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García, Humala, Chávez, los unos, los otros, y los muertos vivientes de América Latina

Imperio capitalista, con "pacifismo", con "derechos humanos", con elecciones "democráticas", con fútbol y entretenimiento mediático, con cientos de millones de personas sin techo y con la calle como único hogar, con viejos y jóvenes comiendo en los tachos de basura, con una clase social "integrada" consumiendo teléfonos celulares, vacaciones, terapias sicoanalíticas para olvidar las "culpas", con trasnacionales y multimillonarios acrecentando a niveles siderales sus activos y fortunas personales, y sin que nadie les grite a las mayorías alienadas que votan por sus propios verdugos: ¡Este es el capitalismo, estúpido!

(IAR-Noticias)  05- Jun-06    

Informe especial
IAR-Noticias

La batalla electoral por la presidencia de Perú (en realidad, una gerencia de enclave de los bancos y trasnacionales capitalistas) se definió como estaba previsto a favor del candidato de EEUU, Alan García, quien derrota, ya contabilizados el 77% de los votos, por más de 10 puntos al candidato de Hugo Chávez, Ollanta Humala.

Salvada la jugada geopolítica de fondo (EEUU vs. Chávez), en Perú, después de la guerra electoral con campaña sucia, todo está previsto para que todo siga igual que antes.

Con García o con Humala en la presidencia del Perú, la elección peruana no hizo otra cosa que legitimar el mismo statu quo de saqueo trasnacional que va a continuar transfiriendo riqueza y recursos peruanos al bolsillo del imperio capitalista, tanto de Europa como de EEUU.

Tanto García (EEUU)  como Humala (Chávez) son dos políticos del sistema, igualmente corruptos, igualmente demagogos, sin ningún proyecto de cambio estratégico (salvo su ambición personal y el discurso), y dispuestos a administrar para las trasnacionales y los bancos que controlan en su totalidad la justicia, el parlamento, los medios de comunicación y la estructura económica-productiva del Perú.

Salvo la fiesta burguesa de la democracia con elecciones periódicas "made in usa" exportada como sistema de dominio por el Departamento de Estado, en Perú, nadie tiene nada para celebrar.

Mejor dicho, los únicos que tienen para celebrar son los usufructuadores del sistema: los bancos, las trasnacionales, la embajada norteamericana y el sector piramidal de la sociedad peruana (clase alta y clase media alta y profesional) que sacan tajada del robo trasnacional de los recursos y el PBI peruanos.

Esos sectores, en Perú, en Bolivia, o en la totalidad  de los países que rige por decreto el sistema de "gobernabilidad en democracia" impuesto por Washington en sustitución de las dictaduras militares de la "doctrina de seguridad nacional", son los que se benefician de la parodias electorales lanzadas para legitimar el proceso de dominio de una clase (que detenta todo el poder y los medios de producción en asociación con las trasnacionales capitalistas) sobre las mayorías alienadas y desprotegidas que votan por sus propios verdugos.

Esos verdugos (entreguistas de los recursos estratégicos de sus propios países) no son otros que los políticos de turno, que por izquierda (Humala) o derecha (García) cuando asumen gerencian los sistemas económico-productivos,  dictan legislaciones favorables al saqueo económico trasnacional,  y aseguran el control político y social  de Washington en la región.

Como dicen los funcionarios del Departamento de Estado: "no importan por quién voten, sino que voten".

Con cualquiera de los candidatos en juego en el Perú, como en el resto de América Latina, más allá del anecdotario "ideológico" discursivo, la "gobernabilidad del sistema" (los programas concretos de administración favorable a los intereses capitalistas trasnacionales) está garantizado de antemano.

La vieja guerra entre "derecha", "izquierda", o "nacionalismo popular antimperialista", que en el pasado se representaban en concepciones del mundo diametralmente diferentes y opuestas, se resume en una competencia por el control político del Estado dentro del mismo sistema capitalista.

Por lo tanto,  la "nueva izquierda" o el llamado "nacionalismo popular" ya no basan su estrategia organizativa y funcional en la toma del poder real (el control del gerenciamiento del Estado a favor de las mayorías desprotegidas)  sino en la "toma del gobierno" (controlado por el poder trasnacional) a través de elecciones planteadas en los marcos de la democracia burguesa capitalista exportada desde Washington.

