|
|
|
Presidente Hugo Chávez Frías |
Detrás del
mito del ataque a los "medios golpistas" se desarrolla una reestructuración
capitalista del negocio mediático donde un solo "grupo concentrador" pasa a
controlar el mercado publicitario y el negocio diversificado de la comunicación
en Venezuela.
Informe especial
(fecha de publicación 31- Mayo-07)
Después
de derrocarlo sin piedad a Chávez con el golpe del 2002, una parte de la
corporación de la prensa golpista venezolana hoy se declara victima de la
"dictadura mediática" del presidente venezolano, que decidió cerrar y
apoderarse de la estructura y los equipos del canal RCTV para utilizarlo como
parte del emporio comunicacional que está construyendo al servicio de su propio
proyecto político.
Mientras el sionismo
mediático internacional y sus sucursales regionales en América
Latina, incluida la OEA y la SIP, arremetían contra Chávez por
"violar la libertad de prensa" e iniciar un proceso de
confiscación "revolucionaria" con el cierre del canal RCTV,
la izquierda y los sectores que apoyan a Chávez celebraban el
acontecimiento como el fin del capitalismo mediático golpista.
El resultante, bien mirado en los
hechos, indica que ambas posturas son ilusorias: Ni Chávez se propone hacer una
confiscación revolucionaria de los medios de comunicación, ni el cierre de RCTV
significa el principio de la desaparición de la estructura operativa del
capitalismo mediático en Venezuela.
Lo que hizo Chávez con su medida de
cerrar RCTV, no fue otra cosa que la aplicación de su clásica estrategia a dos
bandas, que consiste en atacar por un lado a un sector del capitalismo (el
más débil), y negociar con otro sector (más fuerte y
transnacionalizado) que le sirva de aliado y contrapeso para construir su
propio proyecto político desde una posición de poder y de fuerza.
Chávez, lo sabe cualquier experto,
construyó su imagen y su
marketing político a partir de un doble
discurso contradictorio y esquizofrénico aceptado y no cuestionado por
las mayorías que lo siguen.
Así Chávez se proclama el principal
enemigo del "Imperio yanqui", pero su gobierno es el
principal socio comercial de EEUU en la región,
con casi US$50.000 millones de comercio bilateral.
Chávez dice ser el principal enemigo
del "capitalismo injusto", pero en los hechos (cualquiera lo puede verificar en
los registros públicos) , y luego de ocho años de gestión de su gobierno, la
estructura económica funcional de Venezuela sigue siendo
capitalista-dependiente, con los bancos y trasnacionales de EEUU
y Europa hegemonizando el control de los servicios, las finanzas, la industria y
los principales recursos del país.
La última jugada marketinera-política
de Chávez, el proceso de
"nacionalización" de la economía, no fue
otra que una negociación con compra de acciones por parte del Estado y la
conformación de empresas mixtas donde la estatal PDVSA poseerá alrededor
del 60% de la propiedad accionaria, y las trasnacionales petroleras seguirán
comercializando el petróleo venezolano mediante una
simbiosis con el Estado.
Chávez proclamó la vigencia del
"socialismo y la revolución" en su país, pero Venezuela puntea el
proceso de concentración y ganancia capitalista en América Latina,
mientras que entre el 70 y 80% de la mano de obra venezolana se compone de
empleos en negro (trabajo basura) y la concentración de pobreza es una de las
más fuertes de la región.
En este doble juego constante del
discurso contrapuesto a la realidad como metodología para construir poder,
no sorprende que Chávez, haya recurrido a otro golpe de efecto para hacer
creer que su gobierno comenzó el proceso de exterminio del capitalismo
mediático que lo derrocó con un golpe de Estado en abril del 2002.
CTV y Venevisión, los dos canales de
TV masivos de Venezuela (juntos absorben más del 80% de la teleaudiencia y del
"paquete publicitario") fueron las columnas vertebrales del llamado "golpe
mediático" con que la CIA y los sectores golpistas venezolanos aliados de la
mafia "anticastrista" de Miami derrocaron al presidente venezolano en abril de
2002.
Al igual que la Venevisión de Cisneros, RCTV mantuvo una línea editorial de
feroz oposición a Chávez desde su llegada al poder en 1999, y en abril de 2002
se convirtió en arte y parte de la acción psicológica golpista y de los
pronunciamientos militares que terminaron en un golpe de estado con la
destitución de Chávez la noche del 11 al 12 de abril.
|
 |
|
El magnate
de las comunicaciones Gustavo Cisneros, propietario de Venevisión |
El doble juego de Chávez
consistió esta vez en cerrar RCTV dejando en pie al emporio mediático
de Cisneros (representante del capitalismo más fuerte y
transnacionalizado) con quien pactó un acuerdo luego del Plebiscito de
septiembre de 2005, otorgando de hecho a Venevisión la mayoría del
mercado publicitario y del paquete diversificado de los negocios
mediáticos en Venezuela que antes compartía con la televisora
cerrada.
