Resultado de esta modernización han sido exitosos ensayos del misil RS-24,
desarrollado a partir de Topol, efectuados a finales mayo y
ampliamente comentados por los medios de comunicación.
A decir verdad, el desarrollo de la nueva generación de misiles no corre
mucha prisa, tanto por razones políticas como técnicomilitares.
Rusia podrá
adoptar oficialmente el nuevo MBI con ojiva contra objetivos independientes
tan sólo dentro de dos años, puesto que las limitaciones, asumidas por nuestro
país a tenor del Tratado de Limitación de Armas Estratégicas Ofensivas todavía
siguen en vigor.
Además, se ha aprobado y financiado un factible programa de prorrogar para
varios años la vida útil de venerables RS-20 y RS-18, conocidos en Occidente
como Satán y Estilete, respectivamente.
La misma historia de desarrollo de armas estratégicas ofensivas demuestra
el potencial ruso en la creación del sistema antimisil nacional, como
contrapeso a los planes estadounidenses.
En este contexto valga la pena
recordar que la primera intercepción de una ojiva de misil balístico se
efectuó en la URSS hace unos cincuenta años.