Totalmente asimilada a la parodia "democrática made in usa"  la concepción política, filosófica e ideológica de la "izquierda" queda circunscripta no ya a la búsqueda de un proceso revolucionario "antisistema" (cambiar de raíz el capitalismo) sino a la búsqueda de una "humanización" del capitalismo convertido en injusto por la "derecha conservadora".

La "derecha" (y no la revolución anticapitalista) es el parámetro que por oposición identifica y da sustento funcional y doctrinario  a la "nueva izquierda" como pensamiento "revolucionario".

La cuestión filosófica y política ya no es tomar el poder, destruir al capitalismo, para cambiar el mundo, sino sustituir a los hombres que convierten al capitalismo en "salvaje" e "injusto", los que, obviamente, se encuentran situados del lado de la "derecha" o del llamado "neoliberalismo".

Por lo tanto, a una izquierda solo "revolucionaria" en el plano del discurso, sin referencias organizativas, doctrinarias y operativas de "toma del poder para cambiar el sistema", ya no hay que destruirla sino reciclarla, asimilarla, y convertirla en alternativa de poder dentro de las reglas y los contenidos del sistema capitalista.

El imperio capitalista se asimiló al discurso de la izquierda, lo vació de contenidos transformadores y revolucionarios, y lo convirtió en marketing electoral alternativo a su propio engendro político: el neoliberalismo.

Esta situación convierte a la izquierda latinoamericana en sumamente "funcional" a la estrategia de dominio "democrático" (con gobiernos de "izquierda" y de "derecha") trazado por Washington como alternativa a las vetustas dictaduras militares que impulsó en las década del 60 y el 70.

Los "gobiernos progresistas" de los Lula, Kirchner, Chávez, etc, (donde la "nueva izquierda" gerencia estados y sistemas económico-productivos controlados por el establishment de poder económico asociado al capitalismo trasnacional) son el resultante político de la "nueva izquierda" como alternativa de "cambio" situada únicamente en el plano del discurso político.

De esta manera, el destino de la revolución ya no está en manos de líderes y organizaciones que luchan en la clandestinidad por la toma del poder real, sino en manos de gobernantes de estados burgueses legitimados por elecciones como Chávez, Lula, Kirchner, Tabaré Vázquez y la reciente incorporación de Evo Morales.

"No importa lo que digan, sino lo que hagan", es el otro axioma, de los que cambiaron la represión militar y policial por el engaño masivo de las urnas.

Tras la decadencia y caída de la URSS (fin de la guerra militar por áreas de influencia que alimentó la guerrilla armada en América Latina) los gobiernos "democráticos" fueron sustituyendo a los viejos y gastados gobiernos militares mediante elecciones, procesos constitucionales, y banderas de defensa de los derechos humanos.

Por supuesto -y como está demostrado hasta el hartazgo- que no se trata de una democracia entendida en el sentido histórico del término, sino de una cáscara vacía con simulacro de participación popular, donde las minorías siguen conservando el poder real y los accesos a cargos ejecutivos y parlamentarios por medio de la financiación de los candidatos y sus campañas.

En otras palabras, la estrategia del control político y social por medios militares, fue sustituida gradualmente por administraciones civiles, poderes ejecutivos, parlamentos y cortes de justicia totalmente maleables a los intereses y objetivos de Washington y las trasnacionales capitalistas en la región.

En este marco, tanto la "izquierda", como el "nacionalismo antiimperialista", han sustituido su vocación movimientista y organizativa orientada a la toma del poder real (el control del Estado y del sistema económico-productivo), por la conquista del "gobierno gerenciador" burgués con el Estado y el sistema económico-productivo en manos del sistema capitalista trasnacional.

Por su parte, el "nacionalismo antiimperialista" de raíz "izquierdista" está claramente referenciado en Chávez, cuya metodología marketinera electoral consiste en un "enfrentamiento" mediático permanente con Bush y EEUU, mientras en la realidad mantiene al sistema económico-productivo venezolano en manos de los bancos y empresas trasnacionales, en tanto le vende su principal recurso estratégico, el petróleo, al Imperio que dice "combatir".

