on la respuesta no hay problemas algunos. Cada una de las partes ya tiene
su propia versión. Con el consenso la cosa anda un poco peor, pues las
respuestas de las parte lo descartan lisa y llanamente.
La cúpula militar y política de Rusia cree que los elementos de la defensa
antimisiles norteamericana que se despliegan en Europa están apuntados contra
Rusia. La tesis de que su misión es proteger a EEUU contra los misiles iraníes
y norcoreanos no es más que un pretexto.
En efecto, para alcanzar EEUU, los misiles iraníes y norcoreanos (que ni
siquiera han sido desarrollados) tendrían que atravesar el Polo Norte. Por
esta razón, los 10 antimisiles norteamericanos instalados en Polonia no
servirán para nada, pues eliminan misiles interceptándolos, o sea,
interponiéndose en su trayectoria. En cambio, el radar que se instala en la
República Checa, cubrirá el territorio ruso hasta los montes Urales. De modo
que los misiles en Polonia no es sino una cobertura para el radar en la
República Checa.
Originariamente, Washington afirmaba que la DAM estaba destinada
exclusivamente para proteger a sus aliados europeos contra misiles norcoreanos
e iraníes. Al parecer, tales planteamientos tenían su lógica, pues los misiles
norcoreanos sí que podrían alcanzar Europa y los iraníes podrían hacerlo en un
futuro no tan lejano.
Pero Moscú pregunta con razón: ¿Para qué Corea del Norte necesita atacar a
Europa? La misma pregunta podría plantearse en relación con Irán cuyas
relaciones con Europa no son tan tensas como con EEUU.
De dar crédito a The Guardian (Gran Bretaña), las autoridades de
Varsovia manifestaron que no temían misiles iraníes pero sí los rusos.
Dichos argumentos no carecen de lógica. Hace 35 años, la URSS y EEUU
sacaron esta conclusión: el reforzamiento de la defensa estratégica de una
parte implícitamente merma el potencial defensivo de la otra. Como
consecuencia, el Tratado de Defensa Antimisiles suscrito por Moscú y
Washington establece rigurosas restricciones sobre el desarrollo de los
armamentos antimisiles y la geografía de su emplazamiento.
Es natural que el emplazamiento de la defensa antimisiles norteamericana en
Europa traiga como consecuencia unas contramedidas adecuadas por parte de
Rusia.
Una respuesta adecuada no supone necesariamente acciones análogas. Moscú ha
decidido que su respuesta a la DAM será asimétrica.
Como primera versión de tal respuesta, el Estado Mayor General de las FFAA
de Rusia propuso abandonar el Tratado de misiles de alcance medio y más corto
(INF). Pero tal respuesta habría sido demasiado asimétrica, pues los misiles
en cuestión no son capaces de alcanzar a la otra parte, mientras las
consecuencias de un paso tan serio como la anulación de uno de los pocos
tratados vigentes en materia de desarme nuclear serían difíciles de predecir.
Hoy por hoy, el Tratado INF realmente representa un problema para Rusia.
Habiendo eliminado, a tenor de este documento, sus misiles de alcance medio y
más corto, Rusia se ha vista rodeada de países que fabrican tales armamentos.
Me refiero a ambas Coreas, a China, India, Pakistán e Irán. Pero este problema
no debe vincularse a la DAM, de lo que en Rusia se dan perfecta cuenta, sobre
todo si recordamos que el Tratado INF Washington lo firmó en 1987 bajo fuertes
presiones de sus aliados de la OTAN.
En aquella ocasión se podía comprender la preocupación de la OTAN, o sea,
de Europa del Oeste. El Viejo Mundo estaba literalmente plagado de misiles de
alcance medio y más corto: los Pershing norteamericanos, los misiles
soviéticos de reentrada múltiple SS-20. De conformidad con el Tratado, la URSS
eliminó 1.836 misiles; EEUU, 859.
Tras unos debates cortos, expertos encontraron la respuesta. Resulta que
los misiles balísticos intercontinentales rusos Topol-M (los únicos
en el mundo que están dotados de ojiva planeadora y capaces de desarrollar la
velocidad hipersónica, realizando al propio tiempo maniobras en forma de
zigzagueos) pueden burlar hoy cualquier defensa antiaérea. Por si fuera poco,
muchos misiles balísticos intercontinentales rusos pueden batir blancos a
distancias medianas, compensando de este modo los misiles de alcance medio
destruidos.
En mayo pasado, Le Figaro insertó un artículo bajo este título:
¿Podrá París aportar la normalidad a las relaciones ruso-norteamericanas? Su
autor diserta sobre los pasos a dar para incorporar a Rusia en el desarrollo
de la DAM norteamericana. "Sólo nos queda soñar con una Francia que pueda
mediar entre Washington y Moscú", lamenta el autor.
Pero la situación no es tan dramática como pueda parecer.
Es evidente que una DAM conjunta es un tema del futuro, aunque no de la
actualidad. Pero no se debe invitar a Rusia a participar junto con EEUU en una
empresa mixta llamada DAM ni viceversa tampoco. La única variante viable sería
una DAM desarrollada conjuntamente por Rusia, EEUU y Europa.
Así las cosas, Europa, siempre que lo desee, podría soñar no con mediación
sino con participación bien concreta en un proyecto
ruso-norteamericano-europeo bien concreto.