Cuando anunció el viernes, en el
marco de la cumbre del G-8, el paquete de ayuda para Africa, se enfrentó a las
simples y letales palabras del presidente John Kufuor de Ghana. "Espero que
llegue lo prometido ", dijo mirándola de costado desde su enorme cara negra. La
sonrisa del rostro blanquísimo de la canciller se convirtió en una expresión de
azoramiento.
Tiene razones Kufuor para desconfiar. En la anterior reunión del G-8 se había
prometido un paquete inmediato de ayuda por 50.000 millones de dólares. Nunca
llegaron. Ahora, dicen que les darán 60.000 pero en tres años. Y si bien fueron
presentados como un aporte para combatir enfermedades en Africa, en el texto
final se dice que es para todo el mundo. "Si uno lee la letra chica, verá que
este año no llegarán más de 3.000 millones que tendrán que ser repartidos por 30
países", explicó Max Lawson, presidente de la organización humanitaria Oxfam.
Los músicos Bono, de U-2, y Bob Geldof calificaron la iniciativa de los países
más industrializados como "una farsa". El presidente Kufuor está cansado de
escuchar promesas y recetas para salir de la pobreza. Ghana está atada a los
designios del Fondo Monetario Internacional. Debe casi el 40% de su PBI. La ex
colonia inglesa del Golfo de Guinea hizo las reformas pedidas y hasta mejoró
notablemente el ingreso per cápita que este año es de 2.643 dólares por cada uno
de los 22 millones de ghaneanos. Pero no es suficiente. A 50 años de su
independencia, Ghana sigue dependiendo del cacao y la minería explotada por
empresas extranjeras con sueldos viles.
Habrá que ver si Africa recibe esta vez alguna partida. Pero por ahora el que
puede mantener la sonrisa es Kufour y no la canciller Merkel.