Según un grupo de veteranos, expertos
en combate de contrainsurgencia, que asesoran al comandante militar
estadounidense en Irak, general David Petraeus, a EEUU le quedan seis meses para
"ganar la guerra" en Irak, de lo contrario deberá enfrentar un colapso como
el de Vietnam, sin apoyo político ni público, lo que podría obligar a las
fuerzas armadas norteamericanas a una retirada en estampida del pantano iraquí.
De acuerdo con un artículo publicado en el diario británico, The Guardian, estos
asesores -un grupo de elite de veteranos de combate- tienen la misión de
implementar, bajo el mando del general Petraeus, la estrategia del "nuevo
camino hacia adelante" anunciada por George Bush el 10 de enero.
El plan incluye un polémico "aumento" de 21.500 efectivos estadounidenses para
dar seguridad a Bagdad y a la provincia de Anbar.
El equipo, conocido como el "grupo de los cerebros de Bagdad" -según
The
Guardian- está instalado en la fortificada Zona Verde de Bagdad, y se
esfuerza por superar una serie de complicados problemas en una carrera contra el
tiempo, según un ex funcionario del gobierno familiarizado con sus
deliberaciones.
"Saben que están trabajando contra-reloj. Saben que van a escuchar cada vez más
en Washington acerca del 'Plan B', es decir la retirada.
Saben que los próximos
seis meses es su oportunidad. Y admiten que (la situación) se está poniendo cada
vez más difícil", reveló el ex funcionario al diario británico.
Al mejorar la seguridad, el objetivo de corto plazo del plan es dar tiempo y
espacio para que el gobierno iraquí reúna a las facciones rivales de los
chiítas, los sunnitas y los kurdos en un proceso de reconciliación nacional. Si
esto funciona en el tiempo estipulado, se pondrán en marcha planes de más largo
plazo para reconstruir Irak siguiendo una estrategia de larga permanencia.
Los próximos seis meses serán de logros o fracasos para EE.UU..
Los mayores
obstáculos que enfrenta el equipo de Petraeus son, según la fuentes de The
Guardian:
-- Tropas insuficientes en el terreno,
-- Una coalición internacional en desintegración,
-- Un aumento previsto de la violencia en el sur conforme se retiren los
británicos,
-- Problemas de moral conforme aumenten las bajas,
-- Falta de voluntad política en Washington y/o Bagdad.
"La escena es muy tensa", dijo el ex funcionario a The Guardian. "Trabajan las
24 horas. Interminables tazas de té con los iraquíes.
Pero todavía están
tratando de determinar cuál es el plan. El presidente espera avances. Ellos se
preguntan: ¿Qué pretende? El plan cambia a cada minuto".
El mayor dolor de cabeza -según la fuente- es la cantidad insuficiente de
tropas en tierra pese al incremento ordenado por Bush, dijo el ex
funcionario.
Según un manual militar de contrainsurgencia escrito por Petraeus, la proporción
óptima de "tropas a tareas" para Bagdad requiere que haya 120.000 efectivos
estadounidenses y aliados sólo en la ciudad. El total actual, contando a
unidades iraquíes a menudo poco confiables, no llega a ese número.
La moral de las tropas es otra preocupación: las fuerzas estadounidenses se
preparan para un aumento de las bajas. Petraeus ya les advirtió que se
avecinaban "tiempos difíciles", continúa la fuente citada por The Guardian.
"La implosión del apoyo interno a la guerra obligará a una retirada de las
fuerzas estadounidenses. Es sólo cuestión de tiempo", dijo Steven Simon,
director de amenazas transnacionales del Consejo Nacional de Seguridad durante
el gobierno de Clinton. "Es mejor retirarse como un acto coherente y en cierta
medida voluntario que retirarse más tarde como respuesta a la oposición pública
o a una serie de reveses en el terreno", agregó.
"Si las cosas se ponen difíciles en los próximos meses, será como tirar nafta
sobre el fuego en Washington", señaló el ex funcionario, según el artículo del
diario británico..
"El Congreso se envalentonará en proporción directa a los problemas que haya en
Irak". Y la decisión que tomó esta semana Estados Unidos de sumarse a Irán y
Siria en las conversaciones sobre Irak es vista como un indicio de la
creciente preocupación del gobierno por la posibilidad de un fracaso estratégico
histórico, concluye The Guardian.
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