La suerte de Paul Wolfowitz al frente del Banco Mundial podría
quedar sellada esta semana, cuando el directorio decida retirarle su
confianza, una forma diplomática de pedirle la renuncia.
El ex número dos del Pentágono lleva siete semanas tratando de capear la
tormenta que se desató cuando se supo que, tras su arribo al BM hace dos
años, consiguió para su novia, la inglesa de origen libio Shaha Riza que
ya trabajaba en la institución, un traslado y un aumento salarial del
52%, por fuera de las normas que regulan al organismo.
El martes, Wolfowitz hará su descargo ante el directorio, una mera
formalidad. Según publicó ayer The Washington Post, la mayoría de
sus 24 miembros está convencida de que el presidente vulneró las normas
éticas de la institución y promoverá un voto de desconfianza con el que se
espera quebrar la resistencia de la Casa Blanca y forzar la renuncia del
alfil neoconservador.
La revelación de que Riza había sido promovida a una dependencia del
Departamento de Estado con un aumento a cargo del BM hasta los US$ 193.590
anuales —por encima del sueldo de Condoleezza Rice— le vino de
perillas al staff internacional del BM que venía soportando a
regañadientes el liderazgo del Banco de uno de los principales promotores
de la invasión a Irak
Por primera vez en los 60 años de historia del Banco, la asociación que
representa a sus casi 15 mil empleados pidió la renuncia del presidente.
Lo mismo hizo el parlamento europeo, donde Wolfowitz nunca gozó de
simpatías, mientras funcionarios y economistas de medio mundo se sumaron
al reclamo.
Con palabras más cuidadas, los gobiernos europeos vienen urgiendo una
solución que permita encarrilar a una institución que está paralizada
desde que estalló el escándalo. "Mientras esto no se resuelva, ¿con qué
cara podemos ir a los países a pedirles que mejoren sus mecanismos de
integridad institucional?", comentó a Clarín un funcionario del
BM que trabaja para mejorar la transparencia gubernamental.
Wolfowitz intentó despegarse, alegando que había seguido las
recomendaciones del comité de ética de la institución para evitar
conflictos de interés con Riza. Pero un panel especial que investigó el
caso dictaminó que el presidente había excedido aquellas indicaciones,
vulnerando varias normas administrativas.
Pero Wolfowitz todavía es un soldado de confianza de la Casa Blanca. En
los últimos días, tanto la secretaria de Estado Rice, como el del Tesoro,
Henry Paulson, llamaron a las capitales europeas en un intento desesperado
por salvar a su hombre. Una misión que parece imposible.
Por tradición, Estados Unidos postula al presidente del BM y Europa al del
FMI. Ese equilibrio se maneja con tacto diplomático. Nadie espera que
el directorio eche a Wolfowitz. Quitarle la confianza y expresar que
su permanencia perjudica el funcionamiento del Banco debería ser señal
suficiente para el hombre de Bush.