En realidad, los que, desde la prensa alternativa o las tribunas de la izquierda, apologizan y mitifican la figura "revolucionaria" de Chávez no tienen mucha idea de donde encontrar pruebas y revelaciones concretas de las "construcciones socialistas" del presidente venezolano.

Eso sí, hay pruebas estadísticas, y números, para quien quiera investigar a fondo, sobre quien detenta el control estratégico los resortes económicos-productivos, el sistema financiero, el comercio exterior, los recursos naturales, las comunicaciones, de Venezuela. Se van a encontrar con un montón de empresas trasnacionales y bancos, todos con nombres y marcas en inglés.

Para quien quiera verificar el "socialismo" de Chávez, en términos de estadísticas sociales, no tiene nada más que escribir "pobreza", "desocupación", "hambre", etc, etc, y agregar Venezuela en el buscador Google. Los números cantan los siete años de "socialismo" de Chávez.

Cuando el Imperio capitalista (que hace negocios y mantiene la "gobernabilidad" de Venezuela con Chávez) dice que Chávez "desestabiliza" la región, que alienta la guerrilla y el "comunismo", que es el "sucesor" de Fidel Castro (y posiblemente del Che Guevara y de Lenín) en América Latina, el Imperio no hace otra cosa que consolidar a Chávez como una alternativa de "gobernabilidad por izquierda".

Ningún creativo de marketing pudo -ni puede- hacer más que el Imperio de Bush por vender a Chávez (que hace solo un año descubrió a Rosa Luxemburgo y se proclamó "socialista" dejando un poco relegados a la Biblia y a Bolívar) y convertirlo en el "gurú" de la izquierda latinoamericana "civilizada" que está sirviendo de alternativa electoral al decrépito "neoliberalismo" de la derecha.

Chávez es la figura emblemática, la imagen representativa de la "síntesis", la materialización toda junta del "peligro subversivo" y "terrorista",  y ahora (después de la editorial de The Washington Post del sábado pasado) también configura un "peligro imperialista" que se cierne sobre América Latina.

Con el presidente venezolano como el cuco regional EEUU compensa la falta del "enemigo real" que en la época de la guerra por áreas de influencia con la URSS estuvo representado por la Cuba de Fidel Castro, por entonces exportadora de revoluciones armadas.

En Chávez se ensamblan mediáticamente -y psicológicamente- el "enemigo rrojo" de la época de la Escuela de las Américas y de la Doctrina de Seguridad Nacional.

Como dicen los preceptos básicos de cualquier libro de estrategia política: hay que inventar un enemigo falso, maleable y controlable, que opaque y reste protagonismo al enemigo real que pueda presentarse.

El marketing "terrorista" y desestabilizador" que Washington y el Departamento de Estado le endosan a Chávez está orientado a neutralizar la aparición de enemigos verdaderos.

¿Y para que sirve el "antiimperialismo nacionalista y popular" discursero de Chávez?

Sirve para que la izquierda latinoamericana, por efecto "anti-Bush" y ""anti-EEUU", vote a los presidentes "progresistas" alternativos, marketinizados y llevados a la calidad de "líderes revolucionarios" por los permanentes ataques y acusaciones de Washington contra ellos.

Sirve -a los halcones estadounidenses- para cosechar apoyo entre el establishment económico-financiero que suele comprar a Chávez como el "terror de los inversionistas", aunque en la práctica los grupos económico-financieros de Wall Street que hacen negocios con  Chávez sepan que Venezuela es el "paraíso de los inversionistas".

Hoy Chávez, con su ingerencia electoral en Perú, que le costó la derrota a Humala, sirve para reciclar y dar vida  a un nuevo proceso de la derecha "neoliberal" que, a través de García (y por "oposición" a Chávez) va a comenzar a crecer en Latinoamérica de la mano de las usinas mediáticas del Imperio.

Conociendo de antemano la estrategia del Imperio (claramente expresada por The Wall Street Journal y The Washington Post) Alan García, lo peor de los políticos corruptos del Imperio, señaló: "Aquí el único derrotado no tiene documento de identidad nacional peruano, es el que quiso llevarnos de las narices con la fuerza de su negro dinero, el que quiso extender su dominación y dictadura, el que quiso traer hasta nuestro país y a otros el militarismo".

