En 2003, el magnate
de las comunicaciones Gustavo Cisneros, propietario de Venevisión, se reunió con Chávez y con el ex presidente
estadounidense Jimmy Carter (1977-1981), premio Nobel de la Paz,
y desde entonces cambió la línea editorial de ese canal, un
camino que en breve siguió la otra televisora VHF de alcance
nacional, Televen.
Durante la
reunión entre Carter-Cisneros y Chávez, en 2003, en la cual se
consolidó un pacto del gobierno chavista con una parte del
empresariado golpista venezolano, Venevisión
"modifico" su línea informativa, a tal punto que hoy es
considerada como una "fuente confiable" por las agencias
de noticias del gobierno venezolano, que citan parte de su
material.
Venevisión cambió su línea editorial de "oposición
sostenida" y fueron sacados del aire los comunicadores críticos
al gobierno, y de la vieja "guardia golpista" y solo
quedaron RCTV, la televisora de mayor alcance nacional, y
Globovisión, canal de noticias por suscripción cuya licencia
para operar aún dura varios años.
RCTV, dirigida por
Marcel Granier, vinculado como Cisneros a las más
virulentas usinas "antichavistas" de Miami, aunque cuidando las
"formas" se mantuvo hipercrítico al gobierno de Chávez a quien
llamaba "el teniente coronel Chávez", en alusión al grado que
alcanzó el ahora presidente y comandante en jefe hasta que se
sublevó en una acción golpista fracasada en febrero de 1992, cuando tenía 37 años.
Gustavo Cisneros en
cambio, poseedor de uno de los emporios mediáticos y comerciales
más poderosos del continente, se convirtió en el
"interlocutor" privilegiado de Chávez con los grandes consorcios
transnacionales (bancos y empresas) que operan en Venezuela y
hacen "negocios" con el gobierno bolivariano.
Es decir, Venevisión,
integrante de lujo del sionismo mediático internacional, no
fue tocada por la sencilla razón de que forma parte del paquete
de bancos, petroleras y transnacionales, lo más selecto del
capitalismo que cotiza en Wall Street, con quién Chávez y su
gobierno se asociaron y fusionaron durante el último proceso de
"nacionalización" de la economía venezolana.
Gustavo Cisneros, ex
golpista contra Chávez y amigo de la familia Bush, candidato de
Wall Street para suceder a Hugo Chávez, ya sea por elecciones o
por golpe,
es uno de los
hombres más más ricos de América del Sur, con una fortuna
estimada de US$ 4,6 mil millones, la tercera fortuna de
América Latina, según la revista Forbes.
Además, según su perfil de "hombre de empresa" Cisneros controla
con su grupo más de 70 compañías en 40 países.
Gustavo
Cisneros integra el directorio de la Sociedad Americana de
Arte de Estados Unidos y es uno de los líderes de Global
Business Dialogue (Diálogo de Negocios Globales), una
organización que maneja una red de negocios mundializados
del lobby sionista fianciero de Nueva York que controla la Casa
Blanca.
También se desempeña como consejero internacional de la
Sociedad de Las Américas (The
Americas Society),
institución lobbysta de bancos y trasnacionales que operan en el
continente,
donde, entre otros, comparte honores y privilegios con el prócer
emblemático del capitalismo norteamericano, David Rockefeller,
"inventor de presidentes" y fundador de la
Comisión Trilateral.
La
participación descollante de Venevisión en el golpe de
Estado el 11 de abril de 2002, fue parte de la "expansión
empresarial" de Cisneros cuyo objetivo principal era apoderase
de Citgo, la filial estadounidense de la empresa estatal
Petróleos de Venezuela, la que formaba parte del acuerdo
establecido con la cabeza "visible" del golpe, Pedro Carmona,
una suerte de títere de los hóldings que se propusieron derrocar
a Hugo Chávez.
Cisneros, el
propietario de Venevisión, a diferencia de Granier, el director
canal RCTV expropiado por Chávez, es un "peso pesado"
en la red
latinoamericana del capitalismo sionista que controla la Casa
Blanca, Wall Street y la Reserva Federal.
¿Será una
casualidad que Chávez se olvidara de él al expropiar al
"golpismo mediático"?