Los presidentes
de Rusia y China, Vladimir Putin y Hu Jintao respectivamente, y
cuatro homólogos de Asia Central, asistieron el viernes a las
primeras maniobras militares conjuntas de la Organización de
Cooperación de Shanghai (OCS), un organismo nacido para
convertirse en contrapeso de EEUU y la OTAN.
En ese marco Putin anunció el reinicio de los vuelos de
bombarderos estratégicos rusos "de manera permanente",
reanudando así una práctica abandonada desde la Guerra fría.
"Nosotros hemos decidido reanudar los vuelos de la aviación
estratégica rusa de una manera permanente. Los aviones ya
estarán en el aire hoy a medianoche" hora de Moscú (20H00 GMT),
declaró durante ejercicios militares en los Urales.
Junto a los presidentes Putin y Jintao estuvieron presentes los
presidentes de los otros cuatro estados que, junto a Rusia y
China, forman la OCS: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y
Uzbekistán.
Éstas han sido las primeras maniobras militares conjuntas de la
OCS, en las que han participado 6.000 soldados. Denominadas
"Misión de Paz 2007", empezaron el 9 de agosto en China y
prosiguieron esta semana en la región rusa de Cheliabinsk (al
sur de los Montes Urales).
Estos ejercicios marcan, además, una nueva etapa en la
cooperación militar entre Rusia y China, que hace dos años
ya realizaron maniobras conjuntas, y es una ocasión perfecta
para que Moscú alardee de poderío militar, para lo que se ha
gastado en la organización de estos ejercicios 80 millones de
dólares (60 millones de euros)
"Estas maniobras son un paso más en el refuerzo de las
relaciones entre nuestros países, un paso que contribuirá a
reforzar la paz y la seguridad en nuestros pueblos", señaló
Putin.
Las relaciones entre los países de la OCS están, sin embargo,
lejos de ser idílicas. El semanario ruso Moskovskie Novosti se
preguntó este viernes si con las ventas de armamento a China
"Rusia no está rearmando a un enemigo potencial".
La OCS nació en el 2001 con el objetivo inicial de luchar contra
el terrorismo, aunque en el fondo lo que desea este foro es
convertirse en un contrapeso a la influencia de Estados Unidos
en el Asia Central, una zona rica en hidrocarburos, donde
Rusia y China ambicionan ejercer su supremacía.
La cumbre anual de la organización se celebró el jueves en la
capital de Kirguistán, Bishkek.
En ella se lanzaron críticas a la hegemonía estadounidense,
especialmente por parte del presidente de Irán, Mahmud
Ahmadineyad, quien pretende que su país pase de ser observador
de la OCS a miembro de pleno derecho.
Sería un argumento más para los enemigos de la OCS, quienes
califican a la organización como "un club de dictadores"
que no hacen distinción entre la lucha contra el terrorismo y la
represión de revueltas populares.
La ONG Human Right Watch, por ejemplo, ha acusado a los
gobiernos que forman la OCS de "utilizar una noción demasiado
amplia del término extremista para perseguir a disidentes".