Cerca del abismo, el primer ministro Romano Prodi evitó ayer que la crisis en
que ha caído su gobierno de centroizquierda, después de la derrota sufrida el
domingo y lunes pasados a manos de la oposición liderada por Silvio Berlusconi,
pudiera sufrir un vuelco fatal el miércoles próximo en el Parlamento, pero su
posición ha quedado debilitada.
El viceministro de Economía, Vincenzo Visco, está envuelto en un escándalo
acusado de haber trasladado a varios oficiales de la Guardia de Finanzas (la
policía fiscal), que investigaban al gigante de los seguros Unipol, desde
siempre vinculado al Partido Comunista y después a los Democráticos de
Izquierda.
El gobierno amenazaba sucumbir en el Senado (donde Prodi cuenta con una mayoría
raquítica), después que varios aliados del centroizquierda gubernamental dijeron
que votarían contra Visco. El comandante de la Guardia de Finanzas, general
Roberto Speciale, acusó hace unos días al mayor especialista económico de los ex
comunistas de estar detrás de los traslados. La Unipol navegó en aguas difíciles
a raíz del escándalo que se produjo hace unos meses por la fracasada venta de la
Banca Nazionale del Lavoro, en la que la compañía de Bolonia figuraba entre los
principales compradores.
Ayer, Visco pidió que el gobierno aceptara que devolviera sus competencias
ministeriales de supervisión de la Guardia de Finanzas y Prodi aceptó, pero el
consejo de ministros decidió también trasladar a otras funciones al general
Speciale. En práctica, lo destituyó.
El ex fiscal de "manos limpias" Antonio Di Pietro, ministro de Obras Públicas y
uno de los aliados principales del gobierno, había presentado una moción contra
Visco que, tras la decisión de Prodi, decidió retirar. Pero este nuevo escándalo
debilita aún más al premier Romano Prodi, que intenta desesperadamente de
retomar la iniciativa política.
Los líderes de la Casa de la Libertad, la alianza de centroderecha que guía el
ex primer ministro y magnate de los medios Silvio Berlusconi, consideró
"gravísima la decisión de destituir al general Speciale".
Las elecciones municipales y provinciales parciales, a las que fueron convocados
10 millones de ciudadanos, un quinto del electorado, se han convertido en una
bomba para la alianza de centroizquierda. Prácticamente todo el norte del país,
salvo Génova, Piacenza y La Spezia, ha quedado en manos de la oposición de
centroderecha, reforzada por los óptimos resultados que logró la xenófoba y casi
independentista Liga Norte de Umberto Bossi.
Según La Stampa de Turín, la centroderecha pasó del 44,24% de las anteriores
elecciones al 53,90%, con un incremento del 9,65%, mientras que la Unión
(centroizquierda) perdió 11,71% puntos, descendiendo del 52,09% al 40,38%.
Los resultados han enconado las permanentes riñas dentro de la alianza de
centroizquierda. Los partidos de la llamada "izquierda radical" reclaman a
gritos que Prodi pase a la ofensiva con medidas en favor de los jubilados y para
reducir el fenómeno de los contratos de empleos precarios, que se han difundido
en los últimos años.
Una caída de Prodi difícilmente entrará en un callejón sin salida que lleve a
las elecciones generales anticipadas. Por eso se habla de la perspectiva de un
gobierno "institucional" presidido por el ex sindicalista cristiano Franco
Marini, que es actualmente el presidente del Senado. Marini negó esta
posibilidad, pero en los pasillos su nombre ya está sobre el tapete.
Para dar una idea del clima turbio que se vive basta citar el editorial de ayer
del diario comunista Il Manifesto, firmado por uno de sus líderes históricos, el
periodista Valentino Parlato. El titular lo resume todo. Se refiere a Romano
Prodi con cuatro palabras: "Delirio de un líder".