Desde el 14 de febrero cuando se lanzó oficialmente el plan
iraquí-estadounidense de seguridad para Bagdad, la ciudad parecía "más en
calma", según las agencias internacionales.
Algunos comercios, cerrados debido a la "inseguridad", habían abierto de nuevo y
algunos habitantes que huyeron de sus barrios por la violencias entre chiitas y
sunitas habían podido volver, apuntaban algunos corresponsales.
El primer ministro chiita Nuri Al Maliki había incluso estimado que los
primeros resultados del plan eran "resplandecientes".
En un viraje de sus discurso, el lunes, Maliki llamó a la población a apoyar los
esfuerzos de las fuerzas de seguridad: "Condenamos firmemente esos actos
terroristas odiosos, y llamamos a todos los pueblos de Irak y del mundo a
condenar a sus autores", declaró en un comunicado.
Un portavoz del ejército
estadounidense, el teniente coronel Christopher Garver,
declaró por su parte que este recrudecimiento de la violencia era esperado.
"Sabíamos que (los terroristas) replicarían y tratarían de provocar el máximo de
daños, el máximo de muertos y el mayor impacto mediático", señaló el portavoz
castrense.
"El plan de seguridad llevará meses, vamos a seguir desplegando fuerzas hasta
mayo; las fuerzas iraquíes están ya tomándose la capital", añadió.
Según el portavoz militar, unos 20.000 soldados estadounidenses están
desplegados actualmente en Bagdad, y a término, unos 40.000 serán destinados
ahí.
Por otra parte, la agencia Associated Press informó que 5 soldados de EEUU
murieron el lunes en distintos ataques haciendo llegar a 3.130 las bajas
en Irak entre soldados y personal asimilado estadounidense desde marzo de 2003.
Más de dos
millones de desplazados
Casi 18.000 iraquíes
abandonaron sus casas en las últimas tres semanas en el centro y
el sur de Irak, según datos de la Organización Internacional de
Migraciones (OIM), que estima que hasta un millón de personas
podría desplazarse este año, sumándose al total de 1,4
millones ya existentes.
Según un estudio realizado por la organización, dado a conocer
ayer, sólo en los 15 distritos del centro y el sur, 290.000
personas han tenido que salir de sus casas desde febrero de
2006. En los tres distritos del norte, han sido 84.0000 los
iraquíes desplazados en un año.
Sin señales de que terminen los desplazamientos y con el anuncio
del cierre de las fronteras por parte del Gobierno
iraquí, que tendrá un efecto importante en los refugiados
iraquíes, la OIM estima que hasta un millón de personas más
podrían desplazarse este año.
"Las necesidades son enormes. Se necesitan urgentemente
materiales de emergencia como tiendas de campaña y comida para
estas personas que están sufriendo física y
psicológicamente",señaló el jefe de la misión para Irak de la
OIM, Rafiq Tschannen.
"Tenemos que recordar que los desplazados internos son en gran
parte personas que no tienen los recursos financieros para
abandonar el país para buscar seguridad y que tienen muy
pocos medios para ayudarse", agregó.
Según la OIM, el rápido aumento del número de personas que huyen
de sus casas también implica que hay pocas comunidades con la
capacidad de absorber y ayudar a los nuevos desplazados.