Si aceptan las ofertas del mandatario ruso, tendrán que renunciar a los planes
de emplazar la DAM norteamericana en Europa. Pero si insisten en el
emplazamiento, pondrán en entredicho la asociación estratégica con Rusia.
Pese a la exitosa visita de Putin a la finca de George Bush en Kennebunkport,
las negociaciones sobre la DAM en Europa resultaron ser las más difíciles. Y
esto es natural.
Sería ingenuo esperar decisiones concretas dados los enfoques que ambas partes
mantienen hacia el problema en cuestión. Para que esto se hiciera realidad, o
EEUU debería haber renunciado a sus planes de crear en Europa la tercera zona de
la DAM o Rusia debería haber aceptado que el radar en la República Checa y los
antimisiles en Polonia no representaban amenaza alguna. Ambas condiciones son
imposibles de cumplir.
Los presidentes coincidieron únicamente en la necesidad de mantener consultas
bilaterales. También es resultado, aunque la situación parece estar atollada,
pese a lo atractivas que son las iniciativas de Putin.
En Kennebunkport, Putin hizo patente la disposición de Rusia a incluir en el
sistema común de aviso temprano sobre los lanzamientos de misiles no sólo el
radar de Gabala (Azerbaiyán) sino también el de Armavir (parte sur de Rusia)
ahora en proceso de construcción. Putin también propuso instalar en Moscú y
Bruselas centros de intercambio de información sobre los lanzamientos de
misiles. Es más, Putin no sólo secundó la idea norteamericana de celebrar
consultas sobre la DAM en Europa sino propuso ampliar el número de sus
participantes, invitando a los Estados europeos concernidos. Las consultas
deberían celebrarse en el marco del Consejo Rusia-OTAN.
No cuesta trabajo notar que las iniciativas de Putin echan cimientos para crear
sistemas regionales de DAM en tanto alternativa a un sistema global controlado
por un solo país, en lo que Rusia siempre insistía y lo que Putin volvió a
recordarle a Bush.
Bush apreció en su justo valor las ofertas del presidente ruso, pero al mismo
tiempo dio a entender que EEUU no se proponía renunciar al emplazamiento de la
DAM en la República Checa y Polonia. Es decir, la Casa Blanca está dispuesta a
estudiar las iniciativas rusas, pero sin afectar sus planes de emplazar la DAM
en Europa.
Tal postura no le convendrá a Moscú. El primer vicepresidente del Gobierno y ex
ministro ruso de Defensa, Serguei Ivanov, ya manifestó que si EEUU no renuncia a
los planes de emplazar la DAM en la República Checa y Polonia, Rusia revocará
sus propuestas. Si los norteamericanos no renuncian a sus planes, Rusia ya tiene
ideada una "respuesta asimétrica y eficaz". Desde luego que todavía no es una
confrontación, pero tampoco es una asociación.
En relación con ello es sugestivo un comentario hecho por un miembro de la
delegación rusa que tomó parte en la cumbre informal. "Las ofertas rusas, en
caso de hacerse realidad, harían innecesario el emplazamiento de misiles en la
provincia de Kaliningrado y en otras regiones rusas, próximas a Europa. La
orientación de misiles rusos hacia objetivos militares en Europa Central
perdería sentido".
A juzgar por todo, este comentario estaba dirigido no sólo al público ruso. La
provincia de Kaliningrado es exclave ruso en el norte de la antigua Prusia del
Norte. En el sur colinda con Polonia; en el norte y el este, con Lituania; en el
oeste es bañado por el mar Báltico. Desde luego que los misiles rusos instalados
en la provincia de Kaliningrado, así como en otras regiones rusas próximas a
Europa podrían ser un argumento de peso a la hora de decidirse el emplazamiento
de la DAM norteamericana en la República Checa y Polonia. Otra cosa es si lo
atenderá Europa.
No cabe la menor duda de que Europa interpretará tal actitud como un paso hacia
la reedición de la Guerra Fría. Y tal interpretación tendría sus razones. Pero,
de otro lado, también Moscú puede reprocharle a la otra parte de reanimar la
Guerra Fría siquiera porque la DAM norteamericana en Europa alterará
sensiblemente el equilibrio estratégico entre Rusia y la OTAN y entre Rusia y
EEUU, perjudicando en ambos casos a Rusia e indistintamente de si esté dirigida
contra Rusia o no.
El indudable mérito de la cumbre de Kennebunkport consiste en haber mostrado que
las simpatías personales recíprocas evidentemente son insuficientes para dar
solución a los problemas de seguridad estratégica, tales como creación de nuevos
sistemas de defensa antimisiles. Lo que sí son imprescindibles son las
correspondientes garantías internacionales en forma de tratados o convenios que
reglamenten los parámetros técnicos de la DAM para una determinada perspectiva y
la propia necesidad de su creación.
Por supuesto, los elementos de la DAM norteamericana en Europa no serán
emplazados hoy. Todavía hay cierto espacio de tiempo y, según dio a entender
Serguei Ivanov, Rusia está dispuesta a mantener con paciencia un diálogo. Moscú
está dispuesto no sólo a aducir sus propios argumentos sino a escuchar los de la
otra parte. Lo principal es que la otra parte los formule. De ahí, ahora la
palabra la tienen EEUU y Europa.