En tanto, las movilizaciones del oficialismo chavista centradas exclusivamente
contra el "golpismo mediático" de RCTV, distrajeron la atención sobre la
renovación de la concesión al canal de Gustavo Cisneros, el que evidentemente
fue el principal beneficiario con el cierre de RCTV, ya que Venevisión
absorberá la mayoría de la teleaudiencia y el paquete de inversión publicitaria
que explotaba RCTV.
En 2003, el magnate de las comunicaciones Gustavo Cisneros, propietario de
Venevisión, se reunió con Chávez y con el ex presidente estadounidense Jimmy
Carter (1977-1981), premio Nóbel de la Paz, y desde entonces cambió la línea
editorial de ese canal, un camino que en breve siguió la otra televisora VHF de
alcance nacional, Televen.
Durante la reunión entre Carter-Cisneros y Chávez, en 2003, en la cual se
consolidó un pacto del gobierno chavista con una parte del empresariado
golpista venezolano, Venevisión "modifico" su línea informativa, a tal
punto que hoy es considerada como una "fuente confiable" por las agencias de
noticias del gobierno venezolano, que citan parte de su material.
Venevisión cambió su línea editorial de "oposición sostenida" y fueron sacados
del aire los comunicadores críticos al gobierno, y de la vieja "guardia
golpista" y solo quedaron RCTV, la televisora de mayor alcance nacional, y
Globovisión, canal de noticias por suscripción cuya licencia para operar aún
dura varios años.
RCTV, dirigido por Marcel Granier, se mantuvo hipercrítico al gobierno de Chávez
a quien llamaba "el teniente coronel Chávez", en alusión al grado que
alcanzó el ahora presidente y comandante en jefe hasta que se sublevó en una
acción golpista fracasada en febrero de 1992, cuando tenía 37 años.
Gustavo Cisneros en cambio, poseedor de uno de los emporios mediáticos y
comerciales más poderosos del continente, se convirtió en el "interlocutor"
privilegiado de Chávez con los grandes consorcios transnacionales (bancos y
empresas estadounidenses) que operan en Venezuela y hacen "negocios" con el
gobierno bolivariano, mientras Chávez construye marketing político e imagen
"revolucionaria" atacando a Washington y al "diablo Bush".
En su clásica metodología de cortar el hilo por lo "más débil", esta vez
Chávez y su gobierno se valieron del cierre de RCTV y la reacción
(movilizaciones en contra) que produjo para mostrar a sus seguidores un nuevo
triunfo de la "revolución" que conduce, aprovechando la reacción del
sionismo mediático internacional para llevar agua a su imagen de "duro entre los
duros".
Con una oposición dividida, sin un gran poder de movilización en las
calles, y con una parte del capitalismo mediático encabezado por Cisneros y su
emporio "haciendo la vista gorda" ante el cierre de RCTV, a Chávez le
resulta relativamente fácil controlar los raleados desbordes callejeros de los
estudiantes y jóvenes "antichavistas" sublevados por la agresión a la "libertad
de expresión" (un estúpido eslogan copiado de las cadenas sionistas
internacionales).
Para defenderse de las acusaciones de "concentración mediática", y
utilizando datos del ente regulador de la Comisión Nacional de
Telecomunicaciones (Conatel) del pasado 27 de enero, el chavismo afirma que el
78 por ciento de las estaciones de televisión en VHF son utilizadas por el
sector privado, mientras que sólo el 22 por ciento lo es por el sector público
del gobierno.
Sin embargo, el gobierno de Chávez omite decir que el sector comunicacional
televisivo venezolano (antes del cierre de RCTV) estaba monopolizado en un 80%
por Venevisión y el canal cerrado, lo que dejaba el espectro comunicacional
masivo en manos de esos dos grupos, siendo casi intrascendente el resto
desde el punto de vista de la masividad.
|
 |
|
Masiva concentración en apoyo a la salida del
aire de RCTV |
Cuando Chávez cierra RCTV, no está haciendo ninguna "revolución mediática" sino
una reestructuración capitalista del negocio mediático donde un solo
"grupo concentrador" (el de Cisneros) pasa a controlar el mercado
publicitario y el negocio diversificado de la comunicación en Venezuela.
