Los ingresos de la mayoría de los rusos tardarán mucho tiempo todavía en
alcanzar el nivel de los países desarrollados. Pero este no es el mayor
problema. En Rusia todavía es muy alto el porcentaje de su población cuyos
ingresos no alcanzan el mínimo de supervivencia. Actualmente, el 14 por ciento
de los rusos viven por debajo del umbral de pobreza oficial. El Gobierno destina
sumas gigantescas en los programas sociales, pero sólo una pequeña parte de esa
ayuda llega a aquellas personas que más la necesita.
En los últimos años el nivel de pobreza en Rusia se redujo considerablemente.
Según datos del Banco Mundial, la parte de los ciudadanos rusos cuyos ingresos
no superaron el mínimo de supervivencia oficial se redujo del 30 por ciento en
1999, hasta el 14 por ciento en 2006. Recordamos que el mínimo de supervivencia
en Rusia para los primeros cuatro meses de 2007 equivalió a 3.713 rublos (107
euros).
Oficialmente, es la cantidad mínima
de ingresos mensuales que el ruso promedio dispone para cubrir sus gastos de
alimentación, vivienda, servicios, y adquirir los artículos más imprescindibles.
De hecho, más bien es el umbral de la miseria absoluta. Las personas cuyo
salario mensual es inferior a esta suma, obligatoriamente deben abstenerse de
muchas otras cosas con tal de alimentarse, en otras palabras, se encuentran al
borde de la supervivencia. No obstante, precisamente este es el indicativo que
orienta la estadística oficial en sus informes para ponderar el grado de
bienestar ciudadano.
La reducción casi al doble del nivel de pobreza los últimos años en el país se
produjo fundamentalmente gracias al intenso crecimiento económico y el aumento
de los ingresos de la población en general.
Por su puesto, el Estado destina cantidades considerables para ayudar a la gente
de pocos ingresos. Pero esto ayuda muy poco a resolver la situación. Según datos
del Instituto ruso de la Economía de la Ciudad, para la ayuda social de las
capas más pobres en Rusia se destina una suma equivalente al 6,3 por ciento del
PIB, es decir en 2007, cerca de 1.677 millones de rublos (48.000 millones de
euros). Esta cifra fácilmente puede duplicarse si a los gastos sociales se le
agregan las obligaciones del estado con respecto a los jubilados (los jubilados
en Rusia son una de las capas más desprotegidas de la sociedad). Pero el efecto
de los esfuerzos de Estado en el campo social por sus dimensiones no tiene
ninguna comparación con los programas análogos en otros países.
Según opiniones de expertos del Banco Mundial, la débil efectividad de política
social del Estado se debe a que los esfuerzos de las autoridades rusas en este
sentido son dispersos. La mayoría de los programas de ayuda en Rusia no tienen
carácter concreto. El pago de las subvenciones no se proporciona a aquellos que
más las necesitan, sino a amplios grupos sociales o de edades,
independientemente del monto de sus ingresos (jubilados, veteranos de la guerra,
discapacitados). Como resultado, la capa de la población verdaderamente pobre de
acuerdo a todos los criterios, apenas recibe una parte de los subsidios
sociales. Según cálculos del Instituto Independiente de Política Social, sólo el
8 por ciento de los gastos sociales asignados por el Estado llegan al 20 por
ciento de la población más necesitada. Mientras, el 10 por ciento de todos los
recursos los recibe el 20 por ciento de los ciudadanos con ingresos altos.
La ayuda concreta en Rusia se proporciona únicamente en tres casos: en forma de
subsidios infantiles, subsidios de vivienda y en los programas regionales para
la población pobre.
El conjunto de recursos que aglutinan estos programas concretos tiene un monto
aproximado del 0,3 por ciento del PIB (80.000 millones de rublos o 2.300
millones de euros). Con frecuencia este dinero llega realmente a quienes lo
necesitan, según el Banco Mundial, el 47 por ciento de los que reciben subsidio
infantil y el 35 por ciento de los que tienen derecho a subsidios de vivienda
pueden incluirse en la categoría de pobres. Pero el resto de la ayuda social en
variadas proporciones se distribuye entre un amplio círculo de rusos, muchos de
los cuales no están muy urgidos de esa ayuda. Además, las instituciones que
responden por la elaboración de las estrategias de política social carecen de
criterios para establecer la ayuda concreta, y en conclusión, sumas equivalentes
se destinan a ricos y pobres.
De una u otra forma, los programas sociales antes mencionados suponen dinero
real que recibe la gente pobre y que al final, elevan su nivel de bienestar.
Pero el problema principal que se ha creado en el sistema social de Rusia radica
en que muchas de las ayudas no tienen carácter material. Precisamente por esto,
no es posible contabilizar cual es el volumen de la ayuda que recibe un
ciudadano concreto por parte del Estado.
Los últimos años, el Estado ha adoptado unas serie de medidas para transferir la
mayor parte de los subsidios a un equivalente en metálico, pero como antes, no
se puede contabilizar el monto del subsidio que suponen los viajes gratis en el
transporte público asignado a muchas categoría de ciudadanos de escasos
recursos. Únicamente en Moscú y algunas ciudades opera un sistema electrónico de
cómputo que permite establecer cuántos viajes con tarifa subvencionada realizó
concretamente un usuario del paquete social. En el resto del territorio del país
este privilegio se proporciona sin ningún control.
Expertos del Banco Mundial recomiendan determinar de forma más detallada los
favorecidos de los programas de ayuda a los pobres. Pero para esto se requieren
investigaciones colosales, elaborar metodologías para clasificar la pobreza real
a partir del lugar donde vive la persona, de qué se alimenta, y si tiene o no
ingresos adicionales. En general se trata de propuestas acertadas, pero la
reestructuración de todo el sistema social del país y la sistematización de la
ayuda a los pobres requiere recursos y éstos todavía hay que conseguirlos, de
aquella masa de dinero asignada por el Estados para los programas sociales.