(IAR-Noticias) 11-Julio-07
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La caña es también una de las formas de
producir biocombustibles |
Stephen Long ha dedicado toda su carrera al estudio del pasto, en especial
una hierba que se parece a la caña de azúcar llamada Miscanthus X giganteus.
Por Malia Wollan -
The
Wall Street Journal
Pero hasta este año, el biólogo de
la Universidad de Illinois ha pasado apuros para conseguir becas de
investigación y podía contar con los dedos de una mano la cantidad de
invitaciones que recibía al año para asistir a conferencias académicas.
En febrero, sin embargo, Long fue uno de los dos biólogos botánicos que
recibieron una invitación a la Casa Blanca para discutir con el presidente de
Estados Unidos George W. Bush cómo las plantas como el Miscanthus podrían
empezar a sustituir el petróleo importado. Ese mismo mes, el gigante energético
británico BP PLC anunció una donación de US$500 millones a la Universidad de
California, en Berkeley; la Universidad de Illinois; y el Laboratorio Nacional
Lawrence Berkeley para desarrollar combustibles a partir de plantas. Long fue
nombrado subdirector del proyecto, llamado el Instituto de Biociencias de la
Energía.
Long dice que ahora recibe más invitaciones a conferencias —unas 50 al año para
lugares tan lejanos como Australia y Japón—, de las que puede aceptar. También
se ve inundado de llamadas y correos electrónicos de estudiantes interesados en
su campo de investigación. "Cuando le cuento a la gente lo que hago, no piensan
que estoy loco", dice el biólogo de 56 años.
Nuevo protagonismo
Los altos precios del petróleo y los temores que causan los gases de efecto
invernadero han servido de trampolín para los proyectos de combustibles
alternativos, como el etanol celulósico producido a partir de plantas, que
experimenta un auge sin precedentes. Esto ha colocado a los biólogos en la
vanguardia de la investigación energética. A diferencia del etanol de maíz, el
cual se produce a partir de azúcares fermentados, el etanol celulósico se hace
desglosando la celulosa, las moléculas fibrosas de carbono que dan estructura a
las plantas. Los biólogos botánicos juegan un papel clave a la hora de
identificar y diseñar una planta de alto rendimiento y resistente a las sequías,
además de idear un método efectivo y barato de transformar la celulosa en
biocombustibles. El etanol celulósico se puede producir a partir de materiales
como la planta de arroz, virutas de madera, álamos y el miscanthus.
El problema es que compañías energéticas como BP, Chevron Corp. y ConocoPhillips
—normalmente bien equipadas de geólogos e ingenieros petroleros— carecen de las
habilidades para crear biocombustibles. Como resultado, las empresas están
destinando grandes cantidades de dinero a las universidades, con la esperanza de
aprovechar la experiencia de los biólogos botánicos, ingenieros químicos,
biólogos moleculares, ingenieros agrónomos y genetistas.
En abril, ConocoPhillips dedicó US$22,5 millones a la fundación de un programa
de investigación especializado en los biocombustibles en la Universidad Estatal
de Iowa. Chevron ha donado más de US$60 millones a proyectos similares.
"Todo el cruce entre la biología y la energía es un territorio sin explorar",
dice Steven Koonin, científico jefe de BP en Londres. "Las universidades son el
mejor lugar para esa clase de investigación". Pese a que BP cuenta con menos de
cuatro biólogos entre sus 97.000 empleados, Koonin espera contratar a más de 50
en los próximos dos años.
Otros interesados
Las grandes energéticas no son las únicas en reclutar a los biólogos botánicos.
Las firmas de biotecnología como Mendel Biotechnology Inc. y Ceres Inc., ambas
de California, están tratando de comercializar plantas, semillas y enzimas para
desglosar la celulosa.
Otro interesado es el gobierno. En febrero, el Departamento de Energía de
Estados Unidos se comprometió a invertir US$385 millones en los próximos cuatro
años a la construcción de seis refinerías de etanol celulósico. El mes pasado,
este departamento anunció una inversión adicional de US$375 millones en tres
Centros de Investigación de Bioenergía para desarrollar biocombustibles.
Aun así, pocos científicos creen que se pueda producir etanol celulósico de
forma rentable en los próximos cinco años.
Koonin, de BP, dice que espera conseguir algunos adelantos importantes a partir
de la inversión de US$500 millones que su compañía le dio al Instituto de
Biociencias de la Energía.
De todos modos, reconoce que la producción a gran escala podría tomar hasta 10
años.
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