(IAR-Noticias) 26-Febrero-07
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En la imagen, milicianos de la Unión de
Tribunales Islámicos en la carretera que conduce al aeropuerto de
Mogadiscio, Somalia. (Foto EFE). |
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La mayoría de las noticias que recibimos del continente africano
están asociadas a desastres, guerras o enfermedades. Se presenta
una realidad trágica, de unos estados pobres, en todos los
sentidos, y con un futuro que no tiene visos de mejorar.
Por Txente
Rekondo - La Haine
Sin embargo África no
es pobre, dispone de los recursos necesarios para poder
desarrollar todas las políticas necesarias que le permitirían
salir de la situación que hoy sufre todo el continente. Tras la
esclavitud y la colonización, los pueblos africanos han
soportado en buena medida a las élites gobernantes aliadas de
los colonizadores, quines junto a los actores extranjeros y las
grandes multinacionales “han confiscado la soberanía, atizado
conflictos y robado los ricos recursos naturales”.
Los actores extranjeros parecen que nuevamente han centrado sus
intereses en esta región del mundo, y en los últimos meses
estamos asistiendo a diferentes maniobras por parte de algunos
de ellos para redituarse en esta nueva coyuntura local e
internacional. De todos ellos destacan sobremanera Francia,
Estados Unidos y China.
Francia
La etapa post-colonial de Francia en el continente africano se
ha caracterizado por los esfuerzos de París para mantener a sus
antiguas colonias bajo su esfera de influencia. El acceso a
importantes fuentes energéticas, petróleo sobre todo, y a
metales preciosos, junto a la defensa de “los intereses de los
ciudadanos franceses en África”, son los pilares que sustentan
los argumentos intervencionistas franceses. Para apuntalar la
presencia e influencia gala en el continente, París mantiene
tres importantes bases militares (Yibuti, Dakar en Senegal y
Libreville en Gabón), y también tiene tropas en la República
Central Africana, Chad y Costa de Marfil.
Históricamente Francia ha apoyado a los regímenes post
coloniales en función del respaldo de éstos a las políticas e
intereses franceses, y para ello no ha dudado en establecer
“acuerdos secretos” con las élites gobernantes africanas y que
han permitido fomentar la influencia francesa en la región.
Durante tres décadas a los gobiernos franceses les ha funcionado
esa estrategia, pero tras la participación francesa en el
genocidio ruandés en los noventa y el apoyo al dictador Mobutu
Sese Seko en la misma década, el papel de Francia se encuentra
en claro retroceso.
Para paliar ese déficit, París ha revestido sus intervenciones
dotándolas de un carácter multilateral y más africano, pero al
mismo tiempo “no ha abandonado su tradicional estructura de
acuerdos secretos y bilaterales”.
Estados Unidos
Mientras que Francia lucha por mantener su privilegiada posición
del pasado, Estados Unidos estudia seriamente recuperar su
presencia en África. La reciente intervención militar en Somalia
apunta en esa dirección. Los ejes de la política norteamericana
estarían marcados por la ideología neoconservadora que domina
los pasillos de la Casa Blanca. Así, la llamada “guerra contra
el terror” y el marcaje férreo al resurgir de China como
potencia mundial y regional serían las bases de la misma.
El último paso en este giro de Washington hacia el continente
africano podría ser la creación de un nuevo comando militar en
exclusiva para África. El proyecto parece muy avanzado en el
Pentágono, y se afirma que “la localización, los participantes,
las misiones específicas y el cronograma”, estarían en las
últimas fases. Junto a operaciones militares norteamericanas
bajo el paraguas de la “guerra contra el terror”, EEUU plantea
también continuar con el entrenamiento y asesoramiento militar a
sus aliados locales (Etiopía, Kenya, Uganda, Yibuti…).
Otro factor que preocupa a los dirigentes norteamericanos es el
creciente peso que está adquiriendo China en el continente, de
ahí que pretenda retomar sus intervenciones en otros ámbitos
para buscar un equilibrio en la balanza de influencia que se
cierne sobre el tablero africano.
China
Ante “la paranoia que preside la mayoría de los discursos
occidentales” debido a la presencia e influencia china en
África, se ha necesaria una lectura más sosegada de todo ello.
Esta situación ha traído cosas positivas y negativas, pero de lo
que no hay duda es que la actuación china ha dañado todavía más
la dudosa legitimidad de instituciones como el Banco Mundial o
el FMI, además de presentarse como una alternativa para muchos
estados africanos que desean romper con su pasado de
dependencia. Así, en torno a la “colaboración sur-sur”, el
programa chino de ayuda se ha mostrado mucho más eficaz,
eficiente y barato que el que han venido manteniendo otros
actores internacionales.
Mientras que éstos han abandonado hace tiempo los proyectos de
creación de infraestructuras, sus precios de “ayuda” eran
altísimos y la materialización de muchos de ellos mero papel
mojado, Beijing ha centrado buena parte de su ayuda en ese
sector abandonado por Occidente. La apuesta china por la
industria también tiene factores positivos que pueden permitir a
África superar la histórica desindustrialización del continente,
al tiempo que puede ofrecer nueva tecnología que las empresas
locales adaptarían. Tampoco conviene olvidar que en 2005, la
economía africana creció un 5,2%, el mayor índice, y que en
buena medida se debe a la inversión china.
Las infraestructuras construidas por China “han costado un
precio razonable, son de buena calidad y se han materializado en
el tiempo acordado”. Además, la cancelación de una importante
suma de la deuda bilateral, la presencia de médicos chinos en
todo el continente, junto a la de trabajadores y estudiantes
africanos en China, también son factores que juegan a favor de
Beijing.
Finalmente, China no cuenta con el pasado colonial que ha
caracterizado a los estados occidentales, y como poder
emergente, su peso en la esfera internacional es cada vez mayor,
y todo ello no pasa desapercibido para los estados africanos que
miran con sana envidia el desarrollo del país asiático.
La apuesta china no deja lugar a dudas. El pasado mes de
noviembre se celebró en Beijing la cumbre chino-africana que
marcó las líneas maestras del plan de acción 2007-2009
chino-africano, y que recoge aspectos de colaboración política,
económica, política exterior y desarrollo social. Además, el
reciente viaje del presidente Hu Jintao refuerza todavía más los
intereses chinos en África.
Es evidente que los efectos negativos también existen. Las
críticas de las empresas locales pueden tener cierto sentido en
esa línea, pero las que realizan los actores occidentales están
exentas de cualquier legitimidad. Quienes durante siglos han
saqueado las riquezas del continente y han mantenido la
esclavitud y la explotación no tienen argumentos para poner en
duda la actuación china. Esos actores occidentales siguen su
política de desprecio, y “las barreras policiales, las zonas de
internamiento y los obstáculos” para la población africana que
quiere acceder a Europa es buena muestra de ello.
A los pueblos de África les corresponde decidir su futuro, “y el
desarrollo del continente es responsabilidad” de los mismos. Por
todo ello la política que adopten debe seguir esa dirección, y
romper con los condicionantes del pasado, sena éstos en forma de
estados occidentales coloniales o de corruptas élites locales.
Ese es el camino para que África sea dueña de su futuro y de
todas las riquezas que contiene en su seno, y pueda
definitivamente alcanzar el puesto que se merece en la historia.
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Gabinete Vasco de Análisis
Internacional (GAIN)
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