(IAR-Noticias) 04-Julio-07
Con su imagen en el nivel más bajo de
su historia, empantanado en Irak y Afganistán, y con una agenda militar a
resolver con el "eje del mal" en Medio Oriente, el presidente
norteamericano invitó a varios escritores, historiadores, filósofos y
teólogos. Les preguntó cómo creían que serán juzgadas sus acciones y por
qué el mundo parece odiar a EEUU.
Informe especial
Según lo revelado en un artículo
por The Washington Post, preocupado por cómo pasará a la
historia, el presidente norteamericano George W. Bush se reunió
con varios intelectuales de su país y del extranjero para
consultar su opinión respecto de cómo será recordado.
En medio del tumulto, el presidente
ha buscado refugio en la historia.
Entre gaseosas y agua mineral, hace
sus preguntas: ¿Cuál es la naturaleza del bien y el mal en el mundo después del
11 de setiembre? ¿Qué lecciones ofrece la historia a un presidente que enfrenta
la conmoción que enfrento yo? ¿Cómo juzgará la historia lo que hemos hecho? ¿Por
qué el resto del mundo parece odiar a Estados Unidos? ¿O sólo me odian a mí?
Después de leer "A History of the
English-Speaking Peoples Since 1900" de Andrew Roberts, Bush invitó al
escritor y a otra docena de intelectuales a hablar de las lecciones. "¿Qué
podemos aprender de la historia?" le preguntó Bush a Roberts, según Stelzer,
el académico del Instituto Hudson, que participó en el encuentro.
Stelzer comentó que Bush le pareció más inteligente de lo que esperaba. "Me
preguntó: "¿Considera que mi impopularidad en el exterior es consecuencia de
mi personalidad? Y se echó a reír", recordó Stelzer. "Yo le respondí: "En
parte". Y volvió a reírse".
El debate se centró principalmente en la naturaleza del bien y del mal,
un tema permanente en Bush, que plantea la lucha contra los "terroristas
islámicos" en términos de blanco y negro.
Para Michael Novak, un teólogo que
estuvo presente, es evidente que Bush sobrelleva sus dificultades porque se
ve a sí mismo haciendo la obra de Dios.
El
teólogo Michael Novak aseguró que la clave es que Bush piensa que está haciendo
un trabajo encomendado por Dios. "Su fe es muy fuerte. Busca guía, como
cualquier otro presidente, en las oraciones. Y eso significa intentar estar
seguro de que lo que hace es lo correcto. Y si se tiene eso, todas las críticas
no afectan. Uno entonces está respondiendo ante Dios".
En solitario o en pequeños grupos, escritores, historiadores, filósofos y
teólogos desfilaron durante los últimos días por el despacho oval o las salas
privadas de la Casa Blanca, que Bush ocupará hasta el 20 de enero de 2009.
Estas sesiones, que se desarrollan
generalmente en el Salón Oval, nunca figuran en la agenda pública del
presidente. Para algunos de los invitados a estas charlas, Bush parece estar
solo, aislado por hechos que están más allá de su control.
En el séptimo año de una presidencia que se deterioró, cuestionado por un
Congreso opositor, derrotado incluso la semana pasada en cuanto al tema de la
inmigración, su última prioridad importante a nivel interno, Bush está casi
siempre encerrado dentro de la fortaleza de 1600 Pennsylvania Ave.
Sigue viajando, dando discursos a
públicos amistosos y asistiendo a reuniones cumbre, como las negociaciones de
Kennebunkport con Vladimir Putin. Pero rara vez sale a comer afuera, y ya no
juega al golf, salvo ocasionalmente dando algunos golpes en Camp David, donde,
como en su rancho de Texas, halla refugio.
El índice de aprobación de Bush se
ubicó por debajo del 50% en las encuestas del Washington Post-ABC News en enero
de 2005 y nunca superó ese nivel en los 30 meses transcurridos desde entonces.
Bush prácticamente ha abandonado del todo la idea de ganar adeptos estando en
funciones y cuenta en cambio con la reivindicación después de muerto. "Tiene
casi... una idea de fatalismo", dijo Peter T. King (republicano por Nueva
York), quien recientemente pasó un día viajando con Bush.
"Lo único que le queda es hacer todo lo posible y dentro de 100 años el pueblo
decidirá si tenía razón o no. No parece tener un falso orgullo machista ni vivir
en su propio mundo. Yo lo veo increíblemente tranquilo", señala King citado por
The Washington Post.