En Perú, como siempre ganó el Imperio capitalista, y más allá de que haya sido derrotado electoralmente el proyecto hegemónico unipersonal de Chávez en su simulada guerra  por áreas de influencia con Washington, las verdaderas derrotadas son las mayorías desprotegidas que siguen votando por sus verdugos marketinizados en los medios de comunicación, convertidos en los nuevos soldados del dominio imperial.

En Perú (como viene sucediendo en todo el resto de América Latina) los comicios del domingo, la consagración de un nuevo gerente de enclave, sólo servirá para seguir consolidando el número de pobres y excluidos en la región que ya suman más de 240 milllones, con 100 millones de indigentes, que -paradojalmente- continúan votando a sus depredadores (el sistema capitalista) y a sus verdugos (los políticos-gerentes de enclave) en las urnas.

Después de la "fiesta electoral", en Perú va continuar la misma política neoliberal de "crecimiento económico" (de los activos empresariales y fortunas personales) con más hambre, desocupación y exclusión de los propios sectores sociales empobrecidos (y alienados mediáticamente) que ayer depositaron su voto masivo a favor de sus próximos verdugos en la gerencia de enclave peruana.

En el plano de la mediática "Guerra Fría Chávez-EEUU", el triunfo de Alan García en Perú traza un panorama "negro" para los planes de liderazgo "izquierdista" del presidente de Venezuela en América latina.

Con habilidad electoral, los operadores y publicistas de la derecha peruana cubrieron las falencias de García (en la realidad, un corrupto, ladrón y violador de derechos humanos) haciendo pasar los ataques de Chávez a su figura, como si fuera un ataque al Perú y a toda su sociedad.

El ex presidente García definió los comicios como una batalla "entre Perú y Chávez", afirmó que su país "pasará a ser una colonia de Venezuela", si Humala ganaba la elección.

En una estrategia calculada para aislar a Chávez y enfrentarlo a la sociedad peruana, Alan García señaló en su  cierre de campaña que "la elección se debatirá entre los que están "con Chávez o con el Perú" y, en ese sentido, convocó a los peruanos a acompañarlo  para rechazar la "política de intromisión" de Chávez.

Chávez, con sus ataques a García y al presidente peruano (amenazó con retirar su embajador si ganaba García) se convirtió en la mejor bandera de unidad para la derecha liberal peruana que comenzó a cerrar filas alrededor del ex presidente del Perú, considerado como el "mal menor" para detener a la dupla Chávez-Humala.

Los tradicionales bastiones mediáticos de la derecha, no sólo en Perú sino a nivel regional, comenzaron una campaña para solidificar el "peligro Chávez-Humala" dentro de una estrategia en la cual el propio García se reconoció como el "menos peor" para detener el "avance hegemónico" de Chávez en el Perú.

La efectividad del argumento "Chávez invasor" como elemento aglutinador del establishment peruano, seguramente va a servir de "modelo a imitar" para las decadentes y fracturadas derechas "neoliberales" que hoy se sienten jaqueadas por la "ola de izquierda" que tiene a Chávez como líder impulsor.

Por lo pronto -y según los especialistas- un contundente triunfo de Alan García en Perú ya lo proyecta naturalmente como el líder de un centro irradiador "anti-Chávez" en el continente.

García, como ya se dijo, es como Chávez un hábil manipulador mediático, un comunicador sumamente astuto y con experiencia, que puede llenar un espacio de liderazgo "antichavista" en los medios de comunicación.

Por otra parte, el contundente triunfo electoral de Uribe en Colombia instala entre los sectores derechistas y abiertamente pro-Washington de la región la sensación de que la "ola populista" ya comenzó a detenerse, y que va a recibir un golpe mortal el próximo 4 de julio en México con la derrota del pro- chavista López Obrador.

Tras la reelección de Uribe, los analistas de la CNN y de las grandes cadenas estadounidenses ya comenzaron a instalar la idea de que el "gran derrotado",con la caída de Humala  en Perú, es el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

El Nuevo Herald, Associated Press, y el poderoso e influyente The Wal Street Journal, parafraseando el argumento lanzado por Alan García, ya comenzaron a sustituir la figura del "Chávez comunista" por la del  "Chávez invasor" liderando un proyecto hegemónico y de "apoderamiento de gobiernos" por medio del petróleo venezolano (Ver:The Wall Street Journal, pone a Chávez como jefe de un proyecto "imperial hegemónico").

