En ese marco, dicen los analistas
norteamericanos, la llamada reunión de distensión se tiñó de reminiscencias
simbólicas de la "guerra fría" y, ¿porqué no de "guerra
contraterrorista"?
Con
George W. Bush en la presidencia de EEUU, la alianza "contraterrorista" Bush-Putin
continuó desarrollándose, aunque las relaciones se "enfriaron" en los
tramos preparatorios de la invasión a Irak, país con el cual el gobierno ruso
mantenía fuertes relaciones comerciales.
Detrás de cada cruzada bélica "antiterrorista" de Bush, siempre
están los
fabricantes de armas que extraen su ganancia capitalista del casi medio
billón de dólares anuales del presupuesto militar y de seguridad
estadounidense. Están las petroleras y gasíferas que explotan y regulan
los mercados multimillonarios del petróleo y la energía. Están los megabancos y
megagrupos de inversión de Wall Street (Citigroup, Goldman Sachs y
J.P.Morgan-Chase) que
embolsan fabulosas
sumas "financiando" las "reconstrucciones" de los países arrasados por
los misiles y las bombas "inteligentes".
Putin, un producto reciclado
del ex KGB soviético, intentó seguir el mismo camino. Emergente de las cenizas
del Kremlin y de la Guerra Fría, el hoy "presidente de la guerra" de
Rusia se proyecta hacia la consolidación de un Imperio ruso forjado a partir de
la vieja sociedad capitalista de las armas, el petróleo y las finanzas.
Así como la masacre
autoadjudicada por Bin Laden le dio a Bush el argumento para invadir
Afganistán, la matanza en el colegio reivindicada por Basayev le permitió a Putin cumplir su objetivo: reforzar su aparato de inteligencia y seguridad y
lanzar una nueva guerra contra el "terrorismo checheno".
A Bush, al Pentágono, a
los contratistas del Complejo Militar Industrial, a los financistas de Wall
Street, Bin Laden y su "omnipresencia terrorista" les brindó la justificación
para dos guerras de conquista de mercados en manos del "eje del mal".
A Putin, al complejo
militar ruso, a las petroleras, a la oligarquía financiera y armamentista,
el ya fallecido Shamil Basayev y su sombra terrorista macabra les sirvió para centralizar el
poder de Moscú en la Federación Rusa y lanzar "guerras preventivas" y de
conquista de mercados "amenazados" por el fundamentalismo "terrorista".
En esta senda de coincidencias
operativas no sorprendió que Bush, durante uno de sus encuentros con el
presidente ruso en el pasado, le dijera a la prensa que había mirado a Putin "a los ojos" y que hasta había podido "adivinarle el alma"?.
Pero el romance entre Bush y Putin se
terminó cuando entre ambos se cruzó nuevamente la "guerra fría".
El clima se recalentó cuando el
presidente ruso Vladimir Putin advirtió sobre el riesgo de
"transformar a Europa en un polvorín" si Estados Unidos llegara a desplegar junto con
la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) un escudo antimisiles en
Polonia y Checoslovaquia.
La advertencia fue simultánea al
anuncio del Ministerio de Defensa ruso que confirmaba que Moscú había probado
con éxito un nuevo proyectil intercontinental, capaz de portar hasta diez
cabezas nucleares y superar los sistemas de defensa convencionales de
misiles.
En su edición del 8 de junio,
el diario neoyorquino The New York Times publicó un
artículo bajo el título "Putin sorprende a Bush con un plan de escudo
misilístico" diciendo que el presidente ruso Vladimir Putin le propuso
en la conferencia del G-8 al presidente estadounidense George W. Bush construir
juntos un sistema de defensa contra misiles en la ex-república soviética de
Azerbaiján.
Entre otras características, ese
sistema conjunto ofrecería protección a ambos países ante un teórico ataque misilístico iraní norcoreano.
Esto dejó a Bush y su equipo totalmente descolocados, haciendo peligrar
la campaña conjunta de Estados Unidos e Israel de buscar alguna justificación para lanzar un "ataque preventivo" contra la
República Islámica de Irán.
Bush y la misión norteamericana se
retiraron con la cabeza gacha y con una extraña sensación de "derrota" de la
cumbre del G-8 que aún no ha podido ser superada por Washington.
Por otra parte,
la decisión del gobierno de Putin de
no dar marcha atrás con su oposición a la instalación del sistema de
vigilancia AMB yanqui
frustró el objetivo principal de la visita de la secretaria de Estado a Moscú,
en mayo pasado, dejando en fojas cero las negociaciones.
Ese fue el marco geopolítico y la
crisis de intereses estratégicos Washington-Moscú no resueltos que rodearon
la cumbre de Bush y Putin en la paradisíaca residencia familiar en Kennebunkport,
Maine.