Los demócratas estadounidenses,
son, en el Imperio, los equivalentes de los "presidentes progresistas" en
América Latina: Hablan con la izquierda para conseguir votos, y cuando están en
el poder gobiernan sin conflicto para la derecha. Nancy Pelosi, no es una
excepción.
Pero a diferencia de
los "presidentes de izquierda" que siguen siendo gerentes de
enclave del Imperio, los demócratas, cuando acceden a la CasaBlanca, terminan con el discurso "progresista" y empiezan a
hacer lo que siempre hacen: Gobernar para los intereses del
capitalismo trasnacional sionista que controla los resortes
del Imperio norteamericano.
El que quiera verificarlo, no tiene nada más que investigar las
andanzas imperialistas y militaristas de las
administraciones de los dos inmediatos antecesores de los
republicanos en la Casa Blanca: Bill Clinton y el "manicero"
Jimmy Carter, insólitamente galardonado con un Premio Nóbel de
la Paz.
Este es el escenario central en que hay que situarse para
entender las claves de las jugadas puramente "electoralistas"
de los demócratas con Irak y el Medio Oriente, en las que
cifran sus estrategia para ganar las presidenciales en 2008.
Y en esa línea de campaña electoral, la presidenta de la Cámara
de Representantes, Nancy Pelosi, resolvió visitar Siria, el martes, pese a la oposición y a las críticas
de la Casa Blanca.
La visita convierte a Pelosi en la funcionaria estadounidense de
mayor rango que visita a Siria en varios años.
El viaje de la legisladota demócrata, conocida operadora del
lobby judío liberal (por izquierda) en el Congreso, ha sido
fuertemente criticado por el gobierno conservador y
"derechista" del presidente George W. Bush.
La portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, dijo que "tener a
funcionarios de alto nivel de EE. UU. yendo allí para tomarse
fotos con (el presidente sirio Bachar el) Assad, que
luego las explota, envía el mensaje equivocado".
Como es público, EEUU acusa a Siria de apoyar a organizaciones
que Washington considera "terroristas", como el grupo
militante chiita libanés Hezbolá, el movimiento islamista
palestino Hamas y la insurgencia en Irak.
La administración Bush, tanto como como el gobierno
derecho-sionista de Tel Aviv, se niegan a dialogar con
Siria e Irán, países que cuentan con gran influencia en Irak y
en Líbano.
Sin embargo, Pelosi respondió a los cuestionamientos de la Casa
Blanca al decir que el domingo tres políticos republicanos se
encontraban en Damasco y se reunieron con Assad.
"No oí a la Casa Blanca pronunciarse al respecto", recalcó
Pelosi.
Respecto de la visita de Pelosi, el ministro de Información de
Siria, Mohsen Bilal, dijo que su país estaba "listo para el
diálogo con EEUU".
No obstante, Bilal reconoció que recibía a Pelosi en su
condición de presidenta de la Cámara de Representantes.
Sobre el polémico tema del apoyo sirio a Hezbolá y a Hamás,
Bilal dijo que "Hezbolá es un partido libanés, forma parte del
tejido de la sociedad libanesa, forma parte del parlamento
libanés, que representa una resistencia contra la agresión
israelí a Líbano.
En Beirut, en donde estuvo el lunes en una visita previa a su
llegada a Siria, Pelosi dijo que el viaje "es importante para el
Grupo de estudio de Irak (...) En Damasco discutiremos sobre
el terrorismo y sobre el papel que Siria puede desempeñar
para ayudar o entorpecer la lucha contra el terrorismo".
Los demócratas no ahorran munición para apoderarse de la Casa
Blanca utilizando el cadáver de Bush en Medio Oriente.
Aunque después hagan lo mismo que Bush.