La idea que hoy cruza por las usinas "antichavistas" y "anticastristas" con sede en Miami, es convertir al triunfo de Alan Garcia en una "derrota de Chávez", y proyectarlo como el "primer espadachín anti-Chávez" en la región, contando con generosos espacios en la CNN en español.

En sintonía con este objetivo, The Wal Street Journal, ya presentó, la semana pasada, el triunfo de Alan García en Perú, y la reelección de Alvaro Uribe en Colombia, como síntoma de una detención de la "ola populista" (término en el que engloban a todos los "presidentes progresistas") en América Latina.

Al Journal se le agregó, el sábado pasado, The Washington Post, quien calificó a Chávez como un nuevo "fantasma imperialista" sucesor de Bush en América Latina.

Chávez, por "lengua larga" y mal procesador de realidades latinoamericanas, ya fue derrotado en Perú, y de ahora en más su esfera de influencia y liderazgo comenzarán ha decaer hasta terminarse en la región, sobre todo entre los presidentes "progresistas" y "neoliberales",  que empezarán a perder la fascinación (y el respeto) por su figura mitificada por las propias estructuras mediáticas del Imperio.

El próximo paso, es México, el 4 de julio, donde el candidato de "izquierda" López Obrador, con el peso de su "adhesión" a Chávez, deberá enfrentar al candidato derechista oficialista, Calderón, que revirtió la tendencia y lo aventaja en los sondeos.

Pero gane Chávez (el "enemigo de paja" del Imperio) por vías del "izquierdista"  López Obrador, o gane Washington por medio del candidato "derechista", Calderón, los verdaderos ganadores continuarán siendo los bancos, las trasnacionales, la embajada norteamericana y el sector piramidal de la sociedad latinoamericana (clase alta y clase media alta y profesional) que sacan tajada del robo trasnacional a los países de América Latina.

Y las mayorías desposeídas de América Latina (hasta que alguien no les cambie el programa cerebral de sumisión al Imperio y a la sociedad de consumo) seguirán votando a sus verdugos y celebrando las "fiestas democráticas" de Washington como propias.

Con Chávez o sin Chávez, con "izquierda alternativa", o "neoliberalismo-revitalizado", el futuro se llama Imperio: más Imperio. Imperio y colonización mental capitalista desarrollados en grados que ningún pensador o estratega revolucionario del pasado pudo imaginarse jamás.

Imperio capitalista, con "pacifismo", con "derechos humanos", con elecciones "democráticas", con fútbol y entretenimiento mediático, con cientos de millones de personas sin techo y con la calle como único hogar, con viejos y jóvenes comiendo en los tachos de basura, con una clase social "integrada" consumiendo teléfonos celulares, vacaciones, terapias sicoanalíticas para olvidar las "culpas", con trasnacionales y multimillonarios acrecentando a niveles siderales sus activos y fortunas personales, y sin que nadie les grite a las mayorías que votan por sus propios verdugos: ¡Este es el capitalismo, estúpido!

Imperio: con más alienación, con más ignorancia y fragmentación,  controlados por consignas mediáticas, con más atomización del campo popular y más violencia histérica sin canalización antiimperialista o anticapitalista, Imperio con la "paz" de los cementerios, donde el que levanta la voz para llamar a una rebelión popular, a una toma de empresas, a un corte de rutas, a una huelga, a no votar más por el verdugo, será inmediatamente procesado y/o liquidado como "terrorista", con el consenso masivo de los que disfrutan del celular y de la sociedad de consumo segmentada para pocos.

Ya estamos viendo parte esto: sólo faltan unas pocas "elecciones democráticas" más para que las mayorías "excluidas del mercado" vaguen definitivamente por las calles como muertos vivientes ante la total indiferencia de los "incluidos" del sistema.

Y, por supuesto, los que sobrevivan a las nuevas oleadas del "crecimiento" capitalista seguirán eligiendo en la góndolalas las dos únicas "alternativas" que marcan el calendario del marketing electoral de turno: Imperio por izquierda y por derecha.

El que dude de este panorama anticipatorio: no tiene más que sentarse, encender la televisión, y mirar los futuros aconteceres políticos y sociales en América Latina.

Después no diga que no le avisamos.

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