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conocimiento masivo de este proyecto de ley, por el cual se "legaliza" el
saqueo petrolero de Irak posibilitado por la ocupación militar, se produjo
cuando la periodista estadounidense Amy Goodman entrevistó en su programa al
periodista iraquí, Raed Jarrar, quien consiguió una copia de la ley petrolera
propuesta, la tradujo al inglés, y la publicó en su blog.
De esta manera, y de acuerdo al
marco regulatorio de la nueva ley en proyecto para el petróleo, así como
EEUU "legalizó" la ocupación militar con un gobierno de mayoría chií (aliado
de la invasión) elegido en las urnas, de la misma manera, va a utilizar a esa
administración y su parlamento para convertir en "ley" un proyecto diseñado
por la embajada norteamericana y los representantes de las transnacionales del
petróleo, las beneficiarias directas de la conquista de Irak.
En resumen, y según lo explicado por
Raed Jarrar, el proyecto de ley (del cual se conocen unas 30 páginas a través de
Internet) legaliza formatos que obligarán a Irak a cumplir contratos a largo
plazo que pueden durar hasta 35 años, y dejará en manos de las corporaciones
estadounidenses todo el proceso de extracción, comercialización y elaboración de
la industria iraquí del petróleo.
El segundo punto más importante
-según el periodista iraquí- es que Irak noo podrá controlar los niveles de
producción, lo que significa que el país invadido no podrá continuar siendo
miembro de la OPEP.
La estructura de la "nueva ley
petrolera" en proyecto, se articulará a partir de un Consejo Federal de
Petróleo y Gas, que contará con representantes de las corporaciones de
petróleo extranjeras en su junta directiva, además de los representantes del
gobierno nacional y administraciones provinciales que actuarán como virtuales
"socios" de las trasnacionales estadounidenses en el saqueo.
De esta manera, representantes de
Exxon Mobil, Shell y British Petroleum estarán en el Consejo Federal del
Petróleo aprobando -junto a sus socios políticos iraquíes- el funcionamiento del
nuevo marco regulatorio que diseñaron sus propios expertos.
Este consejo -según el proyecto de
ley- estará facultado para intervenir y vetar las decisiones de las autoridades
regionales y provinciales que no respondieran a los intereses concretos de las
corporaciones petroleras en control de la estructura de producción y de todos
los niveles de comercialización del petróleo iraquí.
De esta manera, y aunque -según la
copia del proyecto- se conservará como ente formal a la Compañía Nacional del
Petróleo de Irak, la estructura nacional de producción y comercialización
petrolera que regía en tiempos de Saddam Hussein será sustituida por un
sistema comercial "privatizado" controlado en todos sus niveles por las
corporaciones petroleras, principalmente estadounidenses.
De esta manera, y aunque la oposición
demócrata diga que Bush "fracasó en Irak", se cumple cabalmente el
propósito principal de la invasión militar comenzada en marzo de 2003, cuyo
objetivo central pasaba por el apoderamiento de la tercera reserva del
petróleo mundial, además de vender armas y generar el negocio
capitalista-financiero con la "reconstrucción de Irak".
Petroleras, armamentistas, empresas
de seguridad y de servicios, y bancos y grupos financieros estadounidenses
hegemonizan el llamado proceso de "reconstrucción" e intervienen activamente en
la extracción y comercialización del petróleo, en la financiación de
emprendimientos comerciales, y en la venta de armas y de servicios de seguridad.
En ese campo, el de la estructura
económica privada capitalista, el objetivo de la invasión y ocupación
militar se cumplió exitosamente, y las corporaciones estadounidenses gozan de
los beneficios económicos de la conquista, de la que participan los dirigentes
políticos kurdos y chiíes que colaboran con la ocupación.
Según el periodista Raed Jarrar,
nadie en Irak conoce puntualmente el nuevo proyecto de ley petrolera, y el
gobierno colaboracionista de mayoría kurda y chií (los beneficiarios económicos
locales de la ocupación) viene desarrollado una campaña propagandística
orientada a mostrar una futura ley petrolera como "beneficiosa" para todo
el pueblo de Irak.