El
mito "anti-Bush" y sus beneficiarios
Por Manuel Freytas
Bush, sin ninguna
duda, es el presidente más atacado y demonizado de toda la
historia de los EEUU, y su sola mención equivale a recrear lo
más abominable de esa galería que el sistema ha colocado
en el santuario de los "malditos" de la especie.
Curiosamente, en los
cinco continentes, las personas no odian a Bush por lo que
representa (el Imperio norteamericano y el sistema
capitalista) sino por todo lo que la mitología mediática
concentró alrededor de su figura: "loco", "nazi",
"fundamentalista", "borracho", etc.
Pero, sin lugar a
dudas, también están los que se benefician del mito "anti-Bush"
para alienar a las mayorías y esconder la relación existente
entre las guerras imperiales y los negocios capitalistas de la
conquista.
En el mundo
capitalista "transnacionalizado" del Imperio sionista
norteamericano las 200 empresas multinacionales mas
poderosas dictan y condicionan la política mundial y el
comportamiento de gobiernos, ejércitos, o instituciones
mundiales oficiales o privadas.
Ese capitalismo
sionista planetario, concentrado en Wall Street, la Reserva
Federal y los bancos centrales europeos, es el autor intelectual
y económico de las invasiones militares (para hacer negocios)
que tanto las administraciones republicanas como demócratas
lanzan periódicamente desde la Casa Blanca.
A pesar de que ese
poder mundial imperialista es inmutable, y maneja los
destinos de la Casa Blanca tanto con demócratas como con
republicanos, el mito "anti-Bush", difundido día y noche
por las cadenas mediáticas, concentra todos sus emergentes
actuales exclusivamente en la figura de Bush.
Lo que ha llevado
(tal como lo quieren los usufructuadores del mito anti-Bush) a
que el mundo entero odie a Bush pero no al sistema
capitalista sionista representado eventualmente por Bush en
la Casa Blanca.
La "demonización",
de Bush manipulada día y noche por las grandes cadenas
mediáticas, también ha calzado en un sector de la izquierda que
se ha olvidado del sistema capitalista, de sus leyes históricas
de conquista y genocidio de pueblos, para depositar y justificar
en el "anti-Bush" su militancia "revolucionaria".
Y mientras el mundo
entero es "anti-Bush", las redes financieras,
industriales y comerciales del capitalismo trasnacional, los
grandes charman y ejecutivos de bancos y consorcios
multinacionales que deciden el destino del planeta en el
Consenso de Washington, concentran riqueza, duermen en paz, y se
reparten el mundo como si fuera un pastel.
Más
allá de que sea estúpido, loco, idiota o genocida, detrás de
Bush subsiste un sistema de intereses complejos cuya
dinámica define las políticas militaristas que ejecutan el
presidente norteamericano y su camarilla de halcones, de las
cuales se benefician las grandes corporaciones sionistas con sede
en Wall
Street y el Complejo Militar Industrial estadounidense.
Con el Plan
Colombia, con los gobiernos "neoliberales" o con las
administraciones "progresistas-dependientes" de los Lula o los
Kirchner en el Cono Sur, con la cooptación de los gobiernos de
las ex Repúblicas soviéticas en Europa del Este, con la
ocupación militar de Irak y Afganistán, el objetivo siempre es
el mismo: apoderamiento de los recursos naturales,
explotación de mercados y de mano de obra barata, y
regionalización estratégica del control militar sobre los
territorios dominados.
Y así, como hoy
detrás de Bush se encuentra el lobby judío de Cheney y
los neocons (versión halcón de ultraderecha) durante la
administración demócrata de Clinton se encontraban
el lobby
judío de Berger, Albright
y Cohen (versión liberal "progresista"), los
que
tuvieron una participación clave en los bombardeos y
posterior invasión de EEUU a Yugoslavia lanzada con la
complicidad militar de la OTAN, a fines del 90.
Esa, sencillamente, es la trampa
siniestra que tapa el mito "anti-Bush" inducido
mediáticamente en la psicología de las mayorías planetarias
para esconder a los verdaderos beneficiarios de las
invasiones y políticas guerreristas de Bush.
Y también está
claro que al sistema capitalista sionista que hace
lucrativos negocios con Bush en la Casa Blanca le conviene que
la mayoría piense que todas las calamidades de la humanidad
-incluidas las catástrofes naturales- suceden porque Bush es
el presidente de EEUU.
Y está claro
también que si el mundo es "anti-Bush", no es ni
antiimperialista ni anticapitalista, es "anti-Bush".
Esa es la esencia y
la función principal del mito "anti-Bush". |