Representantes de gobiernos y organizaciones de la sociedad
civil se aprestan a cuestionar el nombramiento, por entender que
viola procedimientos del Banco sobre operaciones en zonas de
conflicto. Además, resucitaría las críticas a Wolfowitz por su
rol en la invasión de 2003.
La desingación indicaría la intención del Banco de asignar
nuevos préstamos a Iraq, país ocupado por Estados Unidos donde
la inseguridad es rampante y cuyos esfuerzos de reconstrucción
son objeto de acusaciones de corrupción.
Y Wolfowitz fue uno de los principales arquitectos de la guerra
lanzada por el gobierno estadounidense, desde su oficina de
subsecretario (viceministro) de Defensa.
Bea Edwards, del no gubernamental y estadounidense Proyecto de
Responsabilidad del Gobierno (GAP), consideró que "esto es
exactamente lo que no debería hacer y lo que la Junta (de
Gobernadores) del Banco temía que hiciera".
El objetivo detrás del nombramiento de un director residente del
Banco en Iraq y de la reanudación de los créditos sería "bajarle
la temperatura al Tesoro" (ministerio de hacienda de Estados
Unidos) "y a la política" de Washington hacia ese país del golfo
Pérsico o Arábigo.
"La evidente determinación de Wolfowitz a usar el Banco para
promover cuestionables objetivos militares estadounidenses en
Medio Oriente es una deformación fundamental de la misión" de la
institución, "una violación" de sus normas fundacionales y "un
insensato derroche de recursos de donantes", había advertido
Edwards en una declaración anterior.
Una norma del Banco, el Procedimiento 2.30 sobre Cooperación
para el Desarrollo y Conflicto, obliga al organismo a preparar
un "informe de observación" antes de operar en un país que
emerge de una conflagración.
Después de presentado ese informe, el Banco debe desarrollar una
estrategia de apoyo de transición y participar en la
reconstrucción. Sólo entonces podrá comenzar a recibir
préstamos.
A diferencia de la Oficina Interina del Banco para Iraq, hoy
radicada en Amman, un director residente manejaría sólo los
asuntos de ese país desde la propia Bagdad y sería el primero en
filtrar la información al respecto, según el GAP, que cita
fuentes internas del organismo.
Otros informantes dentro del Banco aseguraron que el nuevo
director residente ya está seleccionado y que las autoridades de
la organización mantuvieron diálogo con él en enero y comienzos
de febrero.
Los informantes indicaron que representantes del Banco negocian
los términos del contrato con el aspirante, que tiene cierta
experiencia en regiones que atravesaron conflictos y que habla
un poco de árabe.
Estos hechos molestaron a miembros de la Junta de Gobernadores
del Banco, integrada por representantes de los países miembros
del organismo, y a altos funcionarios preocupados por la
seguridad del personal y por la corrupción en Iraq.
Estas preocupaciones tienen su origen en numerosos informes de
trabajo en malas condiciones, mala administración y abusos
laborales por parte de contratistas privados convocados para la
reconstrucción del país.
Cuando Wolfowitz fue designado al frente del Banco, en junio de
2005, hubo protestas en la Junta por su participación en la
planificación de la guerra de Iraq.
En el pasado año y medio, Wolfowitz tuvo un papel discreto en la
materia e intentó moderar públicamente sus inclinaciones
ideológicas neoconservadoras.
La Junta del Banco emite periódicamente declaraciones oficiales
--una medida muy inusual-- sobre la situación de Iraq, en lo que
se interpreta como un mensaje directo a Wolfowitz: cualquier
plan de la institución para ese país deberá contar con la
participación de los representantes nacionales.
Las novedades sobre el posible nombramiento de un director
residente en Iraq reflotó esas preocupaciones.
IPS consultó a varios miembros de la Junta, que se negaron a
referirse al asunto. Dina El Naggar, portavoz del Banco, informó
que no logró que funcionarios del organismo a cargo del vínculo
con Iraq respondieran las preguntas que se les elevó.
Algunos críticos señalan que Wolfowitz intenta limpiar su nombre
con una muy publicitada campaña contra la corrupción. Sin
embargo, ahora avanza con nuevos proyectos para Iraq, a pesar de
las evidencias de actos deshonestos en la reconstrucción de ese
país.
El Banco Mundial participó en el Fondo de Fideicomiso de Iraq,
dentro de los esfuerzos internacionales por la reconstrucción
por los cuales se financió 15 proyectos por valor de 410
millones de dólares para mejorar la educación, la salud, el
censo de hogares y los servicios de irrigación, suministro de
agua, saneamiento, protección social, telecomunicaciones,
infraestructura urbana.
El Banco dice que también aprobó préstamos por 275 millones de
dólares, a cargo de la Asociación Internacional para el
Desarrollo (su rama de créditos al sector privado), destinados a
educación, electricidad y transporte.
En mayo de 2006, Joseph Saba, director de asuntos de Iraq en
Washington, dijo que el Banco estaba pronto para fortalecer su
presencia en el país, en concordancia con el advenimiento de un
nuevo gobierno respaldado por Washington.
En ese momento, el Banco dijo que estaba analizando la
posibilidad de contratar a un "voluntario" para desempeñarse
como director residente en Iraq desde la Zona Verde de Bagdad,
la más custodiada del país, donde se encuentran las oficinas del
gobierno y las embajadas.
Pero el caos político y la falta de seguridad hasta ahora
limitaron los planes, aunque el Banco prometió que el nuevo
director residente sería custodiado por un equipo armado
especial, incluso en ocasionales visitas controladas fuera de la
Zona Verde.
El trabajo operativo del Banco en Iraq hasta ahora dependió de
profesionales iraquíes dentro del país, reuniones regulares con
iraquíes exiliados, videoconferencias y el apoyo de la Oficina
Interina para Iraq en Amman.
El Banco no ha tenido una presencia importante en Iraq desde que
un atentado con explosivos, el 19 de agosto de 2003, se cobró la
vida de un funcionario de la institución y las de 21 empleados
de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Bagdad.
Altos funcionarios del Banco y algunos miembros de la Junta de
Gobernadores han expresado temor de que las inclinaciones
ideológicas de Wolfowitz involucren cada vez más al organismo en
el controvertido conflicto.
Fuentes del Banco aseguran que el veterano funcionario
Christiaan Poortman, ex vicepresidente del organismo para Medio
Oriente, renunció el año pasado porque objetaba las directivas
de Wolfowitz de preparar nuevos préstamos y enviar personal a
Iraq.
Bea Edwards también señaló la falta de un sistema bancario
operativo en Iraq no permite garantizar el manejo transparente
de los préstamos y proyectos del Banco.
"Al Banco se le prohíbe operar en un conflicto como este", dijo
la activista. "El gobierno no controla su territorio y no puede
garantizar la devolución de los préstamos. Cualquier emergencia
o financiamiento social en Iraq debería atenderse con
donaciones, no con préstamos."