiere
que el costo real de la guerra podría superar los dos
billones de dólares cuando se contabilice el gasto por
pensiones de invalidez, asistencia médica a soldados heridos y
su efecto general en la economía.
En una prueba de
donde va a parar esa fabulosa suma, varias de las mayores
compañías de la industria militar revelaron la semana pasada que
se elevaron significativamente sus ganancias con los
contratos de "reconstrucción" en Afganistán e Irak.
Los departamentos de electrónica y de servicios e información de
la empresa estadounidense Northrop Grumman experimentaron
un crecimiento de siete por ciento y 15 por ciento en el
segundo trimestre de este año respecto del mismo periodo del año
pasado.
Northrop Grumman se dedica a los rubros aeroespacial y
naval, entre otros.
La unidad de sistemas de combate de General Dynamics
experimentó un crecimiento en sus ventas de 19 por ciento
por la permanente demanda de tanques y vehículos blindados.
Esa empresa opera desde 1952 en los sectores aeronáutico, naval,
de combate y de inteligencia militar.
La fabricante de aviones y sistemas aéreos Lockheed Martin,
por su parte anunció un crecimiento de 34 por ciento de sus
ganancias, que ascenderán así a 778 millones de dólares.
Las últimas proyecciones colocan los beneficios de esa empresa
en 41.750 millones de dólares.
"El gasto militar proyectado para 2008 es el más alto de la
historia. Y el de este año había sido el mayor hasta ahora.
La tendencia sigue al alza", señaló a la prensa Miriam Pemberton,
investigadora del Instituto de Estudios Políticos.
"Además, las empresas se aprovechan del creciente presupuesto
militar para vender productos que no tienen relación alguna con
la guerra en Irak, como el avión de combate F-22 Raptor y armas
de largo alcance", apuntó.
Esto significa, que
por medio de sus departamentos de investigación y de sus lobbies
estatales las corporaciones armamentistas generan
demanda y nuevas necesidades de tecnología armamentista a
las tropas ocupantes del Pentágono en todo el planeta.
La expansión
geométrica de las ganancias de los consorcios
armamentistas del Complejo Industrial Militar estadounidense es
la prueba más irrefutable de la relación simbiótica de
supervivencia establecida entre el sistema capitalista
sionista y los conflictos armados y las ocupaciones
militares.
Uno se
retroalimenta del otro, y ambos conforman la piedra angular
de la existencia misma del sistema que hoy controla el planeta.
En este escenario, el
ideal de la "paz" es solo una utopía irrealizable.
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