Respuesta oficial enviada en julio de 2004 por Malchiel Balas, vicefiscal
general de la Corte Suprema, al Comité Público contra la Tortura en Israel (PCATI,
por sus siglas en inglés): "... durante el interrogatorio, el dedo del
investigador entró en el ojo de su demandante, aparentemente por error, y no
intencionadamente..."
A pesar de haber suscrito la Convención contra la Tortura (ONU, junio de
1987), la palabra maldita no existe en Israel. Por tanto, el gobierno niega
que los malos tratos durante los "interrogatorios" sean tortura.
En 1993, el reportero Joel Greenberg, del New York Times, denunció
que Israel había torturado de 400 a 500 personas en forma sistemática, durante
décadas. Greenberg adelantó que las autoridades de Tel Aviv estaban
"repensando sus prácticas" (Israel revalúa el interrogatorio de los árabes,
14/8/93).
El Servicio General de Seguridad (Sinh Beth, que depende del primer
ministro) sostiene que se ajusta a la ley y no emplea tortura, sino "presión
física moderada" o "zarandeo violento". El problema es que la ley reglamentó
el funcionamiento del Shin Beth, pero no sus métodos de "interrogatorio".
El "zarandeo violento" consiste en tomar al detenido por el cuello de la
camisa y darle vuelta la cabeza hasta caer inconsciente en el suelo "...
durante cinco o 10 minutos". En abril de 1995, el palestino Abd al-Samed
Arista fue "zarandeado" a lo largo de 12 horas seguidas, entró en coma y murió
sin recuperar la conciencia.
En 1996, la Corte Suprema autorizó el uso de "fuerza física moderada"
contra sospechosos de terrorismo. En marzo de 1998, la tortura fue legalizada
y dos meses después el Comité contra la Tortura de la ONU condenó a Israel.
Yuri Guindar, dirigente de Betselem, aseguraba entonces que el Sinh Beth
"interrogaba" entre mil y mil 500 palestinos por año. Betselem, organización
humanitaria israelí, exige la derogación, a más de la tortura, el decreto que
impide a los detenidos el recurso de un abogado.
En 1999, antes de que estallara la segunda intifada (levantamiento
en los territorios ocupados), el Tribunal Supremo había prohibido, con ciertas
reservas, el uso de la violencia en los interrogatorios de sospechosos de
terrorismo. Pero Hannah Friedman, directora ejecutiva del PCATI, afirma que
bajo la cobertura de "interrogatorio militar" tomó forma un mecanismo más
refinado de tortura institucional.
Friedman explica: "No es un asunto de un interrogador individual que
emprende acciones ad hoc en respuesta a un acontecimiento inesperado,
como lo define el Tribunal Supremo, sino de interrogadores que buscan y
reciben por adelantado la aprobación de sus superiores de manera organizada, y
que emplean una y otra vez métodos de tortura, como la curva de plátano,
que requiere la cooperación de varios interrogadores".
En la curva de plátano (o "espalda doblada", según el Sinh Beth)
la víctima se sienta en una silla sin respaldo, con las manos y los pies
atados detrás. Un torturador se sienta detrás y le dobla la espalda en un
ángulo de 45 grados durante espacios de tiempo de más de media hora. Otro
torturador se sienta enfrente con sus piernas entre las de la víctima y le
golpea el vientre cuando es necesario.
La "postura de la rana", la "posición del caballo" y el uso de "dobles
esposas" (una en las muñecas y otra en medio de la articulación apretando
duramente los huesos) son otros de los métodos que, siempre "dentro de la
ley", usan los torturadores israelíes.
La tortura se ejerce desde el mismo momento de la detención. El prisionero
es brutalizado por el ejército, se le atan manos y pies con cuerdas de
plástico y se le vendan los ojos. Los golpes empiezan durante el trayecto
hacia los centros de interrogatorio situados en Cisjordania o dentro de
Israel.
Si no admiten los cargos (prefabricados), se amenaza a los prisioneros
diciéndoles que llevarán a sus hermanas y las violarán frente a ellos. Otro
método de tortura es sentar a la víctima en una silla pequeña durante varios
días, con un aparato de sonido en alto volumen para que no pueda conciliar el
sueño, causando reumatismo y diferentes daños físicos y sicológicos.
En febrero de 2003, The Independent documentó que las fuerzas de
"defensa" (sic) de Israel en Hebrón (Cisjordania) obligaban a los detenidos a
participar en una lotería macabra. Entre varios papeles, las víctimas debían
escoger el castigo al que serían sometidos: rompimiento de un brazo o de una
pierna.
Frente a las denuncias internacionales, el gobierno de Tel Aviv responde
lacónicamente: las personas sometidas a "fuerza física" son "terroristas". No
obstante, el artículo 2 (inciso 2) del Pacto contra la Tortura no permite
excepción alguna a la prohibición de tortura y malos tratos, ni siquiera en
situaciones excepcionales que pongan en peligro la vida de la nación.