Un nuevo gran escándalo sexual conmueve a Italia y a la Iglesia. Tres conocidos
sacerdotes de Turín y otros tres de otras regiones están en la cuerda floja por
las acusaciones del prostituto Salvatore Costa, 24, que ha sido arrestado en la
capital piamontesa por chantajearlos a cambio de silencio.
A esta historia que mezcla a curas
con los "muchachos de la vida" de los que se ocupó el escritor Pier Paolo
Passolini (asesinado por uno de ellos en Roma, en 1975), se suma una explosiva
entrevista del famoso escritor católico Vittorio Messori al diario La Stampa de
Turín, quien afirma que en los seminarios hay muchos homosexuales.
Costa esta casado y tiene 2 hijos, pero sigue siendo uno de los protagonistas
del mundo sórdido de Turín. Durante años Salvatore ha vivido de limosna,
prostitución y chantajes. Uno de los curas que más extorsionó es el padre
Luciano Alloisio, administrador del Instituto Salesiano Valsalice, la secundaria
de las familias ricas de la colina de Turín. Alloisio denunció desesperado a
Salvatore a la policía después que le demandó otro otro pago, esta vez de 30 mil
euros. El sacerdote fue transferido a Roma por sus superiores hace un mes.
Costa terminó preso en julio, fue liberado pero reincidió en los chantajes y
volvió a la cárcel. Otro sacerdote extorsionado es monseñor Mario Vaudagnotto,
el ceremoniere litúrgico de la arquidiócesis en la iglesia de San Lorenzo. El
tercer cura es el padre Nino Fiori, de 40 años de la orden de los Siervos de
María, considerado "teológicamente muy preparado".
Según Costa, Fiore lo llevó a su casa cuando tenía 14 años, hace una década, y
abusó sexualmente de él.
El caso de los curas y prostitutos de Turín multiplica el escándalo que vive
Italia por las acusaciones de abusos sexuales que involucran a uno de los más
famosos e influyentes sacerdotes, don Piero Gelmini, fundador de la comunidad
Encuentro, que posee 234 centros para jóvenes con serios problemas de droga y
delincuencia en 17 países.
A echar leña al fuego de la polémica se agregó la entrevista a Messori,
posiblemente el más famoso escritor católico italiano. Messori, escuchado
"frecuentador de los sacros palacios" del Vaticano, como lo define el diario de
Turín, es coautor de Entrevista sobre la fe con el entonces cardenal Joseph
Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, y de Cruzando el umbral de la esperanza, con
Juan Pablo II.
En la entrevista sus palabras golpean como piedras. Messori afirma que "es
indudable que en la historia de la Iglesia una sexualidad desordenada ha podido
convivir con la santidad". Critica el ambiente de "prohibido prohibir" en las
sociedades contemporáneas, que impide a la Iglesia exigir disciplina interna.
"La Iglesia ha siempre sabido que seminarios y monasterios atraen a
homosexuales. Antes estaba muy atenta para poner barreras al ingreso y vigilar
la formación. Después, con el no a la discriminación, ha permitido el ingreso in
forza de los homosexuales, y ahora la Iglesia paga esa imprudencia". Agrega que
el problema no se resuelve con la abolición del celibato "porque el 80% de los
casos son de gays".
"La caída de la fe y la revolución sexual agravan el problema. -dijo- Quién es
causa de su mal llore a sí mismo: fueron eliminados los controles para admitir
en el seminario también a los afeminados, cuyo sueño era estar en medio de los
hombres."
Messori hasta defiende a los curas que ceden al sexo non sancto. "Un hombre de
la Iglesia hace el bien y a veces cae en las tentaciones? ¿Y entonces si fuera
el caso de don Gelmini y de vez en cuando manoseara a un ragazzo habiendo
salvado a otros miles? ¿Qué? La Iglesia beatificó a un cura denunciado muchas
veces porque en los jardines públicos se mostraba desnudo a las madres.".
Estos argumentos controvertidos desataron ayer polémicas, destinadas a crecer.
"Cristo no vino por los sanos sino por los pecadores", justifica Messori y
remarca sin mayores cuidados:. "¿Sobre qué bases la justicia humana santifica la
homosexualidad y demoniza la pedofilia?".
Vittorio Messori concluye que la Iglesia es "realista". "Están los que no se
detienen ante un plato de espaguetis a la matricina, quién no sabe eximirse de
ser un putañero y quien, sin haberlo buscado, tiene pulsiones homosexuales".
Lamenta que en la Iglesia "nadie osa más comandar, se pretende de la Iglesia el
diálogo en lugar de la disciplina".