Como se sabe, los sunies (la
comunidad que controló el gobierno con Saddam Hussein) están excluidos del poder
y del gobierno actual, y de este sector se nutre mayoritariamente la resistencia
iraquí que se opone con las armas a la ocupación militar de EEUU, y a la que
quieren destruir tanto las fuerzas estadounidenses como los escuadrones de la
muerte integrados por chiíes y kurdos.
La "triple guerra"
Como lógico emergente, la
aprobación de la nueva ley petrolera traerá aparejada en los hechos la
partición del territorio iraquí, ya que chiíes y kurdos (al sur y al
norte) y sunies (centro) intentarán hegemonizar el negocio petrolero con las
transnacionales, en sus respectivas áreas de influencia.
En este escenario emergente de caos y
guerra de "todos contra todos" que generaría el nuevo marco regulatorio
legal del petróleo, surgen los principales problemas que deberá afrontar el
Pentágono en el futuro del Irak ocupado.
Hay una lógica que subsiste en la
decisión de Bush y la Casa Blanca de quedarse en Irak pese a las críticas:
Si los soldados norteamericanos se
retiraran de lo que hoy es una "masacre controlada" por la CIA y el Pentágono,
el país se convertiría en una "triple guerra" entre kurdos, chiíes y sunies,
cuya base motivacional sería el petróleo.
Con una nueva ley que otorgue niveles
de decisión sobre la riqueza energética a las estructuras de poder provincial,
la apariencia formal del "gobierno nacional de Irak" (que contiene a las
facciones y le da una unidad política y económica) estallaría en una guerra
interna por el control del petróleo.
Y con una guerra petrolera
secesionista entre kurdos, chiíes y sunies, también estallarían los negocios
con el petróleo, las armas, los servicios de "seguridad" y la
"reconstrucción" de las corporaciones del Complejo Militar Industrial y de Wall
Street que hoy se benefician de la ocupación militar.
Esto es, si los soldados
norteamericanos se retiraran, el país se convertiría en un caos con una "triple
guerra petrolera" entre kurdos, chiíes y sunies, que beneficiaría principalmente
al régimen de Teherán (que influye decisivamente sobre el poder chií en Irak).
Y como efecto inmediato, el
"triunfo islámico" que representaría el retiro de las tropas invasoras de
EEUU incendiaría toda la región, desde el golfo hasta Palestina,
convirtiendo a Irak en el gran centro irradiador del "terrorismo islámico"
actuando libremente y sin ninguna contención militar.
Y como es obvio, junto con el
descontrol de Irak y su efecto en Medio Oriente, se desarmarían los planes del
ataque militar a Irán (y posiblemente a Siria) que el Pentágono, según
innumerables versiones de medios y analistas internacionales, ya tiene listo y a
la espera de la orden presidencial.
Esto explica claramente porqué ni a
Bush (el actual administrador de la Casa Blanca) ni al establishment de poder
económico con asiento terminal en Wall Street (el poder real de EEUU, y
principal usufructuador económico de la ocupación) les interesa que las tropas
norteamericanas abandonen Irak.
Por el contrario, junto con el
descomunal despliegue de unidades de ataque aeronaval en el Golfo Pérsico,
frente a las costas de Irán, el Pentágono va a seguir sumando soldados y
armamentos en Irak, una de las bases estratégicas de las futuras operaciones
militares contra Teherán.
Y eso explica también porqué los
demócratas, el partido imperial que se turna con los republicanos en la Casa
Blanca, y que utilizan su mayoría en el Congreso para hacer campaña presidencial
hacia el 2008, van a terminar avalando la ampliación del presupuesto militar
solicitado por Bush.
Solamente con un Irak blindado con
tropas, bases, aviones y tanques, el Imperio estadounidense puede preparar y
lanzarse a la conquista de su próximo objetivo militar: el petróleo de Irán,
la segunda reserva del mundo.
En Irak, y con la nueva "ley petrolera" (aunque mueran asesinados 100 iraquíes
por día) el negocio ya "está cerrado".
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