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Secuencia de la muerte del fotógrafo. En la primera imagen un soldado le
apunta con su arma mientras el reportero enseña su cámara. En la
siguiente, el fotografo está muerto y el soldado pasa a su lado. (Foto
Reuters) |
Sospechosamente, la llamada
"revolución de los monjes" y los levantamientos populares contra la junta militar gobernante, se iniciaron luego de que comenzaran
a instrumentarse los acuerdos de cooperación entre Rusia y Birmania
-firmados en
junio del año pasado-, y cuando China, en frontera con Birmania, consolida su
influencia en el sudeste asiático.
En Moscú, la agencia de energía atómica rusa,
Rosatom,
señaló
que su compromiso con el régimen que gobierna Birmania consiste en diseñar y construir un centro de investigación
atómica en el país del sudeste asiático, lo que automáticamente lo emparentó con
Irán y Corea del Norte, cabezas nucleares del "eje del mal", según la lógica
sionista imperante en Washington y en la Unión Europea.
Aunque no podrá utilizarse en teoría para la fabricación de armas atómicas –la
central birmana utilizará uranio poco enriquecido y estará bajo la supervisión
de la Agencia de la Energía Atómica–, su camino inmediatamente fue asociado por
EEUU y la Unión Europea al emprendido por Corea del Norte e Irán, dos de los
miembros del llamado "eje del
mal".
Desde 1962, Birmania tiene un gobierno militar que cambió su nombre por el de
Myanmar, e insiste en no reconocer la victoria en las elecciones de 1990 de
la opositora Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz, y una reconocida
activista de los "derechos humanos" made in USA que hoy permanece bajo arresto domiciliario.
Recientemente, a instancias de China
y de Rusia, el régimen militar birmano logró reparar sus relaciones diplomáticas con Corea del Norte,
lo que le valió la inclusión definitiva en el "eje del mal" proyectado
desde el medio Oriente al sudeste asiático.
Coincidiendo con las protestas
callejeras y la "revolución de los monjes" impulsadas y monitoredas por las ONG
controladas por la CIA, George W. Bush, aprovechó la asamblea de general de la ONU
para denunciar la "falta de
libertad" de algunos países, concentrándose en Birmania, país contra el que
pidió nuevas sanciones en coincidencia con las potencias aliadas de la
Unión Europea.
Apelando a la defensa de los
"derechos humanos" y la vigencia del "sistema democrático"
Washington pidió restricciones a las importaciones, exportaciones y a las
transacciones financieras con Birmania, así como prohibiciones para el comercio
de armas, como las que rigen para Irán.
"En Birmania, el pueblo no tiene
libertad de expresión ni de asociación, las minorías son perseguidas. El régimen
mantiene encarcelados a miles de presos políticos",señaló Bush, destacando y
elogiando el caso de la opositora Aung San
Suu Kyi (una especie de Yushenko con polleras en el sudeste asiático) que se encuentra bajo arresto domiciliario
desde el año 2003.
En coincidencia con EEUU, y en plena
efervescencia de las manifestaciones callejeras contra la junta militar birmana,
el Parlamento Europeo instó el jueves a Rusia y
China a renunciar a su posición de bloqueo en el Consejo de Seguridad de la ONU
y condenar la violenta represión de las "manifestaciones pacíficas" en Birmania.
Los eurodiputados pidieron a China y
a Rusia apoyar plenamente una declaración
clara del Consejo de Seguridad de la ONU "condenando el recurso a la fuerza"
en
Birmania, en una resolución adoptada por el máximo órgano de Naciones Unidas.
En su texto la Eurocámara también pide a "los 27 Estados miembros de la Unión
Europea entrar en contacto de manera urgente con Estados Unidos, la ASEAN
(Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), y otros miembros de la comunidad
internacional para preparar una serie de medidas adicionales, incluyendo
sanciones económicas" contra la junta birmana.
Finalmente, el Consejo de Seguridad
de la ONU (controlado mayoritariamente por el eje sionista EEUU-Gran
Bretaña-Francia-Alemania) instó a la Junta Militar de Birmania (Myanmar) a
ejercer la “contención” en sus actos violentos contra la población civil,
pero el boicot de China y Rusia evitó las sanciones contra ese país.
El embajador de China ante la ONU, Guangya Wang,
señaló que “las sanciones no son de ninguna ayuda a la
situación tal como está allí”.
Por su parte, el ministro ruso de Exteriores señaló en un comunicado que los
sucesos de
Birmania no presentan "riesgo para la paz y la seguridad internacionales y
regionales", y solo se trata de un asunto “interno”.
Paralelamente, las cadenas mediáticas
internacionales sionistas bombardean al mundo con imágenes de la represión
militar contra los manifestantes y los monjes budistas, tal como sucedió en
Georgia, Ucrania y Bielorrusia cuando se instrumentaron las "revoluciones
naranja" contra los gobiernos pro-soviéticos (que triunfaron en Georgia y en
Ucrania, y fueron abortadas en Bielorrusia y
Kazajstán).
Para algunos analistas del campo
alternativo, la maniobra de derrocamiento de la junta militar birmana con
la "revolución de los monjes", es sólo un elemento más en la estrategia de
pinzas que intenta cercar a China y a Rusia, países que emergen como
competidores estratégicos de las corporaciones petroleras y armamentistas
norteamericanas y europeas en el sudeste asiático.
Este viernes, y en juegos
potencialmente mortales del gato y el ratón -según la agencia Reuters- se
desarrollaba otro capitulo de la "revolución de los monjes" en una ciudad
aterrorizada por la posibilidades que se repita lo sucedido en 1988, cuando
el Ejército mató a unas 3.000 personas al aplastar una revuelta en la
antigua Birmania.
En ese escenario, y con el toque de
queda y las sombras de la noche, comienza a preparase otro capitulo de la
"revolución de los monjes" en el sudeste asiático. Una nueva operación de la
CIA, vendida mediáticamente como "revuelta popular".