Como se sabe, nada más lejano de los
victoriosos demócratas (en especial de Nancy Pelosi, la
presidenta de la Cámara de Representantes que esta semana salió a buscar la
"paz" en Medio Oriente) que la "guerra contraterrorista"
y la visión aplicada de Bush sobre los temas de la "seguridad nacional",
en especial de la inmigración ilegal.
Temas que, a partir de la mayoría que
detentan los demócratas en la Cámara de Representantes y en el Senado
ya se convirtieron en
el centro estratégico de la guerra por el poder entre republicanos y demócratas,
transformados estos últimos en una "máquina de impedir" para los proyectos
bélicos que envíe el ejecutivo para su aprobación al Congreso.
Donald Rumsfeld (cuya renuncia fue
precipitada por los demócratas tras el triunfo en noviembre) se
convirtió en la primera baja republicana de la
guerra política despiadada y sin cuartel que detonó tras el triunfo de los
demócratas, y que tiene como epicentro al Congreso de EEUU.
Así como Bush y los halcones neocons, el lobby judío "por
derecha" (hay otro "por izquierda") tras el 11-S encontraron la filosofía
y la doctrina adecuadas para sus guerras preventivas contra el "eje del mal",
hoy los demócratas encontraron su propia filosofía doctrinaria para terminar con
la carrera de Bush en la Casa Blanca, si es posible antes de que termine su
mandato.
Los "talones de Aquiles" del
presidente de la guerra son demasiados, y con cada día que pasa, los demócratas
y su aparato político-mediático le suman otros a los ya existentes.
Los escándalos de corrupción y el llamado "CIA-Gate", desatado tras la revelación del nombre de la espía encubierta
de la CIA, ya ha salpicado a los principales funcionarios de la administración Bush, entre ellos el "cerebro" Karl Rove, y ahora
amenaza al propio
vicepresidente Cheney, de quien The New York Times dice que tuvo una
participación en el escándalo.
La cuestión del "CIAgate" y de la reciente proceso judicial contra el
ex jefe de
gabinete de Cheney, reaviva las versiones de un "golpe de Estado" contra Bush,
tal como se había hablado en junio del año pasado tras la renuncia del director
de la CIA, George Tenet, a quién señalaba como tramando un complot contra la
dupla presidencial Bush-Cheney.
El reavivamiento del CIA-gate
y de los casos de corrupción (que ya rozan a Bush y a su vicepresidente) levanta nuevamente versiones de
que detrás de la acusación contra los funcionarios de la Casa Blanca hay un plan
encubierto para destituir a Bush y a su vice antes de la finalización de su
mandato.
No faltan los que predicen
que EEUU está al borde de una
crisis presidencial y constitucional, que en última instancia llevará a hacer
parecer minúscula la destitución de Richard Nixon en 1974.
De cualquier manera, entre los
numerosos frentes de tormenta que azotan a la Casa Blanca (la corrupción, el
CIA-gate, el "efecto Katrina", las "mentiras" sobre las armas de Saddam Hussein,
el escándalo con las torturas en Irak, entre otros) con el CIA-gate y los casos de
corrupción se presenta la posibilidad más nítida de que los
principales funcionarios de la Casa Blanca, con Bush y Cheney a la cabeza, terminen procesados y/o condenados por
la justicia.
En ese escenario, y a caballo del
triunfo electoral de noviembre, los demócratas ya liquidaron y sacaron del medio a Rumsfeld, y ahora van por la cabeza de Cheney (el "tutor político" de W)
, para, finalmente, con el camino despejado, concentrarse en el blanco central:
George W. Bush.