A la espera del anuncio
formal de una nueva estrategia, que no llegará antes de mediados del mes de
septiembre, EE.UU. busca ya distintas fórmulas que le permitan empezar a
retirar tropas de Irak –actualmente 160.000 soldados– a corto plazo y sin
crear un vacío de poder que conduzca a ese país hacia el caos. Responsables
políticos y militares de la operación está analizando en estos días diversos
escenarios y todos ellos conducen, según se desprende de los datos
facilitados por varias fuentes, a la posibilidad de un repliegue pero a la
permanencia de un significativo número de soldados por un largo plazo.
A la impaciencia de la opinión pública se ha unido la impaciencia del
Congreso, en el que los propios republicanos exigen ya al presidente un
nuevo rumbo. A finales del verano, tras el informe que debe presentar el
jefe de las fuerzas expedicionarias en Irak, general David Petraeus, George
Bush se verá, muy probablemente, obligado a pactar ese nuevo rumbo. El Plan
Conjunto de Campaña, un documento elaborado por civiles y militares para
revisar la marcha de la nueva estrategia en Irak y que representa en esencia
el pensamiento de Petraeus, pronostica que no habrá “seguridad sostenible”
en Irak antes de julio de 2009. Pero ese informe, anticipado ayer por The
New York Times y que será dado a conocer esta semana, incluye –y aquí está
la gran novedad– un nuevo enfoque del conflicto que abre para la
administración opciones distintas a la mera prolongación de la guerra.
“Lo sustancial del plan –recogía el Times– es que las fuerzas
norteamericanas no pueden imponer una solución militar, pero sí pueden
contribuir a crear las condiciones que hagan posible la reconciliación
política.” Aunque no lo menciona expresamente, este nuevo enfoque podría
permitir una paulatina reducción de tropas. El general Petraeus ha advertido
en distintos foros que esa reducción no es recomendable mientras los
objetivos que se marcaron en esta guerra, es decir, derrotar a la
insurgencia y establecer un gobierno democrático y libre en Irak, se
mantengan. Esos objetivos exigirían varios años más de guerra y quizá nuevos
refuerzos.
Así, el mantenimiento de los objetivos actuales exigiría la extensión del
mismo nivel de compromiso militar durante varios años aún, lo que se
presenta como inaceptable para los congresistas. Pero una redefinición de la
misión favorecería el comienzo de la retirada y representaría un poco de
oxígeno para los candidatos republicanos que compiten el año próximo. Esa
misión redefinida, tal como la contemplan hoy los analistas, tendría dos
frentes: el militar y el diplomático. En el frente militar, los objetivos
serían a partir de septiembre la lucha contra los focos de Al Qaida en Irak
y el adiestramiento de las unidades del ejército iraquí. En el frente
diplomático, el propósito es recuperar el apoyo de la comunidad
internacional, especialmente del mundo árabe, para ayudar en la
reconstrucción de Irak.