Para alivio de algunos, según fuentes
diplomáticas en la capital paraguaya, Hugo Chávez estaba
ayer lo suficientemente lejos (en Moscú) como para que su
voz retumbara en el salón de reuniones de la XXXIII cumbre
presidencial del Mercosur. Sin embargo, su ausencia
también se hizo sentir. Introdujo, entre los socios,
una incertidumbre: Caracas ¿quiere o no ser parte efectiva
del Mercosur? A esto se sumó un nuevo cruce de
declaraciones entre Brasil y Venezuela que vino a
demostrar que crece la irritación del gobierno de Lula
da Silva frente al venezolano.
El brasileño Celso Amorim abrió el fuego con declaraciones
publicadas ayer por el diario carioca O Globo. El
canciller sostuvo: "Lula (da Silva) y yo hubiéramos
preferido que el presidente Chávez esté en Asunción. Pero
las naciones son soberanas y emiten las señales políticas
que quieren dar". Añadió entonces: "Claro que la ausencia
de un líder en una reunión le saca peso a su país en las
decisiones". En esa línea se interrogó: "¿Cómo Chávez
puede sentirse cansado (del Mercosur) si todavía no
entró?". Y luego avanzó más al señalar que esperaba "un
gesto de buena voluntad" de Chávez para el Congreso
brasileño, a quien el venezolano llegó a calificar de
"loro que sigue los dictados de Washington", por una carta
que le envió el Senado para que reconsidere la no
renovación de la señal a la emisora RCTV.
Ya en Asunción, le tocó al vicecanciller venezolano
Rodolfo Sanz transmitir las posiciones de su gobierno. "El
presidente Chávez no tiene que disculparse ante el Senado
brasileño" que según su interpretación incurrió en
"injerencia en asuntos internos". Sobre la ausencia
presidencial, Sanz culpó del faltazo a un cambio de fecha
de la cumbre, que no consideró el compromiso de Chávez con
Rusia e Irán.
Detrás de este cruce de declaraciones, hay un mar de
fondo. "Venezuela ya acordó con Paraguay y Uruguay un
mecanismo de liberación comercial, pero no hizo igual con
Argentina y Brasil", se quejaban ayer diplomáticos de esos
países. Para entrar al Mercosur es preciso establecer los
tiempos de la apertura comercial con el cuarteto inicial y
trazar el cronograma de incorporación del arancel externo
común. Sin estas condiciones, Venezuela no puede
pretender pertenencia.
En marzo, en una cita del Grupo del Mercado Común,
Venezuela obtuvo un plazo de 6 meses adicional al que se
le había dado para presentar una oferta de liberalización
comercial. Pasó la mitad de esa prórroga y, al decir del
brasileño Amorim, "no logramos hasta ahora reunirnos con
ellos". En esto coincidió la ministra Felisa Miceli, quien
ayer señaló la dificultad para reunirse con los técnicos
venezolanos y arreglar las pautas que definen la
integración plena. El vicecanciller Sanz replicó que el
problema no era de ellos sino de los dos países que aún no
ratificaron el protocolo de entrada de Venezuela, Brasil y
Paraguay. "Si el Senado brasileño se decide a votar a
favor de nuestro ingreso, entonces nosotros procederemos a
acelerar los plazos para la liberalización del comercio",
subrayó el venezolano.
En una charla con Clarín, el embajador Alfredo
Chiaradía, secretario de Relaciones Económicas de la
cancillería argentina, sostuvo que lo mejor es "pastelear
(avanzar a la rastra) en esta cuestión. Al final, algo va
a salir". Otros diplomáticos creyeron ver en esto un
conflicto más político que económico: "Hay heridas
abiertas por Chávez con relación al Congreso brasileño que
todavía no se terminaron de digerir", observó otro
negociador. Sin embargo, admitió que hasta hace una semana
los funcionarios venezolanos mostraban cada vez menos
interés en el Mercosur. "La verdad es que no muestran
mucho empeño", subrayó esa fuente. "Ellos mismos nos
dijeron que están en una política de desarrollo industrial
y temen que su entrada al bloque les pueda afectar ese
proyecto".