e mantiene el flujo de capitales al país, crecen la productividad del
trabajo y los ingresos de la población, no se registran problemas
presupuestarios. Pero el principal problema de la economía rusa es el brusco
incremento de gastos presupuestarios. El FMI tiene dudas respecto al carácter
eficaz del gasto de los fáciles ingresos provenientes de la nafta.
La misión del FMI estuvo en Rusia una semana, tiempo suficiente para que
sus expertos que están al corriente de la situación en la misma, evaluaran los
cambios operados en este país. Las deducciones del FMI respecto a la actual
situación no brillan por novedad. Durante varios años, el presupuesto de Rusia
suele acusar el superávit. En 2008 la deuda estatal se reducirá hasta el
nivel record: el 8,5% del PIB. El crecimiento económico del país es del 6-7%
anual. Aumenta el flujo de capitales a la economía rusa: de 40 mil millones de
dólares US en 2006 a 41 mil millones desde comienzos de 2007 (según datos
facilitados por el Ministerio de Finanzas). Decrece la inflación, continúa el
aumento de inversiones en el capital fijo, ingresos de la población, de la
productividad del trabajo y otros índices claves: fenómenos halagüeños para
los macroeconomistas del FMI.
Hace diez años Rusia sólo podía soñar con tales avances económicos.
Entonces la producción decaía, se registraba la fuga de capitales del país que
acusaba una necesidad desesperante de préstamos para remendar el presupuesto.
Sin embargo, fue imposible recibir asistencia extranjera sin referencias
positivas de las instituciones financieras internacionales. A lo largo de los
90 Rusia prestaba atento oído a las recomendaciones del FMI. Se recibían con
agrado las evaluaciones y reproches de los especialistas del FMI. Hoy, en la
época marcada por la abundancia en el ámbito del consumo, sobre el telón de
fondo del superávit presupuestario y la economía en proceso de dinámico
desarrollo, dejó de ser necesario solicitar consejos a los expertos del Fondo,
mientras que sus comentarios positivos sobre la situación económica en el país
ya se consideran como un fenómeno común y corriente.
El pronóstico que ofrece el FMI con respecto al desarrollo de Rusia en años
próximos produce casi tanto hostio como la lectura de la hoja clínica de una
persona sana. "Todos los factores positivos que ahora aseguran el crecimiento,
seguirán en vigor", sostiene el jefe de la oficina del FMI en Rusia, Paul
Tomsen. Los precios de los agentes energéticos que sirven de base del
bienestar de Rusia, se mantendrán a un alto nivel. Según expertos del Fondo,
es muy estable la confianza que los inversores profesan hacia Rusia; continúa
en aumento la productividad del trabajo de sus habitantes. Durante varios años
próximos el flujo de capitales a Rusia seguirá siendo muy alto, con la
particularidad de que ni la proximidad de las elecciones, ni el cambio de
precios del petróleo dejarán impronta en ese proceso. La inflación proseguirá
en declive. Según los cómputos facilitados por el FMI, esta se insertará en
los pronósticos gubernamentales tanto en el 2007 (8%), como en el que viene
(6-7%). Los expertos del Fondo señalaron en especial la mejora cualitativa del
crecimiento económico de Rusia que hoy está más equilibrado, ya que "en un
grado mayor está basado en las inversiones".
Según datos estadísticos, en Rusia hace mucho ya se han formado el mercado
y una economía sana. Pero en el contexto de los procesos positivos, en la
economía del país arraigan los riesgos capaces de conducir en años próximos si
no a la crisis, al menos a una grave desestabilización del sistema financiero
del país. Como es natural, los expertos del FMI en modo alguno esperan que en
Rusia se produzca una conmoción financiera tan dramática como la registrada en
1998 (entonces el gobierno declaró crisis financiera a sus compromisos, y como
resultado, en semanas contadas, la moneda nacional perdió su valor en cuatro
veces). No obstante, la economía rusa acusa problemas. De ellos el más
apremiante, en opinión de los delegados del FMI, es el relativo al aumento
acelerado de gastos presupuestarios.
En el año preelectoral, el 2007, el gobierno comenzó a gastar con especial
largueza los recursos presupuestarios para cubrir las necesidades sociales.
Hasta el presente los crecientes ingresos provenientes de la nafta permitían
no escatimar gastos. Pero ya en años próximos incluso los altos precios del
petróleo no le ayudarán a evitar el déficit presupuestario. Por su parte, las
crecientes importaciones amenazan con llevar al país a la negativa balanza de
pagos. Naturalmente, al abordar el problema relativo a los desmesurados gastos
presupuestarios, expertos del FMI expresan sus dudas respecto al empleo eficaz
de esos recursos. Sin embargo, dan prioridad a otro problema. El actual
despilfarro de recursos de derecha a izquierda conduce a que de hecho el
Gobierno no reserva recursos para financiar en el futuro las costosas reformas
estructurales. No cabe la menor duda de que ya en años próximos surgirá la
necesidad de inversión de los mismos. Son muchos los problemas globales que el
poder dejó al margen para un cumplimiento posterior: modernización de la
infraestructura, amplia reestructuración del sector municipal y reforma del
sistema de pensiones. Sea como fuere, estos problemas deberán ser resueltos
por los políticos que sean elegidos durante los próximos comicios. ¿Dispondrán
ellos de posibilidades financieras, si las autoridades de hoy no hacen caso
omiso a las recomendaciones de los consejeros extranjeros?.