(IAR-Noticias) 26-Junio-07
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Imagen de la 'mezquita dorada' tras la explosión que destrozó sus dos minaretes. (Foto: EFE) |
El segundo atentado contra el
santuario chiita de Al-Askari de Samarra, en Iraq, dio inicio a otra espiral de
represalias que aún no cesa. Pero también abrió paso a la solidaridad entre
sunitas y chiitas contra la ocupación extranjera.
Por Ali al-Fadhily
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IPS
L a cúpula dorada de Al-Askari, que dominaba el paisaje de
Samarra, 125 kilómetros al norte de Bagdad, quedó casi totalmente destruida en
el primer atentado sufrido por el santuario, el 22 de febrero de 2006.
Ese ataque desató una masiva ola de violencia entre chiitas y sunitas. Más de
1.300 personas murieron en los siguientes días y cientos de miles se vieron
obligados a abandonar sus hogares.
Las tradiciones chiitas inican que el Mahdi (el duodécimo imán, máximo líder
religioso de esta rama del Islam) volverá a la vida dentro del santuario de Al-Askari
para salvar al mundo e instaurar una sociedad islámica justa.
En este santuario, así como en otros también con cúpulas doradas y tumbas de
imanes en Najaf, Kerbala y Bagdad, hay tumbas de imanes que son objeto de
peregrinación.
La semana pasada, el 13 de junio, un ataque tuvo como objetivo los minaretes de
Al-Askari, a pesar del toque de queda que rige en Kerbala y de la gran presencia
de fuerzas de seguridad iraquíes y estadounidenses.
Observadores habían atribuido el atentado del año pasado a la intención de
extremistas sunitas de desatar una guerra civil entre las dos comunidades
religiosas.
Las repercusiones del segundo ataque se limitaron a unas pocas represalias
contra mezquitas sunitas en Basora y Bagdad.
"Ahora nos damos cuenta de la trama más que la otra vez", dijo a IPS Mustafá
Hussain, residente en el barrio chiita bagdadí Ciudad Sadr.
"No estoy seguro de quién está haciendo esto y no suelo especular, pero la
mayoría de los iraquíes estamos seguros de que se trata de una conspiración para
dividirnos a los chiitas de los sunitas, de que esto fue planificado y
financiado por gente fuera de nuestro país y de nuestra comunidad", evaluó.
Luego del atentado de la semana pasada, el gobierno iraquí impuso el toque de
queda en Bagdad y otras ciudades, y también despachó gran cantidad de soldados a
Samarra.
Muchos iraquíes están seguros de que el atentado no fue obra de la red
terrorista Al Qaeda, que lidera el saudita y sunita ultrarreligioso Osama Bin
Laden.
"Sueñan con desalojar a la gente de Samarra para profundizar la herida en la
carne iraquí", dijo a IPS en Bagdad el periodista televisivo Yassir al-Samarrai,
natural de aquella ciudad.
"Su problema es que los iraquíes aún son reticentes a involucrarse en una guerra
civil abierta a pesar de todos los arreglos sucios de los ocupantes para
encenderla, a través de los atentados contra los santuarios", agregó Al-Samarrai.
El Ejército Mehdi, la milicia que comanda el clérigo chiita Muqtada al-Sadr,
está dedicada a custodiar el barrio bagdadí de Khadamiyah, donde está ubicado
otro santuario. En ocasiones, milicianos chiitas se enfrentaron con militares
estadounidenses en el área, pero no hubo combates.
El policía responsable de la seguridad de Al-Askari fue detenido para ser
interrogado, en el marco de una investigación completa sobre el atentado.
"Soy chiita y sé, con total seguridad, que los sunitas tienen el mismo respeto
que nosotros por los santuarios, y que nunca los humillarían", dijo a IPS en
Bagdad Ruqaya Salih, de 29 años. "Los estadounidenses deben saber que hay
iraquíes que nos damos cuenta quiénes tratan de dividirnos."
Al-Sadr ordenó a los 30 parlamentarios que siguen su prédica retirarse del
gobierno en protesta del atentado de la semana pasada. Los legisladores
anunciaron que permanecerían fuera de la coalición hasta que se tomen "medidas
realistas" para la reconstrucción del santuario.
Pero poco se ha hecho por refaccionar Al-Askara desde el atentado del año
pasado, lo cual ha enfurecido tanto a chiitas como a sunitas.
Las muestras de solidaridad entra ambas comunidades son abundantes en esta
ocasión, en contraste con la animadversión que IPS detectó el año pasado.
"Atacaron 10 mezquitas en Basora, incluida aquélla donde está la tumba de Talha
bin Obaidillah, colaborador directo de Mahoma", dijo a IPS el jeque Abdul-Wahab
Hassan. "Los sunitas no cometen estos actos criminales, pues saben que sus
hermanos chiitas tampoco los cometerían, excepto los chiitas que colaboran con
las fuerzas ocupantes y con Irán."
Muchos residentes en Samarra acusaron a la ocupación por hacer la vista gorda
para que se perpetren los atentados.
"Acusamos a las fuerzas ocupantes y a sus aliados iraquíes en el gobierno por
todo esto, porque es su responsabilidad garantizar la paz y el orden", dijo a
IPS un miembro del concejo de Samarra que solicitó reserva sobre su identidad.
"Esto no puede seguir así. Percibimos que los iraquíes se inclinan a la
violencia contra las fuerzas estadounidenses cada vez que ocurren estas cosas en
nuestros lugares sagrados", concluyó.
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