En el Libro Blanco sobre RCTV publicado por un grupo de investigadores se
demuestra que l
os
dueños reales del espectro radioeléctrico venezolano (antes del cierre de RCTV)
eran RCTV y Venevisión que "concentran 85 por ciento de la inversión
publicitaria en medios de comunicación en el país, tienen 66 por ciento del
poder de transmisión, dominan las redes transmisoras y de difusión de la señal y
controlan 80 por ciento de la producción y elaboración de mensajes y contenidos
que se difunden en Venezuela".
La investigación revela que el emporio "diversificado" y transnacional de
Cisneros es "un holding con tendencia global e inversiones en distintas áreas
económicas". Sólo la industria del espectáculo, le reportó ganancias de
cinco mil millones de dólares anuales.
El Grupo Cisneros "tiene participación importante en Chilevisión (Chile),
Caracol (Colombia), el Caribe (Caribean Communication Network) además de
Venevisión, y es el mayor accionista de la cadena estadounidense Univisión y de
la señal de Galavisión para el público de habla hispana en Estados
Unidos.También en Aol Latinoamérica, junto con América On Line, uno de los
principales proveedores de Internet, controlando importantes portales. Además es
dueño de 80 empresas a nivel nacional e internacional en sectores todos
estratégicos.
El grupo controlado por Cisneros "no posee accionistas directos, sino que a
través de razones sociales amplía enormemente el espectro de compañías que
maneja" que van desde productoras de discos, Pepsi Cola, cosméticos, Pizza Hut,
y otra cantidad en todas las cuales posee más de 50 por ciento de acciones.
Por otra
parte, Gustavo Cisneros, ex golpista contra Chávez y amigo personal de la
familia Bush y de los más prominentes próceres del sionismo financiero
neoyorquino, candidato de Wall Street para suceder a Hugo Chávez, ya sea por
elecciones o por golpe,
es uno de los hombres más
ricos de América del Sur, con una fortuna estimada de US$ 4,6 mil millones,
la tercera fortuna de América Latina, según la revista Forbes.
Y por si faltara algo a su
curriculum capitalista,
según su perfil de "hombre de empresa", Cisneros controla con su grupo más
de 70 compañías en 40 países.
Además, Gustavo Cisneros
integra el directorio de la Sociedad Americana de Arte de Estados Unidos
y es uno de los líderes de Global Business Dialogue (Diálogo de Negocios
Globales), una organización que maneja una red de negocios mundializados del
lobby sionista financiero de Nueva York que controla la Casa Blanca.
También se desempeña como consejero internacional de la Sociedad de Las
Américas (The Americas Society),
institución lobbysta de bancos y trasnacionales
que operan en el continente,
donde, entre otros, comparte honores y privilegios con el prócer emblemático del
capitalismo norteamericano, David Rockefeller, "inventor de presidentes" y
fundador de la Comisión Trilateral.
Cisneros, el propietario de
Venevisión, a diferencia de Granier, el director del canal RCTV expropiado por
Chávez, es un "peso pesado" en la red latinoamericana del capitalismo
sionista que controla la Casa Blanca, Wall Street y la Reserva Federal, y a
través de su pacto con Chávez le sirve al presidente venezolano como contrapeso
de sus jugadas "antiimperialistas y anti_EEUU" sólo realizadas en el plano del
discurso mediático.
El
hecho de que tras el cierre de RCTV, Venevisión renovara su concesión y quedara
en control de la mayoría abrumante del negocio publicitario y mediático
"redondea y cierra" el pacto que Cisneros suscribió con Chávez en el 2005,
por el cual pasó de ser "golpista" contra Chávez, a aliado encubierto y
"protector" del presidente venezolano en los altos círculos del lobby sionista
de Nueva York.
Es decir, Venevisión, integrante de lujo del sionismo mediático
internacional, no fue tocada por la sencilla razón de que forma parte del
paquete de bancos, petroleras y transnacionales, lo más selecto del capitalismo
que cotiza en Wall Street, con quien Chávez y su gobierno se asociaron y
fusionaron durante el último proceso de "nacionalización" de la economía
venezolana.
Y ahora Chávez, en su doble estrategia de jugar para Dios y para el Diablo (como
sumatoria para construir poder político y mediático) va por la cabeza de
Globovisión, el tercer emporio comunicacional en Venezuela, y el último bastión
"mediático-golpista" que se enfrenta al Imperio "revolucionario" de presidente
venezolano.
El capitalismo transnacional concentrador y el Grupo Cisneros, nuevamente
